Costa Rica fue un juguete para una Inglaterra que está lista rumbo al Mundial

Los ticos cayeron 3-0 en Orlando en un partido donde apenas tuvo la pelota y volvió a evidenciar la enorme distancia que la separa de las selecciones que aspiran a competir por una Copa del Mundo

Costa Rica pasó 90 minutos persiguiendo la pelota.

Y cuando la recuperó, casi nunca supo qué hacer con ella.

La derrota 3-0 ante Inglaterra en Orlando dejó algo más preocupante que el marcador: la sensación de que la diferencia entre ambas selecciones fue incluso mayor de lo que reflejó el resultado final.

La Tricolor de Fernando Batista fue ampliamente superada por una de las candidatas al título mundial y terminó convertida en espectadora de un partido que Inglaterra manejó a placer desde el primer minuto.

El dominio europeo fue absoluto.

De hecho, el mejor resumen del primer tiempo es que Costa Rica prácticamente no logró encadenar cuatro pases consecutivos con claridad. La posesión fue un sufrimiento constante y el equipo nacional nunca encontró la forma de conectar con Manfred Ugalde, completamente aislado en ataque.

La única acción que insinuó algo diferente llegó por intermedio de Carlos Mora. El futbolista encontró espacio para atacar, pero dudó al momento de rematar y Jordan Pickford terminó siendo un espectador más durante toda la noche.

Mientras tanto, Inglaterra jugaba a otra velocidad.

Declan Rice y Jude Bellingham manejaron los tiempos del partido con una tranquilidad insultante. John Stones prácticamente no tuvo trabajo en defensa y el gran dolor de cabeza para Costa Rica llegó por la banda izquierda con Anthony Gordon.

El extremo inglés encontró enormes facilidades para desequilibrar y precisamente de sus pies nació el primer gol.

Al minuto 9, Gordon superó la marca por el sector izquierdo, envió un servicio al área y Rice apareció para definir el 1-0.

A partir de ahí, el encuentro se convirtió en un monólogo.

Inglaterra monopolizó la pelota y obligó a Costa Rica a correr detrás de ella durante largos pasajes del partido.

El dato es demoledor.

Los ingleses terminaron con cerca del 83% de posesión.

Costa Rica apenas tocó el balón.

La diferencia también quedó reflejada en la circulación: Inglaterra superó cómodamente los 500 pases completados, mientras que la Tricolor ni siquiera alcanzó los 100.

La distancia futbolística fue enorme.

Y todavía quedaba lo peor.

Para la segunda mitad, Thomas Tuchel movió el banco y elevó todavía más la exigencia.

Ingresaron futbolistas como Bukayo Saka, Marcus Rashford y Jordan Henderson, aumentando la intensidad ofensiva de una selección que ya había dominado el encuentro desde el arranque.

Costa Rica simplemente no encontró respuestas.

La presión inglesa aumentó, los espacios desaparecieron y la sensación permanente era que el segundo gol estaba mucho más cerca que cualquier reacción costarricense.

Finalmente llegó al minuto 68.

Anthony Gordon, uno de los mejores jugadores del partido, transformó un lanzamiento de penal en el 2-0 y terminó de reflejar la superioridad que Inglaterra había mostrado durante toda la noche.

Aun así, el marcador seguía siendo amable con la Tricolor.

Porque Inglaterra generó oportunidades suficientes para convertir varios goles más.

La sentencia definitiva apareció al minuto 87.

Ollie Watkins aprovechó un error del joven guardameta Abraham Madriz, quien no logró controlar correctamente un balón dentro del área y terminó dejando servido el rebote para que el atacante inglés estableciera el 3-0 definitivo.

Fue el cierre perfecto para una noche complicada.

Una de esas derrotas que obligan a reflexionar.

Porque perder contra Inglaterra entra dentro de la lógica.

Lo preocupante fue la forma.

Costa Rica compitió muy poco con la pelota, sufrió cada vez que el rival aceleró y terminó dejando la sensación de que la reconstrucción que intenta Fernando Batista será mucho más larga y compleja de lo que muchos imaginaban.

Inglaterra se marchó rumbo al Mundial con buenas sensaciones.

Costa Rica, en cambio, regresará a casa con muchas preguntas.

Y con la certeza de que todavía existe una enorme distancia entre la Tricolor actual y las selecciones que aspiran a competir seriamente en la élite del fútbol mundial.