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Guangzhou Evergrande, peligro chino con sabor brasileño

BARCELONA -- Cuarto clasificado en su anterior, y única, participación, el Guangzhou Evergrande regresa este 2015 al Mundial de Clubs como campeón asiático con un proyecto más ambicioso si cabe que en 2013.

Hace dos años superó sin más al Al-Ahly egipcio en cuartos para ser arrollado en las semifinales por el Bayern de Guardiola que acabaría conquistando el título frente al Raja Casablanca marroquí. Ahora la lógica apunta a que el Barça de Luis Enrique debería dar buena cuenta del campeón chino… Pero Luiz Felipe Scolari ya dejó claro el domingo el ánimo de su equipo.

“Ganar al Barcelona no es imposible” advirtió el entrenador brasileño, que en enero de 2004 estuvo muy cerca del Camp Nou por obra y gracia de Sandro Rosell y suspira con mejorar la estadística de su antecesor en el club chino, Marcello Lippi.

“Queremos continuar con este gran sueño contra el Barcelona” repitió Scolari, mientras en la ciudad del sur de China los directivos de Evergrande hacen cuentas de los beneficios mediáticos que habiendo logrado ya por el triunfo sobre el América podrían conseguir en caso de derrotar al gigante español.

Porque el Guangzhou, que era un equipo sin nada que decir en su país hasta 2009 (no fue profesional hasta 1994), se catapultó a partir de la llegada de la inmobiliaria Evergrande, que se hizo con su propiedad por cerca de 20 millones de euros y al cabo de tres años, en 2012, pasó a compartir esa propiedad con el gigante del comercio electrónico Alibaba.

A partir de ahí el nuevo Guangzhou Evergrande se convirtió en referencia por sus fichajes. De manera extraña convirtió a Dario Conca en uno de los futbolistas mejor pagados del mundo con un salario superior a los 10 millones de euros que causó hilaridad en Argentina, su país, donde ni tan solo era internacional.

Con él, sin embargo, el rendimiento deportivo del equipo se multiplicó y desde 2011 ha repetido la Liga local en los cinco ejercicios disputados, sumando una Copa y una Supercopa… Y dos títulos de la Champions asiática, los de 2013 y 2015 que le convierten en el club de referencia en el continente.

A Lippi, entrenador entre 2012 y 2014, le sustituyó Fabio Cannavaro, cuyo fracaso motivó su despido en junio de este año y su sustitución por Scolari, el entrenador marcado por el fracaso del Mundial de Brasil, el aplastamiento ante Alemania pero que no evitó que le pusieran 8,5 millones de euros sobre la mesa para llevarle al banquillo.

Y con él llegaron Robinho y Paulinho para cambiar la personalidad de un equipo que el domingo demostró su crecimiento frente al desolado América mexicano. “Mi objetivo es ganar el Mundial de clubs. ¿Dificil? Sí, pero tengo un gran club y unos grandes jugadores” advirtió, firme Scolari. “Los ganadores son aquellos que no se dan por vencidos” repitió el entrenador brasileño. Y mantiene su apuesta.

Campeón del Mundo con Brasil en 2002, el veterano entrenador sabe que a la fortuna deberá acopañar un partido perfecto para dar el golpe contra el Barça. Por eso mimó a Robinho, de quien espera recupere en toda su intensidad la brillantez mediática con esta final.

El Guangzhou Evergrande acumula pérdidas superiores a los 60 millones de euros, pero la inmobiliaria que le da nombre, que controla buena parte de las grandes construcciones en China, mantiene la apuesta por un equipo que no solo le ha puesto en el mapa mundial, sino que podría catapultarle.

América en 2006, Atlante en 2009 y Al-Sadd en 2011 fueron los rivales a los que se impuso el Barça de Rijkaard primero y Guardiola después en las semifinales. Lo hizo, siempre, sin aparente dificultad. Y ahora, con Luis Enrique al frente, se sospecha que el campeón de Asia será capaz de ponerle en más complicaciones.

“Yo no hablo de ninguna final porque antes hay que jugar otro partido” se limitó a advertir el entrenador asturiano, poco amigo de adelantar acontecimientos y, probablemente, conocedor de la dificultad que tendrá este partido.

Porque el Barça, que llegó a Japón lastrado por tres empates consecutivos y alcanzado en el liderato de la Liga por el Atlético de Madrid, entiende que para llegar otra vez a la cima mundial deberá arremangarse. Y sufrir.

En Barcelona, alrededor del Camp Nou, prácticamente todo el mundo habla del River Plate y hace cábalas con la final que debería disputar el Barcelona ante el equipo argentino, con Neymar y contra Saviola.

Pero antes hay otro examen. Falta por ver si será fácil, difícil… O peor.