Perú está viviendo uno de los peores días en mucho tiempo y ningún compatriota es ajeno a lo que ocurre en la política y sociedad. Por supuesto, tampoco los futbolistas.
Este no es el sitio para esgrimir explicaciones sobre la vacancia de Martín Vizcarra, ni para describir las atrocidades que se ven día a día en las calles y en diversos medios de comunicación. Ni tampoco para comentar las verdades que me tienen durmiendo menos de cinco horas porque, simplemente, mi mente no puede dejar de pensar en cómo y cuándo parará esto. Sí, esta lectura trata de explicar qué podemos aportar algunos de nosotros que vivimos pendiente del deporte o, en la mayoría de nuestros casos, del fútbol.
Si bien el fútbol no ha parado y estamos a vísperas de uno de los partidos más importantes de la selección en el año, el Chile-Perú en Santiago, hoy es un buen momento para debatir sobre la relación política entre el fútbol y la sociedad. Porque el fútbol no es ajeno a las dificultades sociales, a la política ni a la cultura. Es más, el fútbol puede ser una herramienta muy importante para contribuir en esos marcos.
Vivo eternamente con la mentalidad de mucha gente minimizando al fútbol y quitándole la magnitud y arraigo que tiene en bastantes personas. Vivo pendiente de los comentarios que llevan a que el fútbol es violencia, pasión y que no es nada que ayude en el desarrollo del país y pienso: entonces, ¿por qué es tan importante para algunos? Llevo días sin ir al estadio, sin ver a gente abrazándose o yendo a la cancha para poder sentirse vivo. Es verdad que el fútbol no afecta en absoluto al bienestar de tu familia o tu salud, pero cuando entras a este mundo de sentir y vivir, el fútbol te despierta mucho y, cuando eso pasa, te das cuenta de que captas la atención de distintos clubes, jugadores o, incluso, a nosotros los periodistas deportivos.
Es así como no le pido a nadie que pare el fútbol, ni que se deje de analizar el partido de la Selección o el Carlos Stein-Cienciano porque el país está pasando por una crisis. Pero sí pienso que los diversos agentes del fútbol pueden servir como herramientas para contribuir con la mejora de la sociedad, la política y la cultura. Si no existiese la pandemia, el Perú-Argentina podría estar inundado de conversaciones acerca de cómo contribuir a la evolución de la sociedad, de cómo unirnos y de cómo parar con las atrocidades políticas e interpretaciones constitucionales sin carácter de justicia sino más cercanas a intereses propios.
En estos últimos días diversos jugadores han manifestado su malestar sobre la situación del país, pero unos más enfáticos que otros. Renato Tapia, fiel a su costumbre de líder, se toma algunos minutos de su día para informar sobre lo que pasa en el Congreso e, incluso, envía mensajes alentadores a la sociedad sobre la marcha y hace hincapié en que se tomen resguardos.
Jefferson Farfán y Paolo Guerrero no son tan directos en sus manifestaciones, pero muestran su intención de unir a los peruanos. Así como ellos, otros jugadores del medio local, como Marcio Valverde y Óscar Vílchez, han tomado posición día a día sobre las injusticias que vivimos actualmente. Quizás, las personas no buscamos política en jugadores de fútbol, ni quiero criticar a quienes no toman participación -porque nadie está obligado a hacerlo-, pero ver que a futbolistas les interesa el país, por más que estén desde una posición privilegiada, y que buscan concientizar a la sociedad, es algo que me genera cierta alegría.
Claro, vivo siguiendo al fútbol, trabajo relacionado a este deporte, tengo una familia que también trabaja en ello y me niego a pensar que no podemos tomar posición en estos aspectos. El fútbol llega a todos y de distintas formas. Si bien la FIFA pone limitaciones en aspectos políticos, como el branding en estadios o comunicaciones oficiales en partidos, los jugadores o los diversos agentes del deporte no están impedidos de manifestarse al respecto en una situación en la que todos los peruanos debemos aportar y contribuir a mejorar el país.
Para cerrar, les cuento que el fútbol históricamente ha influenciado en muchos aspectos de la sociedad. Un ejemplo es el de Zvonomir Boban, el 13 de mayo de 1990, cuando en un clásico de Yugoslavia entre el Dinamo (Croacia) y el Estrella Roja de Belgrado (Serbia), se vivía tensión en las tribunas por el conflicto político. Entonces, Boban decidió tomar parte de eso y hasta propinó una famosa patada a un agente policial que golpeaba a hinchas. Ese caso fue muy popular en Yugoslavia y fue antes de la guerra civil. Boban declaró en algún momento: “Es difícil prever la historia; sí sabía que algo muy importante para Croacia iba a pasar, pero no una guerra”.
Otros jugadores con posición política son George Weah, que hoy es presidente de Liberia, y el brasileño Sócrates, un ícono de la lucha social, autor de una frase que se transformó en lema: “La gente no tiene el poder de decir las cosas, entonces yo las digo por ellos”.
Gerard Piqué alguna vez fue consultado por el VAR y declaró: “Si las televisiones le dedicaran el mismo tiempo al juicio injusto que se está haciendo contra los presos políticos las cosas irían mejor”. Vidal, Aranguiz y Medel se negaron a jugar un amistoso contra Perú por la situación difícil del país vecino y, quizás, la acción más relevante fue la de Didier Drogba luego de la clasificación al Mundial Alemania 2006 cuando, en plena guerra civil en Costa de Marfil, se arrodilló en el campo junto a sus compañeros y dijo frente a cámaras: "Ciudadanos de Costa de Marfil, del norte, sur, este y oeste, les pedimos de rodillas que se perdonen los unos a los otros. Perdonen. Perdonen. Un gran país como el nuestro no puede rendirse al caos. Dejen las armas y organicen unas elecciones libres".
Repito: no critico a quienes no toman participación, porque cada uno tiene perspectivas diferentes de ver la vida. Solo quiero dejar en claro que, por trabajar en este rubro, no necesariamente tienes que dejar de contribuir con lo que sientes que es correcto en la sociedad, cultura o política: lo fundamental no debe ser ajeno a lo trivial.
