BELO HORIZONTE -- Citando incorrectamente a un tal Charles Dickens, era el peor de los tiempos... era el peor de los tiempos.
Mientras que Alemania devastaba a Brasil el martes, las escenas en el estadio Mineirão, en Belo Horizonte, deben haber sido una visión desgarradora para los neutrales: fanáticos de todas las edades, hombres y mujeres, llorando y mirando con los ojos hundidos y angustiados sin poder creer lo que estaban viendo en la cancha, donde su equipo estaba siendo destruido por un maravillosamente eficiente y creativo equipo alemán, mientras sus sueños de la Copa Mundial quedaban hechos trizas.
Sin embargo, unas horas después del partido, en el animado barrio de Savassi de Belo, donde se encuentran los bares y restaurantes, el ambiente era muy festivo. Tal vez, sin embargo, el ambiente alegre haya sido más bien el resultado de las grandes cantidades de alcohol que habían fluido a lo largo del día en lugar de alguna clase de estímulo obtenido de la lamentable actuación de Brasil.
"Todavía no puedo creer lo que ha pasado", dijo César Castro, un estudiante ahogando sus penas en el Bar da Dalva.
"Es inexplicable", coincidió su padrino, Marcio Andrade, un ingeniero agrónomo. "Tenía plena confianza en la Seleção hoy. Como brasileños, creemos que vamos a ganar todos los partidos".
"Realmente pensé que íbamos a ganar la Copa del Mundo", agregó César, quien fue bautizado el mismo día en que Brasil ganó su cuarto título en el Mundial, contra Italia en 1994.
"Vamos a seguir", dijo Marcio, aunque había un tono abatido en su voz. "Todavía queda el tercer puesto, después de todo".
"¡Si es contra Argentina será como la final!", agregó Cesar, esperanzado.
En otra mesa en el mismo bar estaban sentados Gabriel Nacour, Lucas Fantinati, Renata Duarte, Mariana García y Camila Fontes. Todos habían estado allí desde mucho antes del partido y claramente estaban un poco peor por el cansancio.
"Estaba emocionado antes del partido", dijo Lucas, un analista de sistemas. "Pensé que podíamos llegar a perder, pero que iba a estar cerca, tal vez 2-1".
"Yo estaba seguro también", dijo Gabriel, un ingeniero ambiental. "Desde luego, no creía que nos iban a dar semejante paliza".
No pasó mucho tiempo, sin embargo, antes de que una tarde de fiesta se convierta en una decepción dolorosa.
"Mucha gente dejó el estadio en el descanso", dijo Lucas.
Mariana, una amable estudiante de periodismo, perdió la esperanza mucho antes del medio tiempo. "dejé de ver la televisión cuando estaban 3-0", dijo ella. "Me di por vencida".
Las opiniones eran mezcladas en cuanto a quién fue exactamente el responsable de la derrota. Gabriel acusó al entrenador, Luiz Felipe Scolari. "Eligió el equipo equivocado", dijo. "Tendría que haber llamado a Lucas Moura y Philippe Coutinho".
Lucas, sin embargo, no estuvo de acuerdo. "Simplemente no tenemos un equipo lo suficientemente bueno", argumentó, reservando críticas en particular para Fred, Hulk y Oscar.
Con las esperanzas de la Copa Mundial de Brasil aplastadas de manera tan humillante, los pensamientos volvieron a la cuestión del hecho de organizar el torneo y el tenso clima político en el país.
"Las protestas van a volver", Lucas predijo, "aunque no estoy a favor".
"Si lo hacen, será algo bueno", dijo Gabriel.
Ambos estuvieron de acuerdo, sin embargo, en que la derrota del martes no fue otro "Maracanazo", el apodo dado a la derrota psicológicamente devastadora de Brasil ante Uruguay en el partido final de la Copa del Mundo de 1950 en el estadio Maracaná.
"Hay una gran diferencia", dijo Gabriel. "En 1950 teníamos un buen equipo. Pero este equipo apesta".
El ambiente era similar en Espanto Crise Bar en Floresta, un barrio suburbano al norte del centro de la ciudad de Belo Horizonte.
"Soy un gran nacionalista", dijo Ricardo Silveira, un abogado. "Así que cuando aposté que Alemania iba a ganar por 3-2, todos mis amigos me llamaron traidor. Pero sabía que Brasil iba a perder. Tenemos buenos jugadores, pero no tenemos un equipo. Tenemos un equipo de niños, no de hombres.
"Al mismo tiempo, no pensé que iba a ser así. ¿Cómo puede el "pais do futebol" explicar una derrota como esta? No podemos".
La Copa del Mundo no ha terminado para Ricardo, sin embargo. "Como buen brasileño, voy a seguir alentando... para que Argentina pierda".
Con la realidad post-Copa del Mundo comenzando a surtir efecto, los brasileños han vuelto a preguntarse qué es exactamente lo que están recibiendo por todo el dinero invertido en el torneo. "La persona promedio en Belo Horizonte no recibirá un solo centavo por la Copa del Mundo", dijo Ricardo, cada vez más enojado.
Un festejo relacionado con un día duro para el futbol brasileño puede haber suspendido la resaca de la Copa del Mundo para los bebedores de Dalva y Espanto Crise, pero el ambiente, como era de esperar, estuvo bastante más crítico entre los medios de comunicación del país.
Una de las portadas más creativas fue la del diario Extra de Río de Janeiro. "Felicitaciones a los subcampeones de la Copa Mundial de 1950", decía. "Siempre han sido acusados de ser responsables de la mayor humillación de la historia del fútbol brasileño. Pero ahora que sabemos lo que realmente significa ser humillados".
Globo siguió el mismo tema -- "¡Es la humillación de todas las humillaciones!". El relator del sitio web gritó, haciéndose eco de la afirmación de la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, ahora con menos sentido que nunca, que esta sería la "¡Copa del Mundo de todas las Copas del Mundo!".
El periódico de Río, Meia Hora, tomó un enfoque diferente, sin embargo. Recordando el slogan de las protestas contra el Mundial de Brasil, la cubierta del periódico fue completamente negra, a excepción de las palabras "Nao vai ter capa" ("No habrá tapa"), en remplazo de la petición de los manifestantes que decían, "Nao vai ter Copa "(" No habrá una Copa del Mundo"). Debajo estaban las siguientes palabras: "Mientras estabas leyendo esto, Alemania anotó otro gol".
El mayor periódico de fútbol de Brasil, Lance!, adoptó un tema radical similar, con una página en blanco como su tapa e invitando a los lectores a escribir sus propios sentimientos acerca de la desastrosa derrota. Debajo del espacio en blanco de la foto decía "Indignación, rebelión, dolor, frustración, irritación, vergüenza, pena, desilusión... ¡ahora escribe lo que sientes y crea tu propia portada!".
O Dia, por su parte, fue directo a la yugular del técnico de Brasil, Luiz Felipe Scolari. "Te puedes ir al infierno, Felipao" resonó con estridencia en la tapa, haciendo eco de la declaración del entrenador durante la semana que cualquier persona que no estaba de acuerdo con sus métodos podía, bueno... irse al infierno.
"Gana alrededor de 265.000 por mes... no dirige el equipo, elige a los jugadores equivocados y hace malos cambios. Él es el responsable de la mayor humillación en los 100 años de historia de la Seleçao", sostuvo el periódico.
Los principales reporteros de Brasil fueron igualmente críticos con el equipo. "Vi un partido de niños contra hombres", dijo Juca Kfouri en ESPN, antes de pedir un cambio radical en el fútbol brasileño, similar al que ha tenido lugar en Alemania estos últimos años. "La presidente [Dilma Rousseff] tiene que mantener su promesa a Bom Senso FC [Sentido Común FC, un grupo de protesta de futbolistas brasileños que exige importantes reformas en el fútbol local]".
Más tarde escribió en el Folha de Sao Paulo: "El fútbol brasileño quedó hecho polvo hoy".
Durante el partido, el comentarista más famoso de Brasil, Galvao Bueno, habló de "una vergüenza, una humillación". Su colega, el ex internacional brasileño Walter Casagrande, agregó en Globo: "Tenemos un conjunto de jugadores corriendo por la cancha. No tenemos un equipo".
Esto es un desastre futbolístico que no será olvidado por largo tiempo. Por ahora, la introspección y el autoanálisis continuarán, mientras Brasil intenta encontrarle un sentido a este final agonizante de su sueño de otra Copa.
