<
>

El tenista que se vio muriendo, renació y es Top 100: "Siento que tengo el potencial de ser el N°1 del mundo"

En diciembre de 2021, la vida de Arthur Reymond dio un giro drástico debido a un grave accidente automovilístico que ocurrió mientras regresaba de un torneo. Poco imaginaba que, año después, llegaría su mejor momento en el tenis.

El tenista francés recuerda con total claridad aquel instante en el que, tendido al borde de la carretera, sintió que su vida se escapaba definitivamente.

"Justo antes, había ganado mi primer Challenger en dobles con Pierre-Hugues Herbert en Brunswick, Alemania. Se suponía que iba a seguir con un torneo en Finlandia, pero no había forma de encontrar billete de avión, así que me fui a casa, a Toulouse. Al día siguiente, ofrecí una comida a mi mejor amigo Adrien. Voy a su casa, está a unos diez minutos en coche. Conduce, yo estoy a su lado. Tras cinco minutos, alrededor de las 12:30 p.m., un gran golpe. Los dos estábamos sobrios y mi amigo es extremadamente cuidadoso, pero le molestó un animal grande que pasó delante de sus ojos. Hizo un pequeño hueco y luego volvió a nuestro carril. Un tipo delante de nosotros chocó con nosotros y perdí el conocimiento", relató a L'Equipe, tras su desgarrador episodio.

El impacto le provocó lesiones de extrema gravedad, incluyendo fracturas en las vértebras y varias costillas rotas, lo que puso en duda no solo su futuro en el deporte profesional, sino también su movilidad. "En ese momento, al lado de la carretera, me vi muriendo. Quiero dormir. Los bomberos me dicen que me quede, pero siento que nunca he estado tan cansado en mi vida. Después vamos a urgencias en Montauban para hacernos pruebas. Mi amigo tiene el pie roto, ha seccionado el tendón, el ligamento y el músculo de una rodilla. Todavía le cuesta doblarlo hoy", explicó.

"Tengo una gran lesión en la cabeza. Estoy con un suero y tengo miedo de que si me duermo, sea la última vez. Tengo miedo de morir. Tengo miedo de quedar desfigurado, siento que he cargado mucho peso en la cara. Por suerte, recupero la vista del ojo izquierdo tras unas horas", continuó.

El proceso de recuperación fue sumamente lento y exigió una disciplina mental idéntica a la que aplicaba en las competiciones más exigentes del circuito.

Tras meses de incertidumbre y una dolorosa rehabilitación, Reymond logró lo que muchos consideraban improbable al volver a competir en el circuito. "Al principio, estoy seguro, es mi estado mental. Apoyo a mi amigo, que está en el fondo porque siente que ha arruinado mi vida. Tío, estamos vivos, ¿te das cuenta de la suerte que tuvimos? Pero después de siete meses, sigo sin poder correr. En mi cabeza, mi carrera se ha acabado. No quiero volver a los Futures, un entorno muy peligroso cuando te quedas demasiado tiempo, torneos no excelentes, malas condiciones y pelotas, nunca un campo donde entrenar".

"Solo quiero disfrutar de mi familia, de mis padres y de mi hermano que me apoyan a diario, de mis abuelos, de mi sobrina de seis meses... Pasar tiempo con mis seres queridos. Porque pasa tan rápido. Porque, de un día para otro, puede parar. Porque no le pasa solo a otros. Así que está decidido, cuelgo". Esta experiencia traumática ha transformado profundamente su manera de entender el tenis y la vida en general.

Pero en febrero de 2024, Sadio Doumbia y Fabien Reboul, sus mejores amigos del circuito, le ofrecieron acompañarlo al torneo de Montpellier. "Les paso las bolas en los entrenamientos, hago canastos, aunque no había golpeado la pelota desde el accidente. Además, llegan hasta el final del torneo y ganan el título. Esta semana con ellos me da un impulso y me dan ganas de hacerlo de nuevo. Cuando realmente me rendí".

Actualmente, afronta cada partido con una serenidad renovada, entendiendo que la presión del marcador no se compara con la verdadera lucha por la supervivencia que enfrentó aquel día en la carretera. En su retorno, llegó a estar 496° en singles. Pero, lo más importante, ahora logró meterse en el Top 100 de dobles.

En estas últimas 52 semanas, sumó tres títulos y llegó a otras cinco finales en Challengers, siendo Luca Sanchez su actual compañero. Su regreso es un testimonio de resiliencia que demuestra cómo el deporte puede ser un motor para superar las tragedias más personales. Y no se rinde: "En dobles, siento que tengo el potencial de ser el N°1 del mundo. Mi objetivo es ganar Grand Slams. Siento que he encontrado mi camino y estoy convencido de que puedo hacerlo".