La visita a Casa Blanca expone las grietas de Boston y MLB

Alex Cora y los jugadores latinos y afroamericanos de los Red Sox no irán hoy a Casa Blanca. (Photo by Christian Petersen/Getty Images)

En 1910 nació una tradición del béisbol. El 14 de abril, William Howard Taft lanzó una bola hacia el terreno desde su palco en Washington DC en un juego que los Senators se disponían a jugar contra los Philadelphia Athletics. Cuenta la historia que Walter Johnson agarró esa bola, el primerprimer lanzamiento y le pidió al Presidente que se la firmara. Desde entonces, la relación entre MLB y la Casa Blanca tiene historia.

Hay algo curioso sobre la Casa Blanca que mucha gente no se percata -es un edificio público. Lo que significa que, en cualquier momento, usted puede registrarse, recorrer la Avenida Pensilvania Noroeste y explorar el hogar del Comandante en Jefe para ver cómo son las cosas allí. ¿Es acaso una gira privada, con su nombre en letras iluminadas? Claro que no. Pero si realmente interesa experimentar lo que se siente al estar entre esas paredes, es algo que está al alcance.

Dicho eso, una invitación presidencial es algo diferente. Ser citado a la Casa Blanca ciertamente no es la misma experiencia que solicitar la entrada. Depende de quién haga la invitación, puede ser el más grande honor en la vida o el mayor insulto en su carrera profesional.

Para el campeón de la Serie Mundial de 2018, los Boston Red Sox, su manager lo tomó como la segunda. Y con razón. Alex Cora, entonces un dirigente novato, ganó el premio mayor del Béisbol de Grandes Ligas en una temporada en la cual el hombre que reside en el 1600 de la Avenida Pensilvania Noroeste repetidas veces insultó la tierra natal de Cora, y sin piedad.

"Esa es nuestra realidad. Sabes, es verdaderamente difícil", dijo Cora a NESN sobre su decisión de no acudir a la recepción al equipo en Washington DC esta semana. "Mejor no voy. Y, sabes, sencillamente ser consistente con todo".
Ese "todo" es mantener la solidaridad con la gente de Puerto Rico, donde Cora reside fuera de la temporada. Para alguien cuyo trabajo es dirigir a varias personas, y sus ejecutorias y acciones, en un ambiente de mucha presión y situaciones de alto nivel, debe ser la decisión más fácil que haya tomado en meses.

Desde el Huracán María, la isla ha experimentado alrededor de 3,000 muertes e incontables dólares en daños y pérdida colectiva de infraestructura, sin contar la parte anímica. Aun así, y mientras la gente seguía adelante sin servicio de electricidad por más tiempo de lo razonablemente esperado o incluso posible en este país, los insultos de nuestros líderes electos continuaban. Continúan hoy en día.

La alcaldesa de San Juan fue criticada. El gobierno y los políticos de la isla han sido criticados por desperdiciar recursos, al mismo tiempo que se implicó que ni siquiera merecían la ayuda. A un nivel básico de derechos humanos, es vergonzoso. Así que, para un piloto de béisbol, acudir a un acto en medio de esas dificultades en casa y abrir cajas de hamburguesas junto al POTUS está fuera de discusión.

Lo que sí amerita discutir es cómo se refleja eso en los jugadores que decidieron asistir. No muchos equipos profesionales han ido a Casa Blanca bajo la administración Trump. Yo estuve en una, la de Pittsburgh Penguins en 2017, y fue un acto primordialmente incómodo pero relativamente imponente. Nada noticioso ni de situaciones erráticas, pero fue en un momento en que la Casa Blanca no llevaba a cabo presentaciones diarias a los medios.

Para complicar más las cosas, MLB recientemente desató su propia guerra cultural al suspender al campocorto Tim Anderson, de los Chicago White Sox, por usar la palabra "n-a" en el terreno. De modo que si usted combina las reacciones a esa confusa decisión con la evidente animosidad racial demostrada por la actual administración, tiene una combinación cuando menos riesgosa.

Hay una escuela de pensamiento que indica que los Red Sox, como franquicia, nunca debieron comprometerse con esta invitación, cerrando la puerta de paso a que el equipo acudiera. Eso es, en una palabra, innecesario. De entrada, existe la posibilidad marginal de que algún jugador imprevisto realmente tenga la meta de decirle algo al presidente y que el jugador considere como que pueda ser importante.

También es un hecho concreto que, aunque posible, las circunstancias de la vida no le permitirán a muchos de estos jugadores volver a la Casa Blanca en la misma capacidad, jamás. ¿Si puedo entender al atleta que mira la Oficina Oval y se convence a si mismo de que la oficina del presidente merece ser honrada? Seguro que sí. De eso es exactamente de lo que trata el privilegio blanco. Hasta cierto punto, es lo que todos estamos haciendo en Estados Unidos. Pero no se puede ignorar el hecho de que los miembros de la raza afroamericana del equipo no planifican acudir. Eso no es coincidencia ni casualidad. También es meritorio mencionar que Cora inicialmente hizo su anuncio a través de un periódico puertorriqueño.

Pero cuando Taft exhibió por primera vez en público la capacidad de su brazo, la liga no estaba ni cerca de ser integrada.

Taft en una ocasión ostentó una posición llamada Secretario de Guerra. Sus posturas en torno a la política externa equivalen a lo que los historiadores llaman "diplomacia del dólar". Pueden preguntar a los eruditos latinoamericanos qué tal le fue a esa postura. Mientras tanto, en nuestra propia Casa Blanca, probablemente no podamos definir tan limpiamente tales políticas administrativas. Pero si podemos ver a los campeones deseosos de mostrar públicamente su apoyo a los incumbentes, y el resultado en la liga es el mismo: segregada.