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Ferrari fue robado

Vettel se lleva el cartel de número 1 al lugar que debería ocupar su auto, que tuvo que abandonar por falta da combustible. Getty

Ferrari fue robado. Así simple y llanamente. El Gran Premio de Canadá fue ganado legítimamente, casi de punta a punta por Sebastian Vettel, pero la errónea interpretación de una regla despojó al alemán y puso a Lewis Hamilton en un inmerecido primer lugar.

Vettel lideraba en el circuito Gilles Villeneuve, con su total holgura pero sí con autoridad sobre Hamilton, cuando, producto de un error, casi perdió el auto. Al recuperar el Ferrari que perdió agarre en la parte trasera al pasar entre el pasto y los lavaderos, regresó a la pista con dificultad y ahí casi se topa con el Mercedes de Hamilton que intentaba sacar provecho de la circunstancia.

Unos segundos después los comisarios de carrera Gerd Ennser, Mathieu Remerie y Emanuele Pirro alertaron que revisarían el incidente.

Nadie pensaba que pasaría de la revisión de oficio del asunto. No hubo contacto, Vettel tuvo ese despiste involuntariamente y no hizo una maniobra peligrosa en contra de otro competidor en forma deliberada, pero no lo vieron así “árbitros” de la carrera.

Cinco segundos de penalización sonaron a un par de hábiles dedos extrayendo la cartera roja del bolsillo de Maranello.

Sería demasiado suspicaz e irresponsable hablar de un torcido favoritismo de la FIA para los Mercedes, prefiero pensar que fueron ineptos, un adjetivo que puede sonar abusivo, pero en este caso es puramente descriptivo y exacto.

No soy quién para poner en duda los conocimientos de Ennser (un abogado, que ha sido juez en cortes regulares, con experiencia como comisario en DTM desde 2006), pero tal vez, como sucede a los magistrados hay veces que sólo ven la letra de la ley y dejan de ver el aspecto humano y deportivo.

Tampoco creo que Pirro, cinco veces ganador de Le Mans, carezca de horas en pista como para no darse cuenta que un error no puede ser considerado un movimiento punible.

Lo cierto es que los tres habrán tenido que salir disfrazados de Groucho Marx de la Isla de Notre Dame, porque su medida fue tan popular como decretar un impuesto por respirar.

El propio Hamilton sabía que no era lo correcto, lo dijo, no le supo bien ganar de esa manera. Pero 25 puntos son muy buenos para su cuenta y aunque jaló a Vettel al puesto 1 del podio, festejó, claro.

En Twitter sigo, como otros 153 mil feligreses del deporte motor, al don Mario Andretti, quien reprobó totalmente la medida.

“Creo que la función de los comisarios es penalizar flagrantes movimientos peligroso no errores honestos que son resultados de competir con fuerza. Lo que pasó en el GP de Canadá no es aceptable en este mivel de nuestro gran deporte: F1”.

Lapidario el campeón de la Fórmula 1 en 1978. Esto no es un desfile de niños de kinder en el día de inicio de la Primavera, son carreras al nivel más alto, en la categoría máxima, los autos no van en rieles.

Por todo esto, lo que pasó en Canadá sólo puede ser considerado un robo, un asalto al sentido común, un atraco a la competitividad y sobre todo, un fraude a las esperanzas de ver que la temporada puede tener un ganador que no sea un auto plateado.

La F1 está tan acostumbrada a ver una procesión inocua de autos en cada Gran Premio que el hecho de que dos autos estén a punto de tocarse, les pareció casi satánico.

Lo rescatable fue que, aún con las mejoras al motor Mercedes, el Ferrari comienza a lucir como contendiente, no como en cinco de las seis primeras carreras del año, sólo esperemos que Alibabá y sus 40 comisarios no vuelvan a atacar en las 14 fecha que nos faltan.