Independiente empató ante Racing Club en el clásico de Avellaneda por el Torneo Clausura 2025 en un partido que salió mejor de lo esperado: Gustavo Quinteros debutó dejando buenas sensaciones y hasta teniendo las mejores situaciones para dar el golpe en el Cilindro.
El Rojo llegó de punto al clásico. Como una contraposición total, mientras Racing se ganó el boleto a semifinales de CONMEBOL Libertadores entre semana y su presente es 'paradisíaco', Independiente atravesó días turbulentos entre lo ocurrido contra Universidad de Chile en Sudamericana, la posterior eliminación, salida de Vaccari y una actualidad en el Clausura que ya era preocupante.
El conjunto rojo de Avellaneda no había conseguido triunfos en 8 fechas del torneo local (tiene una pendiente), un fiel reflejo del desgastado ciclo Vaccari que finalizó ante la falta de resultados y que dejó el puesto de DT vacante que era un fierro caliente.
Aún así, Gustavo Quinteros aceptó el desafío de replicar lo hecho en Vélez, cuando levantó a un equipo caído y lo llevó al campeonato.
Con este panorama, el debut del entrenador tuvo que ser, nada más y nada menos, que contra Racing en el clásico. Un partido aparte, donde hay una premisa que suele repetirse en la previa: las realidades poco pesan en el desarrollo del compromiso. Y esta nueva edición en Avellaneda corroboró este viejo lema.
Como si fuese un equipo nuevo, Independiente propuso un interesante juego en el que complicó a Racing, que usó a sus titulares pese a tener duelo de Copa Argentina entre semana, acariciando la victoria en varias oportunidades.
Primero tuvo que sufrir: al minuto de juego, la Academia de Costas tuvo una triple situación de gol que no terminó adentro del arco por cuestiones del destino.
Pasado el huracán, y amoldándose a la intensidad del local, el Rojo pisó fuerte en el Cilindro y encontró los espacios para herir con un cuarteto ofensivo que lo hizo bien: Abaldo, Cabral, Montiel y Pussetto.
El trabajo de la primera mitad fue convalidado por Quinteros, que desde el banco aprobó los movimientos pero sin estar muy a gusto con la labor defensiva, sin pelota. Quería el equipo más arriba, presionando, sin meterse atrás para ofrecer facilidades a Racing.
El primer tiempo casi termina de la mejor manera para el Rojo. Pussetto había convertido el 1-0 con un potente disparo al primer poste de Cambeses, pero una posición adelantada previa, ratificada por VAR, anuló la conquista.
Independiente sostuvo la misma cara en el complemento. Un equipo aguerrido, que controló bien a Maravilla Martínez y que pegó bajo un elaborado plan de Quinteros que se apegó a las contras letales, con Montiel desordenando a la Academia por derecha.
En los primeros 20' de la segunda mitad, el Rojo volvió a marcar otro gol (anulado nuevamente por offside) y tuvo una situación clave que derivó del remate de Cabral, tapado por el arquero rival, y posterior disparo de Loyola que Martirena despejó sobre la línea con la cabeza.
Racing, sumido en el caos y la desesperación de su público, que no observaba reacción, nunca encontró la vuelta para anular los circuitos de Independiente, que también fue aplacándose con el correr de los minutos.
Ante cada situación desperdiciada, Quinteros se tomaba la cabeza, lamentaba la secuencia pero siempre volvía a lo mismo: aplausos, aliento y pedido de seguir por el mismo camino.
Ya en el tramo final, cuando parecía que Racing se venía encima de Independiente para el 1-0 a puro centro, la visita se encontró con una última bala para ganar el clásico en una jugada que salió del libreto.
Desde un tiro libre de Racing, el despeje derivó en la contra, con una Academia muy mal parada que corrió desde atrás con la sensación de que el 1-0 era inevitable.
El chileno Galdames, uno de los cambios en el complemento, encaró con pelota dominada y sin marca hacia el arco de Cambeses con una única misión: marcar el gol del triunfo, el primero de Quinteros, justo en su debut.
Pasó todo lo contrario. Galdames disparó pero falló, ni siquiera apuntando al arco y enviándola directo afuera. Quinteros, tal como se relató líneas arriba, repitió secuencia: manos a la cabeza, durante varios segundos, pensando en lo que podría haber sido.
Independiente lamentó las chances perdidas, sí, pero también se fue del Cilindro con la sensación de que es posible construir sobre las cenizas, de volver a ser un equipo competitivo y que puede soñar con estar peleando otra vez en el ámbito local.
Gustavo Quinteros debutó con el pie derecho, levantó a un equipo que parecía que iba a ser partener de la fiesta académica y amagó con dar el golpe sobre la hora, quizás lo único en lo que se quedará pensando el entrenador hasta altas horas luego del empate.
Independiente sigue último, sin triunfos y con muchos dolores de cabeza por solucionar. Y Gustavo Quinteros podría ser la solución a todos ellos.
