Las razones del mal momento de River: ¿cuál es la responsabilidad de Gallardo?

El ciclo de Marcelo Gallardo en River vive uno de sus momentos más delicados. La eliminación ante Palmeiras por la CONMEBOL Libertadores no solo fue un golpe deportivo, también expuso grietas tácticas, errores reiterados y una merma anímica que se profundizó con la reciente derrota ante Deportivo Riestra, uno de los equipos más humildes del Torneo Clausura 2025.

En ese contexto, el duelo del jueves ante Racing por los cuartos de final de la Copa Argentina asoma como un examen decisivo. La pregunta ya no es solo qué le pasa a River, sino cuánto tiene que ver su entrenador en este presente inesperadamente oscuro donde lleva cuatro derrota al hilo.

El River de Gallardo, entre errores propios, desconcentraciones y un nivel en caída

La serie ante Palmeiras dejó sensaciones encontradas. River mostró momentos de buen juego y personalidad, pero fue castigado por errores puntuales, sobre todo en los minutos finales, donde se desdibujó por completo. Gallardo lo reconoció sin eufemismos: “No me gustó lo que pasó los últimos cinco minutos… tuvimos desconcentraciones que se pagan caro”. La autocrítica existe, pero también refleja que hay fallas de base: el equipo no logra sostener la intensidad ni mantener el control en tramos clave de los partidos.

Esa fragilidad también se vio ante Riestra, donde River terminó perdiendo contra un equipo humilde pero de buen presente en el Clausura. El dato es alarmante: lleva 4 partidos consecutivos sin ganar después de 15 años y le cuesta capitalizar en el arco rival. Se trata de un síntoma claro de un equipo que entra a la cancha sin ritmo, sin agresividad y sin eficacia, algo que contrasta de forma violenta con lo que supo ser el sello gallardista.

Gallardo y sus decisiones: entre la autocrítica y la insistencia

El DT no evade su responsabilidad. Incluso reconoció: “Lo primero que voy a expresar es pedirle disculpas a nuestros hinchas porque no estamos pasando un buen momento”. Sin embargo, en los hechos, ha mantenido ciertas decisiones que hoy están en el centro del debate. La insistencia con la línea de 3 defensores, incluso frente a equipos veloces en transición, ha dejado expuestos los costados. También se lo cuestiona por demorar cambios cuando el equipo se cae anímicamente o no encuentra caminos al gol.

Además, la gestión del recambio no ha sido la mejor: varios jóvenes no logran asentarse, y los referentes parecen sentir el desgaste de un ciclo, entre idas y vueltas, que ya lleva más de una década. Gallardo se ha ganado el derecho a decidir, pero también la obligación de responder. Hoy más que nunca, cada movimiento táctico y cada elección de nombres tiene peso de sentencia y como declaró después de la caída ante el Malevo: “Soy el responsable”.

River, un plantel confundido y señales de desgaste emocional

Más allá de lo táctico, hay algo que preocupa incluso más: la expresión corporal del equipo. River ya no impone respeto como antes. Se lo ve desordenado, a veces apurado, otras veces inexplicablemente pasivo. Los líderes dentro de la cancha, como Franco Armani o Enzo Pérez, ya no irradian la misma autoridad. Y en los partidos importantes, la reacción no aparece con claridad.

El propio Gallardo apuntó contra el árbitro tras el choque con Palmeiras, pero entre líneas también dejó entrever que el equipo “le dio ventaja al rival en la confusión”. Es decir, perdió el control mental del partido. Ese tipo de frases muestran que la desconexión no es solo técnica: hay una dimensión emocional que empieza a jugar en contra.

River y el partido con Racing: punto de quiebre o inicio de redención

La Copa Argentina aparece ahora como una especie de salvavidas. El duelo ante Racing por los cuartos de final será una prueba de carácter, de reacción, de identidad. Una derrota, en este contexto, podría desatar una crisis interna de proporciones mayores. Una victoria, al menos, oxigenaría el vestuario y le daría a Gallardo algo que hoy le falta: tiempo.

Será clave ver si decide modificar el esquema, si apuesta por nombres con mayor frescura, o si se mantiene en su lógica habitual. Cualquiera sea la elección, lo que está en juego es mucho más que el pase a semifinales. Es una señal de si el ciclo aún tiene fuerza, o si empieza a mostrar los síntomas del desgaste definitivo.