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El día que Agüero amargó a Simeone: doblete del Kun en el debut del Cholo como DT

El 25 de febrero de 2006 no fue un sábado más en Avellaneda. Fue el día en que Diego Simeone dejó definitivamente de ser futbolista para convertirse en entrenador, y lo hizo nada menos que en el banco de Racing Club, el club del que es hincha.

El destino, caprichoso, le puso enfrente a Independiente en el Cilindro. Y el clásico no tuvo concesiones: derrota 2-0 y un joven Sergio Agüero como verdugo.

La escena fue simbólica. Simeone había dirigido apenas unos entrenamientos tras colgar los botines y asumía en un contexto adverso, con un equipo golpeado y la presión de un clásico que en Avellaneda no admite procesos. Aquella tarde, los goles del Kun en el segundo tiempo apagaron la ilusión inmediata, pero encendieron algo más profundo: el nacimiento del entrenador que años después sería referencia mundial.

Un debut atravesado por el riesgo y la convicción

Días antes del clásico, Simeone había explicado por qué aceptaba el desafío en ese momento. Habló de responsabilidad, de compromiso con el club y de su gusto por los retos difíciles. No era una decisión cómoda: pasaba del vestuario al banco en cuestión de días, sin transición, y en medio de un torneo ya iniciado.

Su mensaje previo fue claro: el campeonato era largo y había margen para crecer. Pero el fútbol argentino rara vez concede paciencia cuando el rival es el eterno adversario. El contexto convirtió su estreno en una prueba de carácter antes incluso de que pudiera moldear al equipo a su imagen.

Simeone, Racing, el impacto de Agüero y la crudeza del clásico ante Independiente

El partido fue tenso y equilibrado hasta que, en el segundo tiempo, Agüero rompió la tarde en apenas tres minutos. Dos definiciones certeras, velocidad y atrevimiento juvenil sellaron el 2-0 que silenció al Cilindro y dejó a Racing sin reacción.

Para Simeone fue una lección temprana sobre la exigencia del banco. Como futbolista había vivido cientos de clásicos; como entrenador descubría otra dimensión: decisiones, cambios, lectura del juego y la sensación de que todo pasa por sus manos.

El aprendizaje que forjó al técnico

Con el paso del tiempo, el propio Simeone reconocería que aquellos primeros meses fueron parte esencial de su formación. La derrota no definió su camino, pero sí lo curtió. Entendió que dirigir implicaba gestionar emociones, sostener convicciones y convivir con la crítica.

Ese Racing no fue campeón ni resolvió de inmediato sus problemas, pero fue el laboratorio donde el “Cholo” empezó a construir su identidad: intensidad, disciplina y mentalidad competitiva. Rasgos que luego trasladaría a otros clubes y escenarios mucho más grandes.

De Avellaneda al mundo

Aquel 2-0 en contra no anticipaba la dimensión de lo que vendría después. Pero en retrospectiva, ese clásico fue el primer capítulo de una carrera que lo llevaría a conquistar títulos y a consolidarse como uno de los entrenadores más influyentes de su generación.

Simeone tuvo dos ciclos como director técnico de Racing Club (2006 y 2011), acumulando un total de 34 partidos dirigidos con un rendimiento irregular. Sumó 13 victorias, 13 empates y 8 derrotas.

El 25 de febrero de 2006 quedó marcado como una derrota en el archivo. Sin embargo, para Simeone y Racing, fue también el punto de partida de una historia que trascendería el resultado de una tarde caliente en Avellaneda.