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Por qué la Copa América se pasó a Brasil: Todo lo que hay que saber

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¿Mejor cancelar la Copa América que mudarla a Brasil? (1:58)

Faitelson y Joserra comentan la decisión de Conmebol de designar una nueva sede para el torneo, pese a que Brasil no tiene control del virus Covid-19. (1:58)

La Copa América 2021 originalmente iba a llevarse a cabo en Colombia y Argentina, pero ahora se pasó a Brasil. Hace dos semanas, Colombia se vio obligada a retirarse a raíz de una ola de disturbios sociales. El domingo pasado Argentina también tuvo que bajarse, ya que atraviesa el peor momento de la pandemia de coronavirus. De modo que Brasil, que también está sufriendo complicaciones por el COVID, surgió como reemplazante de emergencia, lo cual plantea una serie de interrogantes.

¿Por qué inicialmente había dos anfitriones?

No hay antecedentes de esto en la Copa, y suena extraño que el torneo fuera a llevarse a cabo en dos países ubicados en extremos opuestos de un enorme continente -- el vuelo entre las respectivas capitales, Buenos Aires y Bogotá, es de seis horas.

Fue una cuestión política. Cabe recordar que ésta es una Copa extra, por lo que no estaba obligada a seguir la secuencia normal de países anfitriones. Ésta podía ser para cualquiera.

Argentina la quería como parte de su campaña para presentarse como coanfitrión de la Copa Mundial 2030, supuestamente con Uruguay, Paraguay y Chile. El plan es celebrar el centenario del torneo más importante del fútbol, que se jugó por primera vez en Uruguay en 1930. Uruguay no tiene las ciudades necesarias para organizar un Mundial moderno por su cuenta, de modo que Argentina entró como socio senior. La violencia de los hinchas que impidió que Argentina fuera la sede del partido de vuelta de la final de la Copa Libertadores 2018 entre River Plate y Boca Juniors --partido que se terminó jugando en Madrid-- dejó a Argentina en busca de una oportunidad para hacer borrón y cuenta nueva y elevar su candidatura al Mundial 2030, y esa oportunidad llegó con esta Copa América.

Esto dejó a Colombia profundamente disgustado. Ya se había mantenido al margen como candidato a anfitrión del Mundial. Teóricamente, es el siguiente país sudamericano en la fila, pero renunció a este derecho para apoyar la candidatura conjunta en 2030. Quedar marginado en esta Copa habría sido demasiado. Fue sede de la Copa América una sola vez, en 2001, mientras que Argentina fue anfitrión en 2011.

CONMEBOL encontró la solución diplomática de dividir el torneo entre los dos -- una decisión con graves consecuencias. En los últimos años, la Copa ha tenido 12 participantes (10 países sudamericanos, más dos invitados) en tres grupos de cuatro. La pandemia impulsó a los organizadores a cambiar a dos grupos de seis -- uno en Argentina y uno en Colombia-- de los cuales los cuatro primeros clasificarían a cuartos de final. La situación se volvió aún más absurda cuando los invitados --Australia y Qatar-- se vieron obligados a retirarse por tener partidos de eliminatorias del Mundial programados para junio. Así que ahora hay dos grupos de cinco, de los que sólo el último de cada grupo quedará eliminado.

¿Por qué se juega el torneo?

Como resultado de la pandemia, América del Sur está muy atrasada en su maratoniana campaña de clasificación mundialista. Aprovechar este tiempo para ponerse al día con las eliminatorias pareciera ser lo más sensato, hasta que miras las finanzas de la CONMEBOL.

La Copa es un gran evento para la confederación, usualmente generando alrededor de $120 millones. Esta, sin los equipos invitados y sin los fanáticos en los estadios, sufrirá pérdidas. Pero las pérdidas serán aún más dolorosas si la competencia no se lleva a cabo. Se han firmado contratos, y – tal como lo ve la CONMEBOL – hay que hacer todo lo posible para asegurar que el contenido se entregue tal como se ha pactado.

¿Y por qué Brasil?

Brasil era la siguiente mejor opción por dos simples razones. En primer lugar, porque no había otras alternativas realistas. Los Estados Unidos no eran una opción de emergencia genuina, y no sólo porque las relaciones entre la CONMEBOL y la CONCACAF han estado tensas desde la Copa de 2016. En cuanto a la práctica, había dudas con respecto a la logística. No había tiempo suficiente, por ejemplo, para conseguir las visas a fin de hacer un torneo fuera de Sudamérica.

Otros países, como Chile, podrían haber llevado a cabo la mitad del torneo correspondiente a Colombia. Pero con tan poco tiempo de preparación, los 28 partidos hubiesen sido demasiados. Con su tamaño y sus estadios, Brasil era quizá la única opción para hacerse cargo del torneo completo en las zonas horarias establecidas.

Brasil también estaba disponible por otras razones. La CONMEBOL enfatizó su agradecimiento al presidente, Jair Bolsonaro, por permitir que el torneo se lleve a cabo, con el líder brasileño afirmando que su país estaba dispuesto a ser el anfitrión, aunque la Corte Suprema le solicitó explicaciones por su sorpresiva decisión.

Si Brasil es de hecho el país anfitrión, Bolsonaro dijo que las ciudades en donde se jugará serán Río de Janeiro, Brasilia, Goiânia y Cuiabá.

¿Cuál ha sido la reacción en Brasil?

Sobre todo, negativa. Puede que se recurra a la Corte Suprema para evitar que se lleve a cabo la competencia, mientras que el gobernador de Pernambuco, Paulo Camara, ha dicho que los partidos no se disputarán en su estado.

El fútbol doméstico de Brasil se está jugando. Pero la Copa, con su simbolismo internacional, parece ser más controvertida. Con un total de víctimas por COVID de alrededor de 460,000 y ascendiendo a una cantidad diaria de 2,000, algunos en Brasil ven esta Copa como un insulto.

Con alrededor del 20% de la población con la primera dosis de la vacuna aplicada, los que se oponen a Bolsonaro se sienten más confiados para tomar las calles en señal de protesta. El fin de semana, por primera vez, hubo demostraciones masivas en su contra en todas las ciudades importantes. Hay un descontento generalizado por la manera en la que el gobierno ha manejado la pandemia, algo que probablemente se acrecentará por la definición de Bolsonaro de llevar a cabo este torneo.

La Copa 2021 podría resultar un motivo unificador de protesta – como ha sido el caso de la Copa Confederaciones hace ocho años antes de que Brasil fuese la sede de la Copa del Mundo en 2014.

¿Será este el final del problema?

No necesariamente. Lo interesante ahora es la reacción de los jugadores. ¿Estarán dispuestos a seguir adelante con la competencia? Los jugadores de Argentina han declarado que no están conformes con el cambio y surgió la amenaza de un boicot, según fuentes de ESPN, aunque Sergio Agüero afirmó que iban a jugar a pesar de no estar contentos con el cambio.

Los jugadores de Uruguay, Luis Suárez y Edinson Cavani, también pusieron en duda la sensatez de que la competencia se lleve a cabo. Es más, FIFPro, la unión de jugadores mundial, ha expresado su preocupación y ha dicho que apoyará a cualquier jugador que decida no participar de la Copa.