Boca le ganó 3-0 a Barcelona de Guayaquil en la segunda fecha de la CONMEBOL Libertadores 2026, justo antes del Superclásico. El Xeneize dio buenas señales futbolísticas y recibió un envión anímico importante, pero la noche de Copa también dejó algunas sombras.
La lesión de Marchesín: golpe al grupo y dudas bajo los tres palos
A tan solo 8 minutos del inicio del encuentro, Agustín Marchesín hizo un mal movimiento con la rodilla derecha y se lesionó. Protagonista de esas escenas horribles de ver, se fue de la cancha asistido y dejó a sus compañeros afectados.
El arquero rompió en llanto y le confesó a Leandro Paredes que su lesión era de las serias. El capitán lo abrazó, pero no pudo consolarlo. Marchesín se fue en el carrito médico, vencido, a cruzar la puerta de vidrio de la platea baja. Los que conocen La Bombonera saben que esa es la ruta rápida para “los que se rompen”, como el propio 1 intuyó y luego se confirmó.
La salida de Marchesín enrareció el ambiente y cortó el clima festivo, en un partido recién comenzado. Y el equipo sintió el cimbronazo.
A Boca le costó recuperarse del mal sabor y aquellos fueron los breves minutos de protagonismo que tuvo Barcelona.
Bajo los tres palos quedó Leandro Brey, a quien La Bombonera quiere y respeta, pero que aún no termina de convencer.
El hincha interpretó a la perfección el momento y, sin demorarse, cortó los aplausos empáticos destinados a Marchesín y los cambió por una ovación para el joven que tenía que jugar casi 90 minutos de Copa y el domingo usará los guantes ante River.
Por jerarquía y experiencia, Ubeda apuró a Marchesín, que tenía una lesión muscular y se recuperó en tiempo récord. El DT apostó por él por sobre Brey, pero ahora no le quedará más que confiar por obligación en su arquero suplente para el duelo en el Monumental.
El 3-0 y un resultado que confunde: Boca goleó, pero ¿fue realmente efectivo?
Después de que Marchesín salió, Boca quedó golpeado. Pero minutos más tarde recuperó el dominio y, a partir de entonces, borró de la cancha a Barcelona.
A pesar de que todo el peso ofensivo fue del Xeneize, ninguno de los delanteros logró convertir. Es más, el gol que abrió el partido fue una combinación entre dos defensores. El centro de Lautaro Blanco encontró el cabezazo perfecto de Lautaro Di Lollo en el primer tiempo. En el complemento, fue Santiago Ascacibar el que conectó el pase del lateral.
Y el segundo gol se demoró demasiado. Antes del 2-0, Boca ya había lamentado la mezcla de su falta de efectividad con la noche estelar del arquero José Contreras.
Miguel Merentiel no estuvo fino. Adam Bareiro no pudo festejar. Se acumularon los gritos de gol contenidos en La Boca.
Al Xeneize le costó más de lo necesario poder cerrar el partido, aunque terminó logrando un resultado abultado gracias a que Barcelona se dio por vencido y Ander Herrera acertó un zapatazo en el minuto 94.
Boca ganó bien y se quedó con un triunfo merecido. Pero ante un espectador atento, llega al Monumental con la pólvora más mojada de lo que el resultado refleja.
Carácter, alternativas y respuestas: las buenas noticias para Boca
Boca jugó con jerarquía y no dejó participar al rival. Un Barcelona que llegaba agrandado, hablando en la previa y sacando chapa de visitante temible, en La Bombonera no existió.
El equipo de Ubeda fue totalmente superior y, en gran parte, lo logró porque hubo nombres que se animaron a ser protagonistas.
Leandro Paredes, el líder indiscutido, pudo descansar en la ambición de Milton Delgado y en la desfachatez de Tomás Aranda, que pidieron la pelota, combinaron y fueron de gran ayuda para un Boca que a veces depende de los destellos mágicos de su capitán.
Con el aporte goleador de Ascacibar y la aparición oportuna de Di Lollo, Boca encontró respuestas cuando sus delanteros no concretaban. El Xeneize se agarró de la fórmula que le funciona, la de los centros de Blanco, y sacó adelante un partido que no podía destrabar.
Una vez roto el cero, fluyó. Goleó sin brillar ni deslumbrar.
Cada día más cerca del equipo ideal: tranquilidad para el hincha y aire para Ubeda
Al margen de la triste e impredecible lesión de Marchesín, Boca cada vez está más cerca de su mejor versión. O al menos de la mejor versión posible, hoy. Con Ezequiel Zeballos terminando su recuperación y volviendo al ruedo, Ubeda visualiza su once ideal.
Por sus buenas actuaciones, hay nombres que ya salen de memoria y eso es una tranquilidad para un Xeneize que demoró en dar certezas.
La función asistidora de Lautaro Blanco es una fórmula efectiva que se ratificó. Los centros del lateral son casi tan importantes como los que el campeón del mundo ofrece con su sensibilidad y precisión. Y el maridaje de la pelota parada con la altura de Di Lollo puede ser una trampa mortal para River en el Monumental.
El mediocampo encontró sintonía y Paredes tiene posibilidades para triangular. Delgado se comenzó a soltar y Ascacibar es la opción de pase hacia adelante que el pivot necesita.
Para conectar en ataque, Aranda aporta frescura y calidad, junto a un Bareiro que no pudo ante Barcelona, pero que tiene gol.
A Merentiel le hubiera servido marcar para recuperar fiereza antes de River, pero la Bestia tiene saldo a favor con el hincha de Boca. Todavía La Bombonera confía en él y se lo demuestra.
Este domingo, se juega el Superclásico y para Ubeda hay cada vez menos dudas. A la espera de la puesta a punto del Changuito, Boca tiene equipo animarse a soñar en la Libertadores y para ir por todo ante el Millonario.
