El presidente de la FCRF, Osael Maroto, afirma que el país está listo para acoger el mayor evento del fútbol femenino: ambición, infraestructura y un legado que trascenderá
Costa Rica elevó sus expectativas al anunciar su candidatura conjunta con Estados Unidos, México y Jamaica para ser sede de la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2031.
Un paso histórico que marca no sólo una oportunidad deportiva, sino también un momento decisivo en el desarrollo social del país.
Osael Maroto, titular de la federación costarricense, definió el hecho como “una gran noticia para el país, no solo para el fútbol, sino para todo un ecosistema” al destacar el impacto en empleo, turismo y crecimiento.
“Estoy seguro de que vamos a estar a la altura para poder hacerlo de la mejor manera”, añadió, reafirmando la convicción nacional de alcanzar estándares globales.
El camino es claro: Costa Rica ya albergó mundiales Sub-17 y Sub-20, y ahora aspira a dar el salto al torneo mayor. Maroto lo resume así:
“Palabras mayores, y con toda la responsabilidad que implica”.
El nuevo formato de 48 selecciones, aprobado por la FIFA para 2031, convierte esta candidatura en algo más que un evento, en una plataforma para la igualdad de género, la visibilidad del deporte femenino y la consolidación de un legado deportivo regional.
Costa Rica no sólo ofrece escenarios: presenta experiencia, compromiso y una visión de futuro.
Maroto fue enfático: “Tenemos que acercarnos, estar más juntos que nunca … y realmente darle ese impulso al fútbol femenino, que tanto lo han luchado”.
A partir de ahora comienza la fase técnica: elaboración del expediente oficial en noviembre de 2025 y espera de la decisión final en el Congreso de la FIFA en Vancouver, el 30 de abril de 2026.
