BARCELONA -- Johan Cruyff jugando en la Segunda División de España. En el Levante. Ocurrió por difícil que sea de imaginar en 1981, en una aventura tan efímera como ruinosa para el club granota que el domingo, desesperado por escapar del descenso, recibirá al Barcelona con el recuerdo entre los aficionados más veteranos de Orriols de aquel fichaje estrambótico.
El genio holandés, tras abandonar el Barça en el verano de 1978, acabó contrato con la desaparecida NASL habiendo jugado dos años repartidos entre Los Angeles Aztecas y el Washington Diplomats y en diciembre de 1980 reapareció en Barcelona, tomando parte de un amistoso a beneficio de UNICEF entre el Barça al que acababa de llegar Bernd Schuster y un combinado de estrellas mundiales bajo el nombre de Humane Stars en el que compartió camiseta con estrellas consagradas como Platini, Blokhin, Bonhoff o Rummenigge.
El Camp Nou se llenó y el partido pasó a la historia por el escándalo que provocó la expulsión de Cruyff, por protestar ("tú estás loco" afirmó el árbitro Miguel Pérez que le gritó). Tenía 33 años no era ya el holandés volador... Pero mantenía una calidad sobresaliente y solventó volver a Europa.
Lo proclamó, a su manera, durante aquella Navidad de 1980 y en las semanas siguientes comenzaron a acumularse propuestas, rumores y ofertas reales. Fue ofrecido al Arsenal, se aseguró que firmó un precontrato con el Leicester, le llamaron en nombre del Betis, negoció con el Espanyol... Y acabó en el Levante, lo más inverosímil.
IMPOSIBLE
El 15 de enero de 1981 saltó la noticia: Cruyff negociaba su fichaje por el Espanyol. Y Barcelona entera, claro, se revolucionó. "A nadie le amarga un dulce y menos si se llama Johan Cruyff" reconoció José Maria Maguregui, entrenador en aquel momento del equipo periquito y que explicó que la noticia no era ningún bulo "porque me lo han dicho en el club".
Se negoció, se habló de un sueldo de 30 millones de las antiguas pesetas y una prima extra si el Espanyol (entonces noveno y a tres puntos de meterse en puestos europeos) conseguía entrar en la Copa de la UEFA. Y cuando más cerca parecía estar de concretarse la operación... Se rompió. Nunca se supo si fue Cruyff o el Espanyol el que cortó la negociación pero sí se especuló, y mucho, con la mano del presidente del Barça, Josep Lluís Núñez en echar por tierra aquel fichaje, temeroso de la reacción de los hinchas azulgranas.
Y entonces, de la nada, apareció el Levante. Líder en la Segunda División, el club valenciano soñaba con regresar a la máxima categoría, que solo había disputado entre 1963 y 1965, y su presidente Paco Aznar decidió viajar a Amsterdam para negociar personalmente con Cor Coster, suegro y representante de Johan, y con el propio crack.
Coster le dijo que estaba en tratos con el Leicester inglés, que le ofrecía 5 mil dólares semanales de sueldo, y que en breve iba a viajar a Inglaterra para cerrar el fichaje. Pero Aznar no se dio por vencido, hizo sus cálculos y acabó por convencer a Cruyff, más dispuesto a vivir junto al Mediterraneo que en la fría Inglaterra.
Johan firmó por el Levante hasta final de temporada por 200 mil dólares netos (un salario impensable en la época y más en un club de Segunda División), una vivienda familiar con todos los gastos pagados en una zona residencial próxima a la playa y el cobro de la mitad de los ingresos por taquilla de los partidos jugados como local por el Levante.
Cerrado el acuerdo, el club tuvo que lidiar con la Federación Española de Futbol, reticente a tramitar la ficha del holandés por las deudas que mantenía con algunos de sus futbolistas y que no dio el visto bueno hasta finales de febrero, cuando el club se puso al día en el pago.
De esta manera Cruyff firmó su licencia la última semana de febrero, cuando el club le pagó un adelanto de su salario, y debutó el primero de marzo, en el Ciutat de València y frente al Palencia. Como suspiraba el presidente la llegada de Johan multiplicó el interés de los hinchas, que llenaron el estadio, y el Levante ganó por 1-0.
EL DERRUMBE
Todo fue flor de un día. En la siguiente jornada el equipo granota, con Johan en el once, perdió en Granada y se descubrió que en el contrato existían varias cláusulas que provocaron asombro: Cruyff tenía permitido 'entrenamientos a la carta', no estaba obligado a viajar con el equipo ni concentrarse en las previas de los partidos e, incluso, tenía derecho a un porcentaje de las recaudaciones en los campos rivales.
En un ambiente ya enrarecido solo jugó la primera parte del partido posterior (1-0 al Baracaldo) y después se negó a jugar en Vitoria frente al Alavés porque el club vasco, jornada 29, rechazó pagar ningún porcentaje de la recaudación del partido ante el Levante. Johan regresó desde Vitoria hasta Valencia en coche mientras su equipo perdía por 1-0, provocando el despido del entrenador Enrique Pachín, y que el ambiente en el vestuario ya estallase, no tanto en su contra como sí contra el presidente por volver a retrasarse en el pago de los sueldos a los demás jugadores.
El Levante se derrumbó ya sin remisión a partir de ahí y se despidió del ascenso enlazando dos derrotas y un empate en tres jornadas, con Johan volviendo a negarse a jugar en Linares y despidiéndose con un 0-2 contra el Huelva mientras su suegro se iba del estadio escondiendo envuelto en papel de periódico el dinero que le correspondía de la recaudación.
La aventura acabó peor que mal. Cruyff se marchó de Valencia habiendo cobrado apenas una tercera parte de los 200 mil dólares prometidos y echando en cara a los críticos que perdió dinero respecto al acuerdo que había rechazado con el Leicester. Marcó dos goles en diez partidos de los que el Levante ganó solo cuatro y perdió los tres últimos para acabar la Liga en novena posición, muy lejos del ascenso que consiguieron Castellón, Racing de Santander y Cádiz.
EL OLVIDO
Tras esta aventura Johan, agobiado por un negocio millonario que le causó cuantiosas pérdidas, resolvió regresar a Estados Unidos y enrolarse en el Washington Diplomats, con el que jugó cinco partidos antes de que, en otoño de aquel 1981, sorprendiera con un regreso a sus orígenes.
Johan fichó por el Ajax en la segunda mitad de la temporada 1981-82 y las dudas iniciales con que fue recibido, a sus 34 años, se convirtieron en euforia por cuanto el equipo de Amsterdam conquistó la Liga y al año siguiente hizo el doblete. Fue cuando se peleó con los dirigentes por no querer renovarle bajo sus condiciones y decidió pasar al 'enemigo', cerrando la temporada 1983-84, y su carrera, ganando el doblete para el Feyenoord.
Para entonces ya nadie recordaba aquel efímero y fallido paso por el Levante, el equipo que recibirá este domingo al Barcelona peleando por escapar del descenso... Y entre cuyos aficionados más veteranos, seguro, permanecerá un mínimo recuerdo de aquella vieja historia de la que se cumplen ya 41 años.
