Robert Lewandowski suma 27 goles en 36 partidos con el Barça. Son unos números notables que si no se comparasen, claro, con los de un Leo Messi cuyo nombre volvió a ser coreado en el Camp Nou, alcanzarían mayor brillantez incluso. Pero el artillero polaco, cuatro dianas en los últimos 11 partidos y habiéndose quedado en ocho de ellos sin marcar, ha perdido tanta frescura como ascendente en el juego azulgrana. Ante el Girona volvió a mostrar una imagen fría, a medio camino entre el desespero y la impotencia, y nuevamente se le negó el gol, aumentando la duda a su alrededor. Ya sea por la ausencia del lesionado Pedri o por los pocos balones que le llegan en condiciones de remate, lo cierto es que alrededor de Lewandowski empieza a contemplarse un debate acerca de si es, o puede ser o debe ser, el futbolista franquicia de este Barça.
En 24 partidos de Liga ha anotado 17 goles, pero de ellos solo siete podrían considerarse decisivos por abrir la victoria del equipo. Y seis de esos siete los anotó antes del Mundial. Abrió victorias ante Real Sociedad, Valladolid, Elche, Mallorca, Villarreal y Valencia (el gol de la victoria en el último suspiro). Y después del Mundial logró la diana del triunfo (1-2) ante el Betis y abrió la goleada en Elche.
Pero de la misma forma en que no marcó en el doble Clásico de LaLiga, tampoco lo hizo en la Copa frente al Real Madrid y aunque anotó cinco goles en cinco partidos de Champions, se quedó a cero en los partidos cumbre. Ni anotó frente al Bayern ni en Milan contra el Inter, para no ser, tampoco, lo decisivo que debiera ante el Manchester United.
Camino de los 35 años, los cumplirá en agosto, y bajo contrato por tres temporadas más, la calidad de Lewandowski es tan indiscutible como dudoso se aventura imaginarle siendo el crack que lidere al Barça en su intento de volver a ser un grande de Europa. La segunda mitad de este curso, al menos, no invita al mayor de los optimismos.
