BARCELONA -- El barcelonismo es un pueblo agradecido y muy especial. Cariñoso en las distancias cortas, cuando se agrupa en el Camp Nou mantiene, por lo general, una actitud distante con los suyos que solo se transforma cuando recibe el espectáculo deseado. O en las noches grandes, esas de Champions o Clásicos, en que saca toda la pasión.
Este sábado volvió a demostrarlo con Luis Enrique. El primer partido en el estadio desde que el entrenador asturiano anunció su marcha a final de temporada sirvió para que los hinchas coincidieran de forma mayoritaria en su favor hacia él… Y que enfocasen el partido ante el Celta sin atender a personalismos de ningún tipo cuando comenzó a rodar el balón.
Ni se vio ninguna pancarta colgada del graderío ni se coreó su nombre cuando apareció en el césped. Se esperaba, sospechaba, el habitual grito de la grada de animación… Y tampoco apareció hasta el minuto 45, rozándose el descanso y cuando Messi y el fútbol, el mejor en muchas semanas, habían tomado el protagonismo en el estadio. Y la ‘gent blaugrana’, mayoritariamente, se apuntó al homenaje a su entrenador.
“Luis Enrique es de los nuestros”. La frase, proclamada por un veterano aficionado en la zona de tribuna, recibió un beneplácito generalizado de todos aquellos que transitaban a su lado, preguntado por un programa de televisión. Lucho tiene un carisma especial que arrastra, disfruta, desde el primer día, allá por el verano de 1996, que posó con la camiseta azulgrana, una religión que abrazó desde el primer momento tras dar portazo a cinco años como futbolista del Real Madrid.
“Se ha agotado, como Guardiola, pero le debemos respeto y todo el agradecimiento, ganemos todo o no ganemos nada” resumió otro hincha, a quien las relaciones entre el entrenador asturiano y los medios de comunicación le preocupan “entre nada y menos”. Y es que Luis Enrique es de esos pocos que de cara al aficionado de a pie, el que acude fielmente al Camp Nou, mantiene firme su carisma.
El Barça ha perdido fluidez en su juego y se echa de menos la filosofía que le convirtió en un equipo único. Tiene problemas con su fútbol, con los rivales y se le sospecha un fin de ciclo que, precisamente esta noche, se aparcó con el mejor juego visto en muchos meses.
Fue a suceder en el momento oportuno. Cuando más necesitado de fe está el barcelonismo y coincidiendo con el anuncio del adiós del entrenador. Y todos los astros se alinearon para disfrutar como no se recordaba. Incluso se vio sonriendo a Luis Enrique.
“Quedará en el recuerdo, como Pep, como Rijkaard, como Cruyff… Como muchos” resumió una seguidora que daba cuenta de las muchas ‘batallas’ vividas en el estadio.
Y que repitió una afirmación ya escuchada y que se hace hueco en el barcelonismo. “Luis Enrique es de los nuestros”. No hizo falta que la grada de animación lo recordase, que volvió a hacerlo. Esto es el Barça y se adivina que pocos lo conocen en su intimidad como su entrenador.
