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Barcelona busca un frío consuelo ante el débil Elche

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Lenglet le regala el empate al Cádiz y sepulta al Barcelona (2:04)

El conjunto azulgrana ganaba con gol de Leo Messi, y en los minutos finales el defensa francés regaló un penalti con el que el Cádiz igualó. (2:04)

BARCELONA -- El Barcelona que pasó de mirar al Atlético de Madrid a verse superado por el Sevilla en la clasificación tras su desastroso empate frente al Cádiz recupera este miércoles la primera jornada liguera contra el Elche, antepenúltimo en la tabla y que reencontró la victoria al cabo de siete fechas con la llegada de Fran Escriba al banquillo. Afronta el partido el Barça con la doble necesidad de ganar, innegociable, y recuperar un tono que no se vio el último domingo. Y, también, de observar el mando de Ronald Koeman sobre sus jugadores.

El entrenador holandés, personaje intocable a ojos de los candidatos a la presidencia al menos hasta final de temporada, se ha convertido en la única voz autorizada de un club sin gobierno hasta el mes de marzo y de él se espera que, más allá de títulos o grandes noches cada vez más improbables, lidere la transición de un equipo en el que la añoranza del pasado está cada vez más atropellada por la necesidad de encontrar un nuevo futuro.

"Tiene contrato y es nuestro entrenador, sin más discusión", proclama cada vez que tiene ocasión Toni Freixa, acaso el candidato con el discurso más claro al referirse al técnico, mientras desde la candidatura de Joan Laporta también se le ofrece "confianza" y Víctor Font, el menos concluyente de los tres, resuelve que siendo indiscutible su posición, "a final de temporada se hará balance".

Koeman no es ajeno a todo ello mientras, sabiendo que mantiene su ascendente entre la plantilla, retoca piezas y lenta pero con firmeza, va dando forma a un equipo con vistas al futuro.

Catapultados al plano Araújo y Pedri de manera indiscutible mientras espera la recuperación de Ansu Fati (cuya lesión en noviembre fue la peor de las noticias para el técnico), moldea el crecimiento de Sergiño Dest, exige mando a De Jong y confía en que Dembélé alcance un rendimiento estable que hasta hoy solo se contempla a trompicones, a la vez que revela una confianza certera, aunque no tenga toda la continuidad, en el aparecido Mingueza.

Entiendiendo que todo rota alrededor de Messi, mantiene indiscutible el liderazgo de Piqué, defiende los galones de Busquets y Jordi Alba, y sostiene su confianza en Griezmann, entre la necesidad y la convicción... Pero a la espalda de todos ellos va forjando un nuevo orden en el que la juventud se hace hueco, con una paciencia que algunos sostienen sin demasiado atrevimiento y otros contemplan como prudencia.

La escuela holandesa ha mostrado en las útimas décadas una audacia demostrada en cuanto al descubrimiento y confianza con los jóvenes que alrededor del Camp Nou invita a pensar que jugadores como Ilaix, Konrad, Collado, Orellana o Balde puedan tomar protagonismo en el primer equipo, algunos de ellos esta misma temporada, más de transición de lo que podría desearse por más que el discurso oficial mantenga lo contrario.

Entre el presente necesario y el futuro esperanzador, al Barcelona de Koeman (y de Messi) cada partido le supone una prueba incómoda cuando no una final sin vuelta atrás, como le espera dentro de una semana en la vuelta de las semifinales de Copa ante el Sevilla.

Antes, este miércoles, debe aparcar la depresión frente al Elche y visitar el Pizjuán en el primero de los dos duelos ante el equipo de Lopetegui que podrán sentenciar si la temporada del Barça tiene mucha razón de ser a partir del mes de marzo.

Y es que, en la Liga, ya roza el desespero al pasar por medio de un penalti de Lenglet de mirar al liderato a temer por la segunda, tercera o, quien sabe, cuarta posición, amenazado como no podría imaginar.