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Cartas desde Barcelona: Ilaix Moriba o el ejemplo de Johan Cruyff

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'Soy más de Messi, que nunca' (2:05)

El astro argentino y el Barcelona han llegado a un acuerdo para un nuevo contrato de cinco años con el club catalán, donde a aceptado una reducción salarial significativa para prolongar su estadía. (2:05)

BARCELONA -- Ilaix Moriba no entrenará a las órdenes de Ronald Koeman hasta que los representantes del jugador abandonen su postura intransigente y se avengan a negociar la renovación en los términos que les ha ofrecido Mateu Alemany.

Al nuevo director de futbol del Barcelona, cuya labor sigue siendo recordada en Mallorca y Valencia, le ha dado libertad de acción Joan Laporta para recortar en la medida de lo posible, y más allá, la masa salarial de las dos plantillas profesionales (primer equipo y filial) y el nuevo contrato del futbolista juvenil que catapultó al plano Koeman el pasado curso se ha convertido en el paradigma de esta nueva realidad.

Ilaix está entrenando con el filial y no tendrá espacio con los mayores hasta que no se solucione su caso. Incluso se especula que si el caso sigue enquistado podría comenzar la temporada con el equipo juvenil. Si sus agentes querían un pulso, el Barça les ha respondido con un bombardeo. Tal es así que, incluso, podría entenderse que el club está dispuesto a ponerle en el mercado.

A un año de acabar su contrato y convertido en el juvenil con mayor salario de la historia del Barça (en 2019 firmó tres años por un monto total superior a 1.5 millones de euros, amén de una comisión a repartir con sus agentes de más de dos millones), los asesores de Ilaix pretendían arrancar un contrato exponencial, creciente y a partir de dos millones de euros que ha topado con la negativa del club.

El 17 de junio hubo la primera, y única, reunión cara a cara entre Alemany y los representantes del jugador. El club les trasladó su oferta, ellos se la llevaron de mala gana y pocos días después contestaron negativamente. A partir de ahí... El silencio. Y ese silencio de los agentes de Ilaix, visto como una forma de presionar al Barça, fue correspondido de igual manera: silencio en las oficinas del Camp Nou, donde el viernes 9 de junio se comunicó a Ilaix que comenzaría la pretemporada con el Barça B. Sin más explicaciones.

A partir de aquí, lo impensable. El Barcelona ya no es aquel club entregado a las exigencias de sus futbolistas y Mateu Alemany ha recuperado una vieja y olvidada figura en estos menesteres. Sí, Johan Cruyff. Las vacas sagradas son las vacas sagradas (y tienen la obligación de seguir demostrándolo), la clase media es la clase media y los juniors, los recién llegados, los novatos que acceden desde abajo, deben ganarse los dineros en el campo. No en dos meses ni en seis, en dos temporadas por lo menos.

El caso de Ilaix recuerda en cierta manera al sucedido en mayo de 1990 con Luis Milla, el primer '4' catapultado por el legendario entrenador holandés y que, ya internacional, exigió una mejora sustancial de su contrato, amenazando su representante Miguel Santos con llevárselo del club por medio de su cláusula de rescisión, que era de 2.1 millones de euros.

La respuesta de Cruyff fue sonada: “Que traiga el dinero y se marche. Asunto solucionado". Y Milla, el 23 de julio de 1990, firmó por el Real Madrid, que pagó lo estipulado en la cláusula.

Ni Alemany es Cruyff ni Ilaix ha alcanzado, de momento, la consideración que tuvo Milla en el primer equipo del Barça. Más aún, si el hoy juvenil sigue sin dar su brazo a torcer y no renueva, a partir del mes de enero podrá negociar con cualquier club y marcharse gratis en junio de 2022, un escenario que no quiere ni imaginar el barcelonismo pero al que el nuevo director de futbol no parece preocupar más de lo necesario.

El Barça, recuperando en cierta manera las formas de Johan Cruyff, pretende establecer contratos ajustados en lo que al salario fijo se refiere (rebajas considerables respecto a lo firmado ahora) y variables, bonus, por rendimiento y títulos con los que alcanzar y hasta superar lo que pudieran tener firmado anteriormente.

Ilaix Moriba y Alejandro Balde son la cruz y la cara de esta nueva realidad. El primero ahí está, incrédulo él y sus agentes (que siguen sin dar su brazo a torcer) viéndose apartado del primer equipo; el segundo, al que también se sorprendió el viernes enviando al filial hasta que no se aviniera a negociar un contrato bajo el prisma del club, trabajando ya con Ronald Koeman después de que en 48 horas sus agentes, por orden del jefe Jorge Mendes, atendieran a las exigencias de Alemany.

Así, a menos de un mes de comenzar la Liga y menos de seis semanas de que se cierre el mercado de traspasos, nadie es capaz de adivinar cuál será el futuro de un juvenil llamado a comerse el mundo en azulgrana y del que ya ni se sabe si seguirá en el club.