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Cruz Azul, el escudo que unió a los inmigrantes en una zona marginal de Suecia

La filial de Cruz Azul en Gotemburgo llegó a reunir a 200 jóvenes de 34 nacionalidades con la intención de alejarlos de las drogas y los actos criminales por medio del futbol

Biskopsgården es un municipio de Gotemburgo, Suecia, que por su cercanía a Noruega se caracteriza por contar con inmigrantes, violencia entre pandillas y asesinatos, por lo que fue catalogado por el gobierno de aquel país como “área especialmente vulnerable”. Ahí, el Cruz Azul tuvo una escuela de futbol que llegó a conjuntar más de 34 nacionalidades diferentes entre 2002 y 2019, tiempo en el que, a través del balompié, ayudó a los niños y jóvenes a alejarse de las drogas, pero el proyecto, que está en pausa, no pudo seguir por problemas con la 'comuna'.

La idea de llevar una escuela de Cruz Azul a Suecia surgió de Ignacio Prieto, quien, como encargado de las fuerzas básicas de La Máquina, acudió a la Gothia Cup del 2001, torneo en el que ya era costumbre que la delegación celeste fuera recibida por Tito Rojas y Héctor Valeria, chilenos que apoyaban a los inmigrantes de Gotemburgo a través del deporte.

“¿Por qué no hacen una filial de Cruz Azul?”, preguntó Prieto a Rojas y a Valeria mientras tomaba una cerveza, recuerda Tito Rojas de aquella cena que tuvieron en junio del 2001. El proyecto comenzó a tomar forma en diciembre de aquel año, hasta finalmente ser fundado en el 2002, ya con José Luis Guerrero como encargado de las fuerzas básicas de Cruz Azul. Debido a que la escuela recibiría apoyo del gobierno sueco, sumado a que el propósito era apoyar a una zona marginal, no cobraron y desde La Noria enviaron uniformes para vestir a los alumnos que tendrían.

“Nos pusimos de acuerdo con los estatutos, conformamos una directiva, presentamos los papeles de forma oficial ante la comuna, acá cuando formas una organización ideal, si se acuerda todo lo que exige, que cumple con todos los requisitos, comienzan a darte un apoyo económico chiquito con lo que puedes iniciar la actividad, así de bueno es aquí. Quedó formado oficialmente el club deportivo Cruz Azul, en su filial en Gotemburgo, que le llamábamos Cruz Azul Gotemburgo, así se llamaba oficialmente”, recuerda Rojas, uno de los fundadores del proyecto.

La escuela, que tenía como propósito contar con un 98 por ciento de alumnos inmigrantes en la categoría Sub-15, comenzó con 22 niños en un gimnasio de 40x20 metros, pero, a través de visorias que hicieron en zonas marginadas, la cantidad creció hasta llegar a formar un equipo profesional que escaló hasta la Quinta División, mientras que las clases se habían ampliado a 200 jóvenes, situación por la que lograron que les dieran un espacio “espectacular”, que llamaron la “Cabañita”, de 280 metros cuadrados, a un costado de un lago en el que en invierno se podía patinar, donde implementaron el proyecto que nombraron ‘Juega y Aprende’.

“La mayoría eran inmigrantes y nos dio muy buenos resultados, tanto en la serie, cuando participamos, como en el comportamiento que tenían los niños, en la disciplina que les llevábamos, porque de otra manera, ya en ese tiempo había muchos conflictos en las canchas de futbol porque se encontraba un equipo de una población marginal con un equipo sueco y terminaban casi a balazos. Nosotros siempre bien disciplinados, bien puesto el nombre de Cruz Azul, bien vestidos. Traíamos la ropa que nos ayudaban desde México y teníamos los trajes de primer nivel, bien bonitos, su sudadera, bien organizados al salir a la cancha, no les permitíamos que perdieran el control. Empezamos a ganar mucho terreno porque cuando íbamos a las reuniones de la Federación, donde se discutían los problemas, que le pegaron a un árbitro, que persiguieron a otro, que tuvieron que suspender un equipo porque fulano le pegó a fulano. A nosotros nos presentaban como un ejemplo de que sí se podía trabajar con muchachos de situación precaria, educarlos y que se portara bien”.

La escuela de Cruz Azul en Suecia se convirtió en la sede permanente del equipo Sub-15 de La Máquina cada que participaba en la Gothia Cup, pues ahí, en la ‘Cabañita’, los juveniles cementeros entrenaban para preparar sus partidos del certamen internacional.

El proyecto cumplió su meta de mantener a los niños y jóvenes lejos de las drogas y la violencia que caracteriza la zona, incluso Tito Rojas recuerda que llegó a contar con jugadores de más de 34 nacionalidades, pero dicha situación comenzó a darles problemas con la 'comuna' donde les quisieron cobrar una renta que equivalía 40 mil pesos mexicanos al mes, situación en la que las autoridades correspondientes no se podían meter, por lo que, luego de negociaciones, finalmente abandonaron las instalaciones, mismas que fueron demolidas.

“El jefe dijo, ‘bueno ese local es un estorbo para nosotros, así que lo demoleríamos’. Ahí empezaron los problemas porque nos dimos cuenta de que no había la mínima intención de ayudar. Dejamos el local y a los tres meses lo demolieron, lo hicieron leña y nos quedamos sin local, se nos vino bajo la organización del club”, recuerda Rojas aún con nostalgia por aquellas reuniones.

Aquella decisión desencadenó en una pérdida de alumnos, de 200 pasaron a tener 80 ante la falta de un lugar, pues no les quisieron dar algún otro local. Sin embargo, en marzo del 2015, cuando Tito Rojas pensaba renunciar al proyecto, sucedió un acto violento en Gotemburgo. Balearon alrededor de 12 personas en un restaurante, donde murió Hussein Chit, de origen libanés, quien había pasado por la escuela de Cruz Azul en Suecia, pero que antes de su asesinato se dedicaba a manejar la droga en el sector.

“Tito, necesitamos de ayuda de usted”, se escuchó en la bocina del teléfono de Rojas, quien había recibido una llamada de Jahja Zeqiraj, el presidente del distrito de Biskopsgården representando al partido Socialdemócrata, para pedirle que restableciera el proyecto de Cruz Azul.

“A la cabaña le estaban saliendo hasta hongos y le exigimos a la comuna ese local y que a futuro se activarán las canchas de futbol. Ahí comenzó el renacer del Cruz Azul. Nos dieron el local, pero nos empezaron a poner trabas, nos empezaron a poner problemas nuevamente y nos dimos cuenta que era una cuestión política que no querían que desarrolláramos actividades”.

El arriendo fue nuevamente el problema, a pesar de que la comuna había prometido apoyar en dicho aspecto, pero la deuda creció hasta que, a finales del 2019, Tito Rojas decidió poner pausa a la escuela de Cruz Azul en Suecia.

“Era una suma no muy grande, pero para nosotros, como un club chico, sí era considerable. En esa misma conversación decidí solo, yo era presidente, y les dije que ‘hasta aquí llegábamos, no tenemos la energía para seguir luchando contra ustedes, así que desde ahora te digo que el club entra en receso y lo vamos a cerrar’, y ese fue el final de Cruz Azul”.

Tito Rojas pasa en ocasiones por la ‘Cabañita’, sede que actualmente es ocupada por Neutrala UF, un equipo somalí. Con nostalgia mira lo que ha sido de aquella sede que llegó a albergar a 200 jóvenes, todos con uniforme de Cruz Azul con el motivo de alejarlos de la violencia y las drogas.

“Hoy en día esa zona es una de las más marginales de Suecia, donde más balaceras han ocurrido y hoy en día, tú te vas a esa zona, que yo vivo cerca de ahí, y no queda ninguna organización sueca. Eso te lo encuentras hoy donde estaba Cruz Azul, cuando nosotros éramos de los pocos clubes u organizaciones con ideales que, velábamos justamente, a través del deporte del deporte, integrar a los muchachos a la cultura sueca, que es importantísimo”.

La Gothia Cup estuvo suspendida por la pandemia, pero a su regreso, ya sin la escuela de Cruz Azul en Gotemburgo, la organización optó por no usar la zona para concentrar a los equipos, ni siquiera se celebró un partido. Sin embargo, Tito Rojas, a tres años de que decidió finalizar el proyecto, sueña con revivirlo a través de inversionistas que lo respalden.

“En mis sueños digo que ojalá apareciera un inversionista mexicano, que invirtiera una lana y pudiéramos haber hecho nuestro propio local ahí, porque era lo que nos faltaba, y al Cruz Azul lo hubiéramos echado para arriba”, conluyó.