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Así se vivió el debut de River en el Mundial de Clubes en la lejana y extraña Seattle

SEATTLE (Enviado especial) -- Se dijo desde estas páginas: Seattle es lejos. Muy lejos. A River le tocó la sede más apartada de todas y eso se sintió en su debut en la Copa del Mundo de Clubes frente a Urawa Red Diamonds de Japón. En este partido se enfrentaron dos hinchadas que debieron viajar más de 10.000 kilómetros para apoyar a sus jugadores en el extremo noroeste de Estados Unidos. Por eso, el marco fue menos imponente en el Lumen Field de lo que había sido en otros partidos del torneo.

De todos modos, los simpatizantes argentinos se organizaron bien y el plantel sintió el apoyo en su debut victorioso. Unos siete mil riverplatenses alentaron desde las tribunas al conjunto de Marcelo Gallardo, que respondió con más goles que buen juego y comenzó con tres puntos clave la travesía mundialista.

Se habló en los días previos acerca de las dificultades que imponía la distancia para ver la cantidad de público habitual en los partidos de River. Cuando se llevó a cabo el sorteo hace varios meses, pocos notaron esta particularidad, pero cuando llegó la hora de viajar, la lejanía de Seattle se convirtió en un problema para un club que juega con 90 mil personas en todos sus partidos como local desde hace años.

El propio Gallardo, en la conferencia de prensa oficial, lamentó la sede y valoró el esfuerzo de aquellos que decidieron emprender el viaje. Y es un reconocimiento merecido, porque esta ciudad del estado de Washington no solo es lejos, sin también es una de las más caras del Mundial. Entonces, el problema era doble.

El lunes hubo un banderazo en el céntrico hotel donde se hospeda la delegación, en el que además de adelantar el aliento al equipo, los hinchas comenzaron la organización para el día siguiente. Unas horas antes del partido, se citaron en la Plaza Occidental, a unas pocas cuadras del estadio. Allí, se repartieron las banderas de palo que adornaron las tribunas, sobre todo en la cabecera de la Muckleshoot Heritage Plaza, y calentaron las gargantas para la presentación.

En el estadio se dio un singular "duelo de hinchadas" con la parcialidad de Urawa. Es que los asiáticos, con disciplina oriental, se colocaron detrás del otro arco vestidos de riguroso rojo y ensayaron coreografías de primer nivel que acompañaron con afinadas canciones. Alentaron durante los 90 minutos y más allá del resultado. También merecen el elogio.

La mayoría de los hinchas de River llegaron desde Argentina horas antes y también desde diversos puntos de los Estados Unidos. La concurrencia total al partido fue de algo más de 11 mil espectadores, una de las más bajas del torneo. De todas maneras, no faltó el color de todo juego de Copa del Mundo.

River llevó sus banderas de siempre. Hurlingham, Villa de Mayo, San Justo, Tortuguitas, Rosario. Incluso Miami se sumó en esta oportunidad. El escenario de fútbol americano se transformó por un rato en cualquier cancha argentina, como había sucedido el día anterior en Miami, un destino mucho más accesible para los argentinos.

Seattle será el hogar de River durante toda la primera fase, porque aquí hará base y aquí jugará también contra Inter en la tercera fecha. Antes, chocará ante Monterrey en Pasadena, cerca de Los Angeles. Deberá hacerse dueño de esta ciudad, ajena y lejana, si quiere seguir su camino en el Mundial. El primer paso está dado y con alegría se puede sobrellevar mejor el desarraigo.