Las primeras dos jornadas del Mundial de Clubes dejaron una sensación muy clara: las diferencias entre los poderosos equipos europeos y el resto no son tan marcadas ni insalvables como se imaginaba. Tal vez, la principal característica del fútbol, su imprevisibilidad, todavía sea su rasgo más elevado. Quizás, la "dinámica de lo impensado" aún esté por encima de todo, incluso de las cuentas bancarias y de los magnates.
Este juego se destaca por sobre todos los demás porque siempre cualquier competidor cree que es posible la victoria. No hay utopías en el fútbol. Sí hay desafíos más grandes, pero ninguna victoria es inalcanzable totalmente. A veces, la desigualdad del sistema impide ver esta característica, pero esta Copa del Mundo llegó para volver a ponerla bajo los focos.
Desde afuera se ve claro: cualquier equipo se planta con ambiciones de competir ante cualquier rival. Mamelodi Sundowns compite de igual a igual contra Borussia Dortmund; Flamengo le gana a Chelsea, Botafogo golpea a PSG, Urawa Red Diamonds queda a un paso de ganarle a Inter, Al Hilal le empata a Real Madrid. Esto es fácil de señalar, pero ¿cómo se siente desde adentro?
Pedro de la Vega llegó a Seattle Sounders en 2024 con este Mundial como gran objetivo. Ingresó en el segundo tiempo en el debut ante Botafogo y jugó como titular frente a Atlético Madrid. Sintió en carne propia aquello que por televisión y desde las tribunas se ve. "Está bueno el campeonato para medirse. Obviamente, los equipos sudamericanos y nosotros sí tenemos que hacer un esfuerzo extra porque capaz los europeos tienen mejor control de la pelota o crean situaciones más fácil. Pero la verdad que sí, se están dando unos partidazos y está lindo, está lindo para ver, para competir", afirmó el atacante en diálogo con ESPN.com.
El esfuerzo extra del que habla es algo que está presente en todo jugador latinoamericano. No es necesario reclamarlo. En la identidad misma está la capacidad para dar lo máximo y competir por encima de sus posibilidades. Quizás por eso los clubes de esta región se han destacado. "Cada uno se defiende con las armas que tiene. Boca con Bayern y también contra Benfica metió todo el partido. Ellos y River tienen jugadorazos y están demostrando que se puede competir".
¿En qué situación se ve la diferencia de jerarquía? De la Vega lo explica: "Tal vez en las finalizaciones. En el último toque, en un mejor centro". La distancia técnica es poca, pero puede ser significativa. Además, esa conciencia de la propia categoría permite jugar con mayor tranquilidad: "Ellos juegan más serenos contra la ansiedad que quizás manejamos nosotros al enfrentarlos, porque se hace un esfuerzo físico, pero también mental. Sabés que a la primera que se te escapa te convierten. No te das cuenta y te hacen un gol".
Otra sensación que queda es que en pocos partidos se han visto equipos incompetentes. Casi siempre hay competencia real, en la que ambos tienen la posibilidad de ganar. "Yo creo que sí, que siempre da la impresión que estás en partido, que podés ganar. Por ejemplo, Urawa hizo un trabajo defensivo terrible, pero Inter la tenía y estaba con la paciencia necesaria para sentir que en cualquier momento lo podía ganar. Pero aún así, Urawa estuvo arriba y un empate podría haber sacado".
Y De la Vega continúa su relato sobre cómo un futbolista se da cuenta que puede lastimar a un rival que se considera superior: "Es parejo cuando jugás los partidos, te das cuenta que podés, que le podés meter un gol, que lo podés atacar. Físicamente también creo que hay paridad. Me pasó con el Atlético, que los veía A todos más flaquitos, más rápidos en la corta. Acá son más potentes en general".
