SEATTLE (Enviado especial) -- Parece una contradicción, pero la eliminación de River Plate del Mundial de Clubes fue previsible y al mismo tiempo demasiado temprana. Es que en este campeonato inédito se generó una contradicción, entre la grandeza histórica del club y el presente repleto de dudas e irregularidad. Por su renombre, River estaba llamado a ser protagonista, pero la realidad futbolística indicaba que había pocos argumentos para sostener la ilusión.
El equipo de Marcelo Gallardo llegó a Estados Unidos después de un semestre marcado por la inconsistencia, en el que combinó buenos momentos, entre abril y mayo, y dificultades al comienzo y al final. Por eso no se podía esperar una campaña brillante, aunque la paridad en el grupo sostenía una ilusión que terminó de desmoronarse en el segundo tiempo contra Inter.
En un campeonato como este, más allá del funcionamiento colectivo e individual, se necesita carácter y suerte. El plantel demostró lo primero en el comienzo del último encuentro, pero el azar no lo acompañó nunca. Ese fue uno de los primeros motivos de la eliminación.
River pegó en los momentos justos en el debut contra Urawa Red Diamonds, sin embargo uno de los goles trajo consigo la primera gran mala noticia. Sebastián Driussi marcó el 2-0 y en el mismo momento sufrió un esguince de tobillo que lo sacó de la competencia. Sin él, el conjunto argentino perdió a su principal referente ofensivo y todo el plan de ataque se vio afectado.
La evolución goleadora de River a partir de abril estuvo apoyada sobre todo en el trabajo de Driussi, quien formó una dupla muy eficaz con Facundo Colidio. Su baja rompió los esquemas y revivió viejos fantasmas: la falta de gol volvió a ser uno de los principales defectos y no marcó ni contra Monterrey ni contra Inter.
Se sabía desde que se dio a conocer el fixture: el partido más importante era el segundo, contra Rayados. Se imaginaba como un duelo mano a mano por la clasificación y así fue. En Pasadena, una multitud de River comprendió la trascendencia del compromiso y fue mayoría frente a un conjunto mexicano que vive mucho más cerca. Pero más allá del masivo apoyo, no hubo forma de superar a Esteban Andrada y el 0-0 complicó las posibilidades.
No haberle ganado a Monterrey fue otra de las razones de la eliminación. Tras el empate, se sintió la decepción en el vestuario de River. Es cierto que las chances estaban intactas, como también lo es que se había perdido una oportunidad gigante para llegar a la tercera fecha con el pasaje en el bolsillo y sin tener que salir a ganarle al subcampeón de Europa.
River mejoró lo hecho frente a Urawa desde el funcionamiento, pero no fue suficiente. Superó en el juego a Monterrey, aunque tampoco generó la cantidad de ocasiones de gol necesarias. Le faltó "instinto asesino", como otras tantas veces en el semestre. Se plantó en campo rival y tuvo la iniciativa. No fue suficiente.
Contra Inter, la obligación nubló los sentidos. El equipo salió concentrado y firme en la presión. El primer tiempo fue parejo. Los problemas aparecieron después de los goles mexicanos en el otro partido de la zona. La goleada de Rayados obligaba a River a dar el golpe contra el Nerazzurro y la ansiedad de esa obligación liquidó las posibilidades.
En el segundo tiempo se notó la diferencia de jerarquía. El conjunto italiano fue muy superior a un desconectado y desesperado rival. No hubo equivalencias y la clasificación se alejó con el correr de los minutos hasta hacerse imposible.
River cierra así un Mundial decepcionante porque, aunque se sabía que el desafío era complejo, la historia exigía otro final.
