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Bielsa y la tercera oportunidad, ahora con Uruguay en el Mundial 2026

Bielsa, DT de Uruguay, quiere revancha en el Mundial 2026. EFE

La figura de Marcelo Bielsa es una de las que parecen no admitir la indiferencia. Luce imposible que a quien le gusta el fútbol no tenga un juicio formado, para bien o sea para mal, sobre el Loco, el entrenador de Uruguay en el Mundial 2026. Y esto abarca tanto lo que generan sus equipos dentro del campo de juego como sus conductas fuera de la cancha, que suelen escapar a lo usual.

¿Es osado asegurar que buena parte de esas pasiones cruzadas que despierta Bielsa nacieron por actuaciones de sus equipos en los Mundiales? Tal vez una pista para averiguarlo esté en recordar qué significaba el entrenador rosarino para el fútbol antes de que tuviera su bautismo en la gran cita. Esa en la que un día le tocó sufrir la mayor decepción de su vida profesional.

Como otros grandes entrenadores del fútbol argentino, Marcelo Bielsa logró hacerse un nombre muy poco después de haber empezado su recorrido en la Primera División. En 1982, con apenas 26 años y luego de una olvidable y breve carrera como futbolista, comenzó su camino como entrenador en las divisiones juveniles de Newell’s. Fueron de los mejores años de la cantera del club rosarino, con el alumbramiento entre otros de Gabriel Batistuta, Abel Balbo, Mauricio Pocchetino, Fernando Gamboa y Eduardo Berizzo.

En 1990, Bielsa ya había juntado méritos suficientes como para pasar a ser DT de los mayores, aunque no tenía rodaje en Primera y el club había contratado a Jorge Castelli, que acababa de ascender a Atlanta a la segunda división. Bielsa convenció al Profe de asumir como preparador físico -rol que había desempeñado en el muy exitoso Boca del Toto Lorenzo en la década del 70, entre otros equipos- y juntos se consagraron campeones en la primera experiencia, al llevarse el Apertura de ese año y luego vencer a Boca en la final del campeonato 1990/91. A esas alturas, todos en Argentina conocían a Bielsa como el Loco. Y a nadie le escapaba que temía importantes posibilidades de dejar una huella grande en el fútbol.

Pasaron los años, nuevas consagraciones con Newell’s -con el que además llegó a la final de la Libertadores 1992- y Vélez, pasos por el fútbol mexicano y el español, y finalmente el arribo previsible al seleccionado argentino. Así comenzó una etapa en la que quienes lo conocían y admiraban por sus resultados empezaron a conocerlo con mayor profundidad: a ver sus modos particulares con la prensa, a la que sólo atendía en conferencias, sin privilegios a periodistas por el mayor o menor poder que manejaran; a apreciar su particular relación con la gente, que combinaba noticias de entrenadores de divisiones juveniles a los que el Loco contactaba por horas para conocer su experiencia y a la vez miradas huidizas ante el gran público. Y conocieron, también, sus broncas y los que muchos considerarían caprichos.

La frustración de Bielsa con Argentina en el Mundial 2002

En medio de todo eso, llevó sin sobresaltos a Argentina al Mundial 2002, con una clasificación obtenida a varias fechas del final. Tal vez esos grandes resultados hicieron que no despertara tanta polémica su extraña decisión de no incluir en la convocatoria a Javier Saviola, que acababa de ser traspasado de River a Barcelona en 36 millones de euros, ni a Juan Román Riquelme, figura enorme del Boca que venía de ser bicampeón de la Copa Libertadores.

A la hora de la Copa del Mundo, aquel seleccionado que reunió a estrellas como Batistuta, Verón, Samuel, Pochettino, Simeone y Ortega se llevaría uno de los peores golpes de su historia. Pese a haber debutado con un triunfo 1-0 ante Nigeria, quedó muy comprometido al caer por el mismo resultado en la segunda presentación, en un partido muy especial ante Inglaterra. Golpeado anímicamente y sin las respuestas futbolísticas que había mostrado antes en el ciclo de Bielsa, no pudo conseguir la victoria que necesitaba en el último choque ante Suecia. El 1-1 final dejó al Loco en medio de un huracán de reproches, en un país que nunca tuvo paciencia para las frustraciones futboleras y que además atravesaba las secuelas de una durísima crisis económica que había detonado meses antes.

La eliminación en fase de grupos -primera que sufría Argentina desde Chile 1962- parecía un punto de no retorno para el ciclo del rosarino. Fue uno de los momentos más álgidos de polémicas alrededor de Bielsa, entre quienes lo defendían por sus convicciones y los buenos resultados obtenidos antes del Mundial, y quienes lo rotulaban como un “fracasado” por la temprana eliminación. Él mismo, de alguna manera, se hizo cargo años después de ese mote al asegurar que había sido “protagonista del mayor fracaso de la historia de la Selección”. Sin embargo, Julio Grondona decidió renovarle el crédito y continuar el vínculo, que prosiguió hasta 2004 cuando fue Bielsa quien, luego de conseguir la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas -uno de los pocos títulos que le faltaban al fútbol argentino- decidió renunciar, aduciendo “falta de energía”.

La Chile de Bielsa, la revelación de Sudáfrica 2010

Pasó Alemania 2006, con Bielsa fuera del circuito, hasta que aceptó el llamado para hacerse cargo del seleccionado de Chile, que buscaba regresar a los Mundiales tras haberse quedado afuera de los dos anteriores. Ese primer objetivo se cumplió con creces, mientras su Argentina natal, con Diego Maradona en el banco de suplentes, sufría hasta la última fecha y se beneficiaba justamente del triunfo de un ya clasificado Chile ante Ecuador.

La Roja que conducía el argentino llegó a Sudáfrica 2010 elogiada desde diferentes partes del mundo por su propuesta pero también por sus buenos resultados, muy por encima de la media histórica del seleccionado. En esa Copa, Chile venció 1-0 tanto a Honduras como a Suiza en la fase de grupos, en los que fueron sus primeros triunfos mundialistas fuera de casa en nada menos que 60 años. Consiguió la clasificación pese a caer 2-1 en la tercera fecha frente a España, que luego sería campeón, pero ya en octavos de final fue superado con claridad por Brasil, que lo goleó por 3-0 y puso punto final a la aventura.

Dio la impresión de que aquel Chile de Arturo Vidal, Gary Medel y Alexis Sánchez entre otras grandes figuras estaba para más, pero que el fixture le había puesto la vara demasiado alta al cruzarlo con la verdeamarela. Las buenas sensaciones mandaban por aquel entonces, pero en 2011 Bielsa dio otra vez la sorpresa al dar un portazo, disconforme por un recambio en la dirigencia del fútbol del país.

Después de Chile, Bielsa pudo hacer finalmente su experiencia en Europa. Athletic Bilbao, Olympique Marsella y Leeds fueron algunos de los clubes en los que dejó su huella. Despertó nuevos elogios y también aparecieron nuevos detractores. Y después de tanto trajín, en 2023 aceptó la propuesta para dirigir al seleccionado de Uruguay.

Uruguay, la tercera oportunidad para Bielsa en los Mundiales

En esa Celeste que busca recuperar la gloria de tiempos pasados, el ciclo de Bielsa registró puntos altos que generaron una ilusión enorme para uno de los pueblos más futboleros del mundo. Por Eliminatorias, venció a los dos colosos de Sudamérica: a Brasil en Montevideo y al campeón del mundo Argentina nada menos que en Buenos Aires.

Pero con el paso del tiempo, el nivel del equipo y los resultados decayeron. Aparecieron críticas como la de Luis Suárez, que cuestionaron su liderazgo y averiaron un barco que marchaba relativamente en paz. Sin que se haya estabilizado del todo la nave, Bielsa sigue al mando aún pese a caídas dolorosas como el reciente 5-1 que sufrió Uruguay a manos de Estados Unidos. Así llegará el equipo del Loco a este Mundial, que será su tercera gran oportunidad.

Hay en esta Copa del Mundo una chance concreta de cruzarse pronto con Argentina, si Uruguay queda segunda en su grupo y los actuales campeones quedan líderes, o viceversa. Para Bielsa, ese mismo que por momentos parece más allá de todo, estará la gran posibilidad de una revancha en el torneo de fútbol que miran todos y en el que se debe una gran actuación.

Algo es seguro: entre los que quieren su alegría y los que disfrutan sus tropiezos, nadie podrá sacarle, otra vez, la vista de encima.