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Colombia vuelve a un Mundial de Estados Unidos con Andrés Escobar en el recuerdo

En el fútbol colombiano algo se rompió en el Mundial 1994. Está incompleto. Quedó lastimado por una afrenta de la intolerancia que desafió su nobleza en una de las épocas mas convulsionadas del país. Lo dejó de rodillas, sin credibilidad. La indiferencia de la sociedad fue el más leve de los castigos. Ahora, a las puertas de otra Copa del Mundo en aquel país, el recuerdo envuelve a la Selección Colombia.

Andrés Escobar y el retorno de Colombia a Estados Unidos

Nadie se salvó. A su regreso de Estados Unidos, la base del plantel de esa Selección que competía en la liga propia fue silbada en cada estadio que se presentó. Por meses. Una manifestación de dolor auténtico. Rabia, indignación, hartazgo. Causa común de la tristeza. Su desprestigio tardó en sanar. Desde lo deportivo fue más rápido, aunque con recelo. En el alma, cada recuerdo lastima. El vacío sigue ahí.

Pasaron 32 años desde esa derrota 2-1 en el estadio Rose Bowl de Pasadena por la segunda fecha del Grupo A del Mundial 1994. La fatalidad de una jugada del defensor antioqueño llevó a Colombia a su mayor tragedia deportiva y humana.

El duelo cedió espacio a la memoria con gestos simbólicos. Casi todos de uno de sus sucesores futbolísticos directos. Iván Ramiro Córdoba honró la camiseta con el 2 y multiplicó los homenajes con la tricolor. Uno de los más recordados cuando marcó de penal el primer gol en la victoria 3-0 a Argentina en la Copa América de Paraguay. El mismo día que Martín Palermo erró sus tres cobros. Tras su tanto, el central mostró una camiseta blanca con ese número y apunto con sus dedos índices al cielo.

De sus tiempos de Inter, circula en video en el que la producción del partido de Juventus señala en el gráfico debajo de su foto que porta ese dorsal en su honor: "Il 2 in onore di Escobar"

En Medellín, su ciudad, ese número es sagrado. Un talismán hecho tatuaje, bandera, devoción. Ley y tradición. La hinchada de Nacional se encomienda a su apellido. A su legado. “Miren, miren a Santiago, mírenlo cómo se ve, dirigiendo desde el banco, con el corazón de Andrés”, bramó el Atanasio Girardot cuando su hermano Santiago fue técnico.

Sus ex compañeros revelan en podcasts o entrevistas por streaming que su personalidad de caballero del fútbol se permitía algunos momentos de bromas inolvidables. Hay lágrimas y risas. Palabras que conmueven. Eso sin duda, fortaleció esos vínculos que se prometieron eternos. El afecto está a prueba de todo.

Se siente un paso adelante en la madurez y en ese intento de reconciliación con esa derrota nacional. El tiempo es un aliado para sostener ese deseo.

La Selección regresa al Mundial y lo hace en Estados Unidos. Tras su escala de dos partidos en México cerrará los grupos ante Portugal en Miami. Recordar esa mancha resulta inevitable. También necesaria para exorcizar culpas. Aunque la carga es más liviana, aparecen espinas que mortifican.

Colombia avanza con su fútbol, fiel a su técnica con rasgos de intensidad, obligatorios en la máxima exigencia. El nivel de Luis Díaz, Richard Ríos, Luis Suárez y Daniel Muñoz en Europa, junto con la madurez deJames y la credibilidad del técnico Néstor Lorenzo ilusionan para llegar lejos.

Hay equipo. Solidaridad, ganas, compromiso. El mejor homenaje posible a Andrés Escobar. Mártir y símbolo de un fútbol incompleto.