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Otro milagro de Maradona: cómo la presencia de Diego impulsó a Escocia hacia el Mundial 2026

Faltaban 8 minutos para el final del partido y Escocia le ganaba 2-1 a Dinamarca aquel 18 de noviembre de 2025. Con esa victoria parcial, se clasificaba a una Copa del Mundo por primera vez en 28 años, la ausencia más prolongada de su historia. La alegría era absoluta en Hampden Park hasta que Patrick Dorgu marcó el 2-2 y despertó todos los fantasmas en Glasgow y alrededores. Entonces, una aparición celestial... un extranjero, pero también un hijo adoptivo de las praderas escocesas.

Irrumpió en los cielos de San Mungo una energía futbolera brutal, rotunda, implacable. Flameó en las tribunas una bandera con su imagen. Con su número. El uno y el cero. Y enseguida vino el 3-2 de Kieran Tierney en tiempo de descuento. Y después el 4-2 de Kenny McLean desde mitad de cancha. La euforia total. La alegría de un pueblo. El salvador que aparece de nuevo. El redentor.

Diego Maradona es amado por los hinchas escoceses como si fuera uno de ellos. Y tal vez lo fue, porque Diego ha sido muchas cosas en su vida y en su eternidad. En Escocia lo veneran como un ídolo a pesar de que nació a miles de kilómetros, en una familia ajena a cualquier tipo de herencia celta, gaélica o anglosajona. Pero el fútbol hermana y la Tartan Army (el ejército del tartán, ese típico tejido a cuadros escocés) eligió como propio al héroe argentino.

Maradona, un emblema para los hinchas de Escocia

La imagen de Maradona siempre se vio entre las banderas y las camisetas de la hinchada escocesa. Desde que se convirtió en el verdugo eterno de Inglaterra en México 1986, los vecinos del norte de la Rubia (o la Pérfida, para ellos) Albión adoptaron con amor a quien fue un joven de 18 años que marcó su primer gol en la Selección nacional en Glasgow, en una especie de señal del destino. Porque un enemigo en común, a veces, une más que cien amigos.

Cuando Diego murió el 25 de noviembre de 2020, Escocia fue uno de los países que más honores le rindió. Homenajes genuinos, que replicaron aquellos que ya le habían rendido en vida, como el de su debut como entrenador de la Selección, en 2008. El azar quiso que su primer partido en el banco de la Albiceleste fuera en Hampden Park en un amistoso ante el seleccionado local y allí fue recibido con gran cariño y ovacionado por todo el estadio.

Para retornar a una Copa del Mundo, Escocia necesitaba toda la ayuda necesaria. Tanto terrenal como espiritual. Steve Clarke llegó en 2019 y comenzó un trabajo que permitió clasificar a dos Eurocopas consecutivas: 2020 y 2024. Pero el Mundial es el Mundial y todo el país ansiaba el regreso al gran torneo. Francia 1998 había sido la última participación, por lo que una generación entera todavía no había sentido la emoción de ver la bandera en el evento deportivo más grande del planeta.

Después de lograr la clasificación a la Euro de Alemania 2024, la hinchada escocesa celebró con una canción, como muchas otras veces antes lo habían hecho. "No Scotland no party" ("Sin Escocia no hay fiesta"), es el título y el concepto principal: sin ellos, nada es lo mismo. El guiño maradoneano no está en la letra, pero sí en la melodía: es la de "La mano de Dios", la canción de Rodrigo que al propio Diego fascinaba. La presencia de Maradona, otra vez.

La campaña en la Euro 2024 fue peor de lo esperado, aunque no apagó la ilusión de volver al Mundial. Escocia afrontó las Eliminatorias con ambiciones, renovada jerarquía en el plantel y también con la ayuda celestial de Maradona, una ayuda que también habían tenido la Selección Argentina en Qatar 2022 y Napoli en la Serie A 2022/23.

Después del paso a la eternidad de Maradona, dos de sus camisetas más queridas rompieron sendas rachas sin éxitos. Argentina se consagró campeón del mundo por primera desde aquel glorioso 1986 y Napoli ganó el Scudetto también por primera vez desde el anterior título con él como capitán. Como si ambos hubieran necesitado su impulso celestial para volver a la victoria. Por eso, el éxito de Escocia era fácil de adivinar.

La relación entre el fútbol escocés y Argentina es tan larga como el juego del fútbol mismo. En Buenos Aires, los verdaderos maestros fueron escoceses y no ingleses. El padre del balompié nacional es Alexander Watson Hutton, un maestro de escuela nacido en Glasgow que impulsó el desarrollo del deporte y lo masificó. El estilo argentino es en realidad una deformación arrabalera del estilo escocés.

Mucho después de Watson Hutton y sus andanzas en el Rio de Plata pero un poco antes de Malvinas y de Maradona, Escocia vivió en Argentina el mejor Mundial de su historia. Es cierto que jamás superó la fase de grupos, pero en 1978 logró un triunfo que todavía se recuerda en todos los pubs del país. En Mendoza y con un gol histórico de Archie Gemmill, le ganó 3-2 a Países Bajos, luego subcampeón. Para la selección escocesa, Argentina también tiene ese sabor a gloria.

Por todo esto, la identificación con Maradona era fatal. Su encono patriótico con Inglaterra no hizo más que ponerla en evidencia. Y este plantel que será mundialista, además, tiene un componente maradoneano más. El líder futbolístico del equipo es Scott McTominay, talentoso mediocampista formado en Manchester United y nacido en Inglaterra que decidió representar a la nación de su padre.

Hace poco menos de dos años, McTominay fue fichado por Napoli, donde en su primera temporada ganó el Scudetto como gran figura. Un escocés en la alborotada costa del Mediterráneo al sur de Italia no parece ser una decisión de lo más usual, pero Antonio Conte vio algo que nadie más vio y entonces los tifosi que aún hoy veneran a Maradona también idolatran al escocés McTominay.

Al final, el fútbol es una religión que permite tener dioses compartidos. Diego no necesitó nacer en las Highlands ni en las Lowlands para que la Tartan Army lo adoptara como un general propio en su guerra simbólica contra ejércitos más poderosos. Su bendición cayó sobre este equipo que, tras 28 años de penurias, vuelve a una Copa del Mundo con una melodía argentina en la garganta. Que un escocés hoy brille en Napoli mientras su selección recupera la gloria perdida es un guión que solo él pudo haber escrito. “Aye, that’ll be coincidence”, dicen con ironía en Escocia cuando algo es demasiado perfecto para ser solo una casualidad. Pero ellos saben mejor que nadie que, cuando Diego se propone un milagro, la casualidad es apenas un disfraz del destino.