Cómo hizo Australia para transformar su lugar en el fútbol mundial

Las playas de Coffs Harbour siempre fueron un destino para el disfrute de los australianos. El 11 de abril de 2001, el fútbol de Australia disfrutó demasiado en esa ciudad balnearia. Fue una victoria amarga. Una goleada histórica que, a la vez, era señal de que había que hacer cambios drásticos. Esa noche, Archie Thompson hizo 13 goles y los Socceroos aplastaron 31-0 a una inexperta Samoa Americana. "Avasallarlos de aquella manera no estuvo bien”, recuerda. Australia confirmaba un absoluto dominio en Oceanía, pero seguiría sin poder llegar al Mundial. Era evidente que estaban compitiendo en el torneo equivocado.

Australia en la jaula de oro de Oceanía

El problema estaba claro. Australia era la mejor selección de Oceanía con margen. Dominaba a nivel clubes y selecciones en el continente al que pertenece geográficamente. Pero cada vez que intentaba competir fuera de esos límites no daba la talla. Llegaba hasta la puerta de la Copa del Mundo, pero nunca podía entrar. Se repetía su presencia en el repechaje mundialista y, también, su derrota (Ante Irán para Francia 1998 y ante Uruguay para el Mundial 2002).

En eso de ser cabeza de ratón, los australianos entendieron que debían ser la cola del león. Ser el mejor de los peores no los estaba llevando a ningún lado. Aquella goleada insólita empezó a mover las piezas para que la federación australiana se pase a la Confederación Asiática de Fútbol. Pero fue una medida de la FIFA, que en 2003 anuló la decisión de darle a Oceanía un cupo directo al Mundial, la que terminó forzando la mudanza. “Es poco probable que Australia hubiera impulsado ese movimiento si hubiese tenido una clasificación casi garantizada a través de la OFC”, admite Joey Lynch, periodista de ESPN Australia.

El cambio de confederación coincidió con una reforma profunda en las estructuras del fútbol australiano. Luego de fallas constantes en términos organizativos y de gestión, Australia finalmente decidió profesionalizarse. Además de competir contra seleccionados asiáticos, se creó una nueva liga local que debía abastecer al equipo nacional con talentos mejor formados.

“Este cambio fue definido como ‘viejo soccer contra nuevo football’”, relata Lynch. La National Soccer League, que existía desde 1977, dejó lugar a la actual A-League, que comenzó en 2005. Al soccer jugaban clubes vinculados con las colectividades europeas que se radicaron en Australia durante el siglo XX. Entre sus equipos aparecían nombres como Hellas, Croatia, Alexander o Juventus. Al fútbol empezaron a competir nuevos equipos, vinculados a las grandes ciudades del país. El formato, paradójicamente, era parecido al de la MLS de Estados Unidos, una liga cerrada con tope salarial.

Australia encontró los resultados que buscaba de forma inmediata. “La clasificación de los Socceroos al Mundial 2006, el lanzamiento de la A-League y el paso a Asia representaron lo más cercano a un nuevo comienzo que iba a tener el fútbol australiano”, afirma Lynch. Desde entonces, en apenas dos décadas, se consolidaron como un participante recurrente en la Copa del Mundo. Un seleccionado respetable, al que muchos preferirían no tener que enfrentar.

Las lecciones asiáticas de Australia: perder, aprender y competir

Participar en las Eliminatorias de Asia puso a Australia en un nuevo ecosistema futbolístico. Uno más complejo y exigente, que les permitió evolucionar. Los australianos dejaron atrás las goleadas récord y pasaron a convertirse en un seleccionado que debía esforzarse al máximo para conseguir resultados.

El fútbol australiano mutó, también, con esta mudanza. Su juego perdió algo de brillantez y mucho de ingenuidad. Desarrolló un orden táctico superior, mejoró físicamente y creó una disciplina colectiva más aplicada.

Pero no todas las decisiones fueron exitosas. La nueva liga tuvo efectos negativos en el desarrollo juvenil que, según Lynch, todavía persisten en el fútbol australiano. Los clubes comenzaron a operar sin estructuras formativas y eso limitó la aparición de nuevos talentos.

Eventualmente, el sistema corrigió esto: “Los clubes finalmente desarrollaron sus propios sistemas juveniles, lo que permitió la aparición de jugadores como Jordan Bos (nacido en 2002) y Alessandro Circatti (2003)”, cuenta Lynch. Y, a eso, hay que agregar las nuevas olas migratorias que modificaron la matriz social australiana y permitieron la aparición de cracks como Nestory Irankunda (2006).

Más allá del juego y la formación, Australia creció políticamente al sumarse a la AFC. En 2015, organizó y ganó la Copa Asiática. Su seleccionado se volvió muy rápido un protagonista habitual en Asia y se insertó con fuerza en la toma de decisiones de la federación asiática. “El fútbol australiano creció en presencia e influencia desde su llegada a Asia”, dice Lynch. Y lo más importante, agrega el periodista de ESPN, desde entonces “se clasificó a todos los Mundiales”.

Qatar 2022, la Copa del Mundo que legitimó el crecimiento de Australia

Si hay que elegir un Mundial de esos a los que Australia clasificó de forma consecutiva, desde su cambio de federación en 2006, ese es el de Qatar 2022. Los Socceroos llegaron sin mucho brillo pero con un plan de juego muy claro: incomodar. Y si hay que elegir un partido, el mejor ejemplo es el que jugaron en octavos de final, cuando cayeron eliminados ante Argentina, el futuro campeón.

Aquella noche en Doha, Argentina partía como claro favorito. Y asumió esa obligación desde el comienzo. Australia aceptó su rol de dominado sin complejos. Se defendió bien durante más de media hora. Compitió y resistió. Cuando Argentina pasó al frente, con los goles de Lionel Messi en la primera parte y de Julián Álvarez en el complemento, los australianos no bajaron los brazos. Empujaron hasta el final y pudieron empatar. Dibu Martínez tuvo que hacer una de sus mejores atajadas en el torneo para sostener el 2-1 hasta el final.

Australia confirmó que ya no es un equipo sencillo. El partido ante Argentina sirvió para mostrar un bloque compacto en defensa, un fútbol físico e intenso. Una mentalidad competitiva que ya no se conforma con participar sino que busca la victoria, con las armas de las que dispone. La derrota ante el seleccionado que luego ganó el Mundial sirvió para exponer el grado de esa evolución que ya lleva dos décadas. A diferencia de aquel 31-0 que hoy se podría ver como una derrota, esa caída 1-2 quizás sea vista en el futuro como un triunfo del fútbol australiano. Un certificado de calidad y competitividad mundialista.

Mundial 2026: Australia quiere consolidar su evolución

En esta Copa del Mundo, Australia jugará su sexto Mundial consecutivo de los siete en los que participó. No hay mejor dato para confirmar el éxito de esa decisión de pasar a la federación asiática. Pero los australianos ya no se conforman con llegar. Ahora, el objetivo es consolidar este crecimiento y transformarlo en algo histórico.

Está claro que en estas dos décadas, Australia consiguió estabilidad en sus estructuras futbolísticas. También, ganó en capacidad para competir y eso le dio continuidad en el escenario mayor del fútbol. Integrarse a una competencia más exigente le permitió ganar experiencia y mejorar el nivel de sus futbolistas. Ahora tiene mucho sobre lo que construir un futuro exitoso. “Esta puede ser la Copa del Mundo en que Australia llegue verdaderamente lejos. No sé por qué habría que esperar más”, afirma Tony Popovic, su entrenador.

Los 12.084 km que separan a Coffs Harbour de Vancouver, donde debutarán en el Mundial 2026 ante Turquía, son una distancia similar a la que hay entre aquel seleccionado y este. Australia cambió mucho en este siglo. Su fútbol ya no golea a equipos menores y es aplastado por las potencias. Ahora, los australianos molestan a esos equipos candidatos y antes rivales muy menores ya ni se enfrentan. Las lecciones de las derrotas en Asia, las profundas modificaciones en su estructura futbolística y la constante presencia en la Copa del Mundo han modificado su presente. Ahora, Australia sabe a lo que juega, sabe de dónde viene, y tiene muy claro hasta dónde quiere llegar.