Obdulio Varela (1917 - 1996) pudo relatar en diferentes entrevistas cómo fue la gesta de la Selección Uruguaya en la Copa del Mundo Brasil 1950 y brindar varios detalles del histórico Maracanazo, el triunfo más épico en la historia de los Mundiales de fútbol.
El último partido de la fase final de esa Copa del Mundo se jugó en el estadio Maracaná de Río de Janeiro y Brasil tenía la posibilidad de consagrarse campeón como local con un empate o una victoria. El equipo anfitrión se puso en ventaja a los 47' con gol de Friaça; pero la Celeste lo dio vuelta con tantos de Juan Alberto Schiaffino (66') y Alcides Edgardo Ghigghia (79').
“La gente cree que en Maracaná fue todo perfecto”
“¡Hay tantas ingratitudes! La gente cree que en Maracaná fue todo perfecto, que todos cincharon parejo para ganar porque después el reparto de medallas alcanzó para todos. De oro para los dirigentes y de plata para nosotros, eso sí”, expresaba Varela por ejemplo en una entrevista con Carlos Sotos para el capítulo Los Caudillos de la revista 100 años de fútbol publicada en diciembre de 1969.
Y afirmó sobre los directivos que formaron parte de la delegación: “Mire, un dirigente, unos tres días antes de la final, lo llamó al Omar (Míguez) y le dijo 'lo principal es que esta gente no nos haga seis goles. Con cuatro estamos cumplidos'. Los muchachos me contaban lo que pasaba y cuando me lo vino a decir le pregunté por qué no lo había echado del hotel. Es lo que correspondía”.
“Y en el vestuario hubo instrucciones parecidas. 'Guante blanco' dijeron. 'Estamos cumplidos' jugando la final. Recién cuando estuvimos en la mitad de la cancha, los jugadores nos pusimos de acuerdo. Los de afuera son de palo. Cumplidos sólo si éramos campeones. Y las cosas se dieron así. Por casualidad, pero se dieron”, destacó.
La final y el gran partido de Ghiggia
“¡Cómo jugó ese chiquilín! ¡Nunca vi a un puntero jugar así! Imparable de veras, guapeando, viniendo a buscar la pelota atrás, siguiendo al half. Y no fue solo contra los brasileños, sino en todos los partidos, donde hizo un gol. Igual de bien en el medio de la cancha y en el área. En Montevideo, estén seguros, no lo han visto jugar como lo hizo en Brasil, y eso es bastante difícil en este país”, aseguraba sobre Ghigghia en una nota publicada en el libro Obdulio. Más allá del mito, de Armando Méndez.
En esa entrevista, Varela también subrayó: “No puede haber distingos. Mirándolo bien, cada uno hizo su parte en gran forma… más allá de lo que se podía pensar. Si uno solo hubiese fallado, perdíamos. Pero eso no podía ser, ya que sabíamos que teníamos que ser campeones mundiales y entramos a la cancha decididos a serlo. Para algo teníamos la celeste encima, ¿no?”
“Cuando me puse la Celeste, fue como que me transformara, ahí entendí lo que era la patria”
En el artículo Las 100 frases de Obdulio Jacinto Varela, publicado en el sitio web Padre y decano y escrito por el periodista Wilson Méndez, se repasa las frases más significativas del capitán del Uruguay campeón de 1950.
“Yo estaba orgulloso de mí país a mi manera, estaba orgulloso de vestir la camiseta de Nasazzi y el Gallego Lorenzo Fernández. (...) Yo sentí el peso de las glorias pasadas y de la historia, lo que teníamos entre manos. (...) Antes del Mundial dije que volvíamos campeones o no volvíamos. Ese fue mi juramento de honor”, destacó sobre el valor de la camiseta celeste.
“¿Sabe lo que era la Celeste? Uno se ahogaba. Pesaban los recuerdos. Atrás estaba la gloria de Nasazzi y Lorenzo, no se podía perder. Un negrito pobre como yo que recién empezaba, escuchaba hablar a los mayores de la celeste y el pasado, se me erizaba la piel”.
“Cuando me puse la Celeste, fue como que me transformara, ahí entendí lo que era la patria. (...) Mi concepto de la patria se basaba en la alegría de la gente humilde con un partido de fútbol”, apuntó sobre la posibilidad de vestir la casaca de la Selección Uruguaya.
La pelota bajo el brazo después del gol brasileño y la empatía con los vencidos
Luego del gol de Brasil en 'la final de 1950' (aquel partido tuvo valor de final, pero estrictamente no fue así, al punto que con un empate Brasil era campeón), Varela frenó la euforia local y silenció a todo Maracaná al ir a protestar con la pelota bajo el brazo, enfriando el partido aún luego de haberse puesto en desventaja en el marcador.
“Me metí la pelota bajo el brazo y fui a protestar un órsay. El línea había levantado la bandera y después la bajó. Había que enfriar”, contó en Obdulio. Más allá del mito.
Horas después de haber ganado el Mundial, Varela decidió salir del hotel a dar una vuelta por Río de Janeiro y, recorriendo bares, comenzó a dimensionar la tristeza que la derrota había generado en los brasileños.
“Me dolía esa tristeza ajena, todo un pueblo sufriendo por culpa nuestra. En vez de insultarme, agredirme o algo así, me dieron su admiración y reconocimiento por el valor demostrado hace unas horas. Empezamos a tomar y brindar juntos. Luego comenzaron a caminar por la ciudad. ¡Vámonos a tomar acá, vámonos a tomar allá! ¡Caipirinha!”, expresó en el libro citado y escrito por Armando Fernández que así describió magníficamente esa escena: “Esta actitud de nuestro glorioso capitán es la historia de un vencedor que, sin saberlo ni premeditarlo, esa noche fue vencido por su propia victoria”.
“En un momento me llegó la tristeza y desolación por todo lo que vivió el pueblo brasilero, arruinamos su fiesta. Brasil es un ejemplo, de aquella derrota lograron mejorar mucho, creo que la valoraron más que nosotros”, reconoció Obdulio en otra entrevista.
