El Mundial 2026 de Argentina: una gran ilusión y un sueño roto

NUEVA JERSEY (Enviado especial) – Qué difícil es arrancar el día después de perder una final. Sobre todo para los protagonistas, que pusieron el cuerpo durante 50 días en pos de un objetivo que se escapó por poco.

Así se los vio salir del Estadio Nueva York Nueva Jersey, caminando cabizbajos, por una puerta lateral que les habilitó la organización para gambetear la zona mixta, mientras los periodistas intentaban levantarles el ánimo antes de que se subieran en silencio al micro.

También es complejo para los hinchas, que pasaron de la ilusión sin límites a una tristeza sin consuelo. La Selección Argentina perdió por 1-0 en el alargue de la definición del Mundial 2026 y no hay nada que objetar: España es un merecido campeón.

No se puede borrar con el codo lo que se escribió con la mano. Más allá de una derrota dolorosa y sin atenuantes, se impone el agradecimiento para un grupo que le regaló un mes y medio inolvidable a su gente. Esta vez, del segundo sí se acordarán sobre todo por la histórica victoria contra Inglaterra en semifinales y remontadas previas que generaron abrazos y festejos en las calles.

Tan cerca y tan lejos de alcanzar el bicampeonato

Argentina no pudo ser Argentina en el partido más esperado. Debió conformarse con tratar de contener el poderío rival. De no ser por la gran actuación de Dibu Martínez, la final se podría haber resuelto mucho antes.

La falta de fluidez en el juego, las lesiones que condicionaron los cambios y la expulsión de Enzo Fernández lo hicieron todo más cuesta arriba. La búsqueda fue llegar a los penales, pero la resistencia tuvo un límite. Giuliano Simeone tuvo la chance de empatarlo, pero esta vez no hubo milagro posible.

Atrás quedó el debut con triplete de Lionel Messi ante Argelia en Kansas City, su doblete ante Austria y otro grito ante Jordania en Dallas. El sufrido triunfo ante Cabo Verde en suplementario, la memorable remontada contra Egipto, otro tiempo extra frente a Suiza y la ya mencionada semi ante Inglaterra, que se dio vuelta con tanto coraje como buen fútbol.

Ese fútbol que escaseó justo en la final. Un 32 por ciento de posesión, apenas 2 remates y ninguno al arco. Se sabe, no se puede ganar siempre. Y este equipo venía de festejar en cuatro finales al hilo.

Arranca una nueva era. Ya sin Otamendi y a la espera de saber cuántas funciones le quedan a Messi con la celeste y blanca. Un Leo que, con 39 años, fue la gran figura de la Selección en la Copa del Mundo. También habrá que estar atento a la decisión que tome Lionel Scaloni en diciembre respecto a su continuidad.

Esa será otra historia. Ahora es tiempo de procesar el dolor. De corregir lo que se deba sin olvidarse de los aciertos. De valorar el camino y agradecerle a una Selección que supo representar el gen argentino.