Darwin Núñez y Giorgian De Arrascaeta superaron a un histórico y legendario jugador de la Selección Uruguaya en la tabla de goleadores de la Celeste.
Con sus respectivos goles en el amistoso ante Corea del Sur, el delantero nacido en Artigas y el mediapunta oriundo de Nuevo Berlín superaron así la línea de 13 goles marcados por Carlos Bueno y el Vasco Pedro Cea.
Al marcar un segundo gol, Núñez también superó a Darío Silva, Roberto Porta y Julio César Abbadie, y alcanzó los 15 de Waldemar Victorino, Ruben Sosa y el Manco Héctor Castro.
¿Quién fue el Vasco Cea? ¿Y por qué le decían el empatador olímpico?
José Pedro Cea nació en Montevideo el primero de setiembre de 1900, y falleció en la misma ciudad el 18 de setiembre de 1970.
El Vasco Cea defendió a la Selección Uruguaya entre 1923 y 1932, jugó 26 partidos, marcó 13 goles y obtuvo varios e importantes títulos: ganó las ediciones de 1923 y 1924 de la Copa América, los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, y el Mundial de 1930.
Fue apodado el empatador olímpico por una interesante estadística: primero, por las semifinales de los Juegos Olímpicos de París 1924, marcó el 1 a 1 parcial ante Países Bajos (luego Uruguay ganaría 2 a 1), y en Ámsterdam 1928 empató nuevamente en las semis de los Juegos Olímpicos (otra vez anotó el transitorio 1 a 1), en este caso ante Italia, elenco vencido finalmente por 3 a 2 por Uruguay.
En el Mundial de 1930 (donde anotó cinco goles siendo el máximo goleador de Uruguay en este certamen), Cea revalidó su fama de ‘empatador’ en otros dos partidos: en las semifinales ante Yugoslavia, marcó el 1 a 1 parcial a los 18’ (luego anotaría otros dos goles y Uruguay se impuso por 6 a 1), y en la final ante Argentina, el Vasco convirtió el 2 a 2 transitorio (la Celeste terminaría ganando 4 a 2 para consagrarse otra vez campeón del mundo).
En la revista La Copa América, editada por El País (de Uruguay) en 1995, se afirmó sobre Cea, quien jugaba como insider/volante interior izquierdo: “Marcaba, dribleaba, pasaba, se destapaba, preparaba las corridas demoledoras de Petrone, ayudaba a su centrehalf… Y hacía goles en los momentos en que más se necesitaban. Ese oportunismo fue una constante de toda su andadura, y con los años lo convertiría en el hombre que tuvo siempre el salvavidas pronto para impedir que un score adverso hiciera naufragar a la nave compatriota. Allí donde se fuera perdiendo por un tanto, llegaba el empate milagroso del vasco enorme”.
“Singular caso de regularidad, nunca debió ser suplantado: las lesiones no se habían inventado para su vigoroso físico, y los altibajos del juego tampoco. Su comportamiento dentro del field le colgó otra medalla: no sufrió una sola expulsión. Su imagen sonriente está impresa en las mejores enciclopedias del fútbol mundial: sonriente, sí, porque en definitiva, ‘el empatador olímpico’ era un tango macho, cantado con fervor en homenaje a la vida”, se destacó en la publicación citada.
Así definió la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) al Vasco: “Delantero con gran visión de juego, tricampeón Mundial y bicampeón de América con La Celeste”.
A nivel de clubes, Cea jugó en Lito, Bella Vista y Nacional.
