¿Crees que conoces la rivalidad entre EE. UU. y México? Es complicada

La antigua rivalidad entre los equipos nacionales de Estados Unidos y México está por entrar en pleno hervor el 11 de junio, cuando EE. UU. viaje al Estadio Azteca para enfrentar a El Tri en un partido clasificatorio para la Copa del Mundo.

Los jugadores de ambos equipos tratarán de escribir un nuevo (y se espera que triunfal) capítulo que catapulte la campaña de su equipo en las eliminatorias de la Copa del Mundo, a la vez de grabar sus nombres en el historial del que tal vez sea el partido más intenso de América del Norte.

Pero hay un selecto grupo de jugadores que han vivido la rivalidad de una manera muy diferente. Para ellos, no se trata solamente de un evento que ocurre una o dos veces por año, sino de uno que se vive con mucha más frecuencia. Son jugadores que juegan al fútbol en clubes del país de su “rival”.

Es una dinámica que ha visto un flujo mayor de jugadores de Estados unidos a México que en sentido inverso. En el recién terminado torneo de Clausura de la Liga MX, hubo al menos 15 jugadores relacionados con EE. UU. jugando en clubes mexicanos, y todavía más en el segundo nivel de México, Ascenso MX.

En la MLS, hay actualmente siete jugadores mexicanos aunque históricamente, la MLS ha tendido a importar jugadores mexicanos de renombre como Giovani dos Santos, Rafa Márquez y Cuauhtémoc Blanco. También ha habido una fiera competición por las jóvenes promesas, a raíz de la cual los clubes de ambos países han tratado de incorporar a sus academias a jugadores con doble nacionalidad.

El jugador que posee tal vez la experiencia más profunda en "territorio rival" es el ex jugador internacional de EE. UU. y actual comentarista de televisión de ESPN, Hérculez Gómez. Gómez pasó parte de seis temporadas jugando para una media docena de clubes de México, a la vez que representaba internacionalmente a Estados Unidos.

Incluso llegó a empatar el título de goleador de la Liga MX en 2010, convirtiendo 10 goles esa temporada para Puebla. El hecho de que los padres de Gómez hubieran nacido en México no influyó mucho; él fue considerado un estadounidense. Cuando él representó a EE. UU. a nivel internacional esa visión se consolidó, especialmente en las cercanías de un Clásico.

"Al principio, como en cualquier equipo nuevo, uno no solo debía ganarse el respeto de sus compañeros de equipo, sino también el de los fanáticos y el de la organización", dijo. "Así que uno todavía era considerado un extraño. Uno era considerado un 'gringo', pero una vez que uno demostraba lo que valía, pasaba a ser su 'gringo.' Eso sucedía en una semana normal. Pero cuando se trata del Clásico, y de México contra Estados Unidos, uno llega a escuchar y entender la importancia que tiene para ellos".

Gómez también tiene la exclusiva perspectiva de haber jugado contra clubes de la MLS en la Liga de Campeones de la CONCACAF, habiendo comprobado de cerca lo encendidos que se ponían sus compañeros antes de los partidos contra los clubes del norte.

"Estaríamos en los vestuarios antes de jugar contra un equipo de la MLS y me decían todo tipo de cosas... Por ejemplo: ‘¡Este es nuestro deporte! Ellos pueden tener el fútbol americano, pueden tener el básquetbol, pueden tener el béisbol. Esto es j-----mente nuestro’. Y yo pensaba ‘Oh, dios mío. ¿Es esto lo que pasa cuando juegan contra el equipo nacional masculino de Estados Unidos?’.

"Luego, yo iría a ver al equipo de EE. UU. y también decían cosas. 'Vamos muchachos, sabemos de qué se trata este equipo. Vamos a ganarles j----mente a ellos'. Esto a veces me originaba una experiencia extracorpórea con estos dos equipos. Era una posición única la mía. Me sentía casi como un enemigo oculto en ambos lados. La manera en que esos tipos se tomaban las cosas, era realmente surrealista a veces".

La vida hogareña de Gómez le daba un poco de respiro, pero no demasiado, ya que su esposa, Elsie, es mexicana y gran admiradora de El Tri.

"Ella me apoyaba si yo jugaba, entonces estaba a favor de EE. UU.", dijo él. "Pero México es su tierra natal. Ella creció mirando al equipo, conocía la historia de 'Dos-a-Cero.' No le gustó. Se burlaban de ella, pero a ella no le gusta".

Todos los jugadores estadounidenses que ESPN FC entrevistó para este artículo y que habían jugado al sur de la frontera, hablan bien de su experiencia allí. Recuerdan los partidos ganados y las amistades que perduran y en general admiran la cultura del fútbol que existe. Pero también recuerdan que eran visitantes en un país cuya relación con su vecino del norte ha estado cargada de tensión durante décadas; algunos internacionales mexicanos han llevado esa antorcha más tiempo que otros.

El actual director técnico de los San José Earthquakes, Dominic Kinnear, pasó una temporada solitaria, ganadora de títulos con el Necaxa en 1995. Todavía conserva amistades con sus ex compañeros de equipo Ignacio Ambriz y Ricardo Peláez, pero en esa época miraba con recelo a Alberto García Aspe, un tenaz mediocampista en el club y en el equipo nacional.

"García Aspe era el único tipo que realmente me preocupaba en las prácticas diarias", recuerda Kinnear. "Creo que era su personalidad, pero no ayudaba el hecho de que yo fuera el estadounidense del equipo. Me llevaba bien con él, pero creo que siempre se esforzaba para estar cerca mío cuando yo tenía la pelota. Si alguien me estaba marcando durante una práctica, García Aspe aparecería para sacar a ese jugador del medio para poder marcarme. Y cuando uno lo ve jugar contra Estados Unidos, él demuestra esa naturaleza competitiva interior. ¿La rivalidad con México? Él era una gran parte de eso".

Según la experiencia de Gómez, él encontró como una división generacional en términos de la intensidad con que se sentía la rivalidad EE. UU./México entre los jugadores de El Tri. El único recuerdo de la generación más joven es considerar a los jugadores de Estados Unidos como iguales dentro del campo.

Fue la generación anterior la que experimentó el crecimiento de EE. UU. como potencia regional en las décadas de 1990 y 2000, que fue coronada por la victoria sobre México en las etapas eliminatorias de la Copa del Mundo de 2002.

"Con la generación mayor, había realmente un profundo – no quiero decir 'odio' – pero había rencor en los comentarios que pude escuchar", dijo Gómez.

Gómez recuerda cómo su entonces compañero de equipo en el Santos Laguna Osvaldo Sánchez le apostó $ 10,000 que EE. UU. perdería un partido amistoso en 2012 en el Azteca. El equipo estadounidense se impuso por 1-0, su única victoria hasta la fecha en el Azteca. No es necesario decir que Gómez ni siquiera intentó cobrar la apuesta.

"Es gracioso, porque hay muchas declaraciones previas", dijo. "Después que perdieron, actúan como si tú no existieras en ese momento. Ni siquiera te dan la satisfacción de reconocer que les ganaste. Así que es extraño. La persona que me apostó esos $ 10,000 no me dijo una sola palabra después. Ni siquiera, 'ustedes tuvieron suerte' o 'ustedes jugaron bien'. Fue solo un profundo silencio".

Dos Santos forma parte de la nueva generación. Él admite hacer bromas amistosamente con sus compañeros de equipo en LA Galaxy e integrantes del equipo nacional de EE. UU. Jermaine Jones y Gyasi Zardes en los días previos a un Clásico, pero sin ser desagradables. Está disfrutando su experiencia en Estados Unidos donde juega desde 2015.

"Jugar en Estados Unidos ha sido una increíble experiencia para mi", dijo a través del teléfono. "Siempre digo que me siento como en casa, porque hay muchos mexicanos y personas latinas. Me siento excelente. Creo que estoy en el mejor momento de mi carrera".

Al sur de la frontera, la experiencia ha sido distinta. Los jugadores que se dirigen al sur tienden a ser más jóvenes. Sus futuros son más inciertos y la competición es salvaje. En una entrevista de 2016 con ESPN FC, el defensor del club Tijuana Michael Orozco recordaba cómo su decisión de jugar para Estados Unidos le ocasionó sinsabores durante una carrera que se desarrolló casi totalmente en México, lo mismo que el gol que convirtió en el Azteca para darle a EE. UU. la victoria antes mencionada.

También escuchó rumores que dichas hazañas fueron usadas como excusa para dejarlo fuera del equipo titular en Tijuana, aunque finalmente se impuso al entonces director técnico, Miguel Herrera.

"No era que me lo dijeran directamente, pero había indicios que esa era una de las razones por las que yo no jugaba", dijo Orozco. "Pero no le di ninguna importancia. Yo seguí trabajando, seguí entrenando en sesiones dobles para estar en buenas condiciones físicas, de manera de estar preparado para cuando llegar mi momento de jugar".

El actual jugador internacional de Estados Unidos Paul Arriola también juega para el club Tijuana, justo al otro lado de la frontera de San Diego. Es un club con un sabor internacional, ya que incluye 10 jugadores argentinos y seis estadounidenses en su primer equipo. Arriola reconoce que han habido bromas de sus compañeros de equipo mexicanos, Yasser Corona y Gibrán Lajud, pero que en otros lugares del país esto puede ser más intenso.

"Nunca ha escuchado comentarios racistas o prejuiciosos aquí en Tijuana, ya fuera del equipo contrario o de nuestro propio equipo", dijo Arriola. "Pero en cualquier otro lugar de México, el 100 por ciento está todavía allí. Escuchas el 'gringo' y todas las palabrotas que se dicen al jugar en México. Te llaman 'muchacho blanco' u otras cosas. Eso sucede en cualquier lugar de México.

"Los peores momentos para mí ocurren en los partidos en los que estoy en el banco y luego tengo que comenzar a calentar antes de entrar; uno está justo ahí, cerca de los fanáticos. En esos momentos es cuando escucho lo peor, especialmente contra Chivas. Ahí es cuando más insultos he recibido, debido a la pasión de los fanáticos de Chivas y al hecho de que todos sus jugadores son mexicanos. Siendo un estadounidense, cuanto más se adentra uno en México, mejor se comprende la rivalidad".

Cuando se le pregunta a Dos Santos si ha experimentado alguna hostilidad, especialmente durante los viajes como visitante, responde que ese no ha sido el caso. "Los fanáticos en Estados Unidos han sido excelentes", dijo Giovani. "Han sido normales. Cuando viajamos a partidos como visitantes, los fanáticos del otro equipo alientan a su propio equipo. Pero no me he sentido nunca incómodo, solo las cosas normales".

Arriola ha visto que el "efecto Trump" se desarrolló hasta cierto punto. Primero había curiosidad, y no justamente de sus compañeros de equipo mexicanos. Luego, comenzaron las bromas. "Sin duda hay muchas más bromas. Diría que las bromas probablemente aumentaron bastante más del 200 por ciento", dijo Arriola por teléfono. "Y eso solo dentro del club. No puedo decir qué es lo que ocurre en las calles".

Arriola dijo –desde luego que riéndose– que Herrera, su anterior director técnico en el Tijuana, lo llegó a llamar "Hijo de Trump" porque "soy el tipo más blanco aquí". El hecho de que Arriola haya tenido un éxito creciente en el campo de juego, con 31 participaciones desde agosto último, le ha permitido tolerar las bromas. "Herrera haría ese tipo de bromas. Orozco también", dijo.

"Así que pensaron que sería divertido decir que soy el hijo de Trump. Son cosas pequeñas como esa. Pero ahora las personas están mucho más alertas y más conscientes que antes sobre lo que sucede, especialmente aquí en Tijuana".

Si bien Sánchez puede haber apostado $ 10,000 a Gómez, la realidad es que no hay apuestas, ni siquiera las amistosas como una cena. "Nadie va a querer cenar conmigo después de que Estados Unidos derrote a México", dijo Gómez. "No es una apuesta amistosa".

"Son partidos especiales", dijo Dos Santos. "Sabemos que la rivalidad es enorme. Creo que es la rivalidad más grande de esta región. Desde luego, la motivación es del 100 por ciento en este tipo de partidos, y la pasión que uno siente antes y durante el partido es increíble".

Y para aquellos jugadores que se desempeñan en territorio de la oposición, el sabor de la victoria es mucho más dulce.

Jeff Carlisle cubre la MLS y al equipo nacional de EE. UU. para ESPN FC. Sígalo en Twitter @JeffreyCarlisle.