La multitudinaria celebración tras la conquista de la ‘decimotercera’ del Real Madrid concluyó con un grito contundente: “¡Cristiano, quédate!” y una especie de promesa del portugués. Hasta el año que viene.
Fueron los propios jugadores los que micrófono en mano comenzaron directamente a pedirle a su compañero que no se marche. Acompañaron más de 80 mil voces, que ya desde media tarde calentaban la garganta.
“Esto para mí es muy importante; me siento a gusto con esa pasión que me han mostrado todo el tiempo, en la calle. Estos futbolistas que están aquí, el cuerpo técnico, que me motivan todos los días para ser el mejor profesional posible. A vosotros (aficionados), ¡muchas gracias¡”, dijo Cristiano Ronaldo desde el centro de la cancha del Santiago Bernabéu.
Un espectáculo de fuegos artificiales recibió este domingo al Tricampeón de Europa en la fiesta que puso broche de oro a la celebración del Real Madrid tras conquistar su tercera Champions League consecutiva tras vencer 3-1 al Liverpool en el encuentro disputado el sábado en Kiev.
Cristiano habría cimbrado al madridismo al insinuar, inmediatamente después de que concluyó el encuentro, que bien podía haber sido su último partido de blanco. “Fue muy bonito jugar en el Madrid”, había dicho.
Molestó al resto del plantel, pues escogió el peor momento posible y tanto en público como en privado se lo hicieron saber. Molestó más a la directiva, que si ya era reacia a ceder a sus exigencias para renovar, ahora lo es más. “Cristiano tiene cinco Champions. Como yo”, había dicho el presidente Florentino Pérez.
Sus palabras solo tuvieron efecto en gran parte de la afición, que no quiere perder a su estrella.
Cristiano optó por dar un paso atrás.
Pasó toda la tarde del domingo, durante las visitas a las instituciones gubernamentales de la capital española, la sede de la Comunidad de Madrid en la Puerta del Sol, y el Ayuntamiento de Madrid, y el paso del equipo por la catedral para asistir a una ceremonia religiosa, para congraciarse con sus aficionados. Sonriente. Y dando algo de tranquilidad.
Pero fue en la tradicional visita a la Plaza de la Cibeles, donde miles de aficionados acompañaron al equipo para que ofreciera el trofeo a la diosa para dirigirse a la afición con una especie de promesa. Cantó micrófono en mano “cómo no te voy a querer” antes de comprometerse a volver a celebrar en el mismo lugar. “¡Gracias y hasta el próximo año!”, gritó.
Lo perdonaron las miles de familias y jóvenes congregadas en el corazón de la capital. Y sus compañeros, ya en frío, le dedicaron mimos.
Y es que CR7 sigue siendo el rey en las gradas del Bernabéu. La ovación más estruendosa fue para él. Su nombre, el más coreado. Sus palabras, las que más resonaron.
“Qué puedo decir de esta afición que nos ha dado tanto cariño. Es un orgullo jugar en el club más grande del mundo”, dijo antes de que el resto de sus compañeros lo rodearan con un ruego público
“Cristiano, quédate”.
