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Julio Ribas: las increíbles anécdotas y locuras del Gladiador

Julio Ribas y sus increíbles anécdotas. EFE

Para entender a Julio hay que saber que inventó el entrenamiento del frío y decía que los cagones no podían ir a la barrera. Que hizo subir al 9 de su equipo a un ómnibus con una planta en la cabeza. Que mandó pintar de negro las bombitas y las paredes del vestuario visitante para que fuera “un ataúd”. Que cortó el pasto de la cancha de Sud América, fue preso por el fútbol, y amenazaba a sus jugadores con encerrarlos en un sótano con tarántulas.

Vuelve Julio Ribas, el Gladiador. Un entrenador que entiende y vive el fútbol de una manera muy particular y que tiene una carrera que construyó, desde abajo y a puro pulmón, plagada de historias y anécdotas memorables…

Para empezar a entender a Julio se debe saber que, todos los días de invierno, a las seis de la mañana, se paraba al borde de la piscina de su casa y gritaba: “¡Estoy en gueeerraaa!”. Y desafiando el frío se tiraba al agua.

Ribas es fiel admirador de la cultura de los guerreros. Su pensamiento lo avala: “¡Somos guerreros! ¡Guerreros de la vida! Los que entran a un estadio no son azafatas, ni modelos, son guerreros. El fútbol es vida o muerte, deportivamente hablando. Gano yo o gana el otro”, expresó cuando le tocó dirigir a Peñarol.

Pocos saben que su abuelo, Juan Pedro Ribas, se batió cinco veces a duelo. Una de ellas contra el entonces presidente de la República, Luis Batlle Berres. Julio era un niño y fue testigo de unos de esos preparativos.

El entrenamiento del frío

Cierta vez, dirigiendo a Bella Vista, Julio mantuvo una charla con sus jóvenes dirigidos a los que trasladó la importancia de ser profesionales. Allí asumieron el compromiso de que nadie saldría de su casa de noche.

Un buen día, Julio fue a la sede y al volver quedó perplejo al mirar a la parada de ómnibus de Br. Artigas y Garibaldi. Allí, paradito, estaba uno de los jugadores más importantes del plantel. Eran las 22:45.

Ribas se arrimó, paró la camioneta y el muchacho en cuestión se ilusionó con que el DT lo iba a llevar. Pero ocurrió lo contrario. El técnico lo miró y le dijo: “No, no, quería confirmar que era vos. Nos vemos mañana”. Y se fue dejando al futbolista como gato mirando la fiambrera.

Al día siguiente el Gladiador, como se lo conoce a Ribas, llegó al entrenamiento y le dijo al utilero: “Pantalones cortos, remeras y chalecos de verano para todos. No le des campera a nadie”. El hombre miró sin entender nada. ¡Era pleno invierno!

Julio tocó el silbato y se fue del Nasazzi. “Caminé rumbo al liceo Bauzá. Ahí hay una calle que es como diagonal, ¡y corre un viento! Y me quedé ahí parado mirando de reojo como los jugadores se miraban. No dije nada, estuve ahí como 10 minutos. ¡Un frío!”, reveló Ribas en el libro La culpa la tiene el técnico (Jorge Señorans, Ediciones B).

Al volver a la cancha, el Gladiador reunió al plantel y tomó la palabra: “A partir de ahora vamos a iniciar un nuevo entrenamiento, el entrenamiento del frío. Vamos a hacer toda la semana el entrenamiento del frío, porque uno de ustedes, que había prometido no salir, estaba ayer a las 11 y pico de la noche en una parada muerto de frío. Entonces lo miré y dije: “Este muchacho anda bien, anotó 13 goles, debe ser que anda tan bien porque entrena con el frío, así que esto lo vamos a copiar todos”.

Los jugadores se querían morir. Se miraron e imaginaron: ¡Todo el invierno entrenando sin ropa de abrigo! Al finalizar el movimiento, el jugador en cuestión tocó la puerta del camarín de los entrenadores y pidió disculpas.

Chiquito Vismara, el exutilero de Bella Vista, dijo que: “El loco Julio era un infierno. Estaba en todo. Te estudiaba hasta la barrera. Él decía que los cagones no podían ir a la barrera. Entonces en las prácticas entrenaba y los mataba a pelotazos. No se mueva nadie, decía. Después ya sabía quiénes iban a la barrera”, contó entre risas.

El 9 con la planta en la cabeza

Uno de los aspectos que marcan sus dirigidos es la forma en que los motiva Julio Ribas. Los cuentos y las historias sobre las cosas que hizo pasaron a formar parte de la leyenda como el día que sus jugadores cruzaron el arroyo Pantanoso caminando.

El propio Ribas contó una historia increíble en una nota que se publicó en la revista Bla en agosto de 2009.

Resulta que el goleador del equipo no le embocaba al arco. Llevaba seis partidos sin convertir y la preocupación ya comenzaba a ganar espacio en su mente.

Un día Julio lo agarró y le dijo clarito: “Vos no hacés goles porque tenés miedo”. El delantero negó que eso fuera cierto. “Sí, tenés miedo y por eso no pateás al arco. Pero no te preocupes, tenés una manera de superarlo”, le dijo el Gladiador ante la atenta mirada del jugador.

“Tenés que subir al ómnibus con una planta en la cabeza. Ahí se te va todo el miedo”. Se podrán imaginar la cara del 9. “¡Vos estás loco!”, le contestó. Pero Julio insistió: “No, tenés que hacerlo. Al principio vas a sentir mucha vergüenza, pero después vas a perder todos los temores”. Dicen que el 9 subió al ómnibus con la planta en la cabeza y al partido siguiente hizo dos goles.

Las tarántulas del Topo

El Gladiador dejó su huella en todos los clubes por donde pasó como la que vivió el entonces utilero de Liverpool, Álvaro Mario Pérez, popularmente conocido como el Topo.

Luego de un entrenamiento en Melilla el plantel regresaba en el ómnibus a Lomas de Zamora. El chofer tomó Camino de la Redención cuando de repente vieron a la distancia tres enormes tarántulas atravesando la calle. Julio las divisó y le pegó el grito al utilero: “¡Mirá Topo, pal que se porte mal!”. No contento con eso, le sugirió: “Vamos a llevarlas y las dejamos en el sótano de Lomas. El que se porte mal lo encerramos con las tarántulas”.

El Topo, un hombre de baja estatura, melena al viento, y que se caracterizaba por andar siempre nervioso corriendo atrás de los balones, lo miró con cara de incredulidad. Pero su rostro cambió cuando escuchó la orden de Ribas. ¡Paren el ómnibus!

“¡Y paró el ómnibus! Entonces me mira y me dice, ‘dale Topo, andá a agarrarlas’. No les miento, las tarántulas eran del tamaño de mi mano”, reveló el utilero de Liverpool.

¿Y qué pasó? El Topo quedó helado. Cuando reaccionó, lo miró al Gladiador e intentó hacerlo entrar en razón diciéndole: “Pará Julio, no seas malo, yo hago cualquier cosa, pero no me voy a bajar a agarrar las tarántulas esas”.

Pero Julio no tenía límites. Se dio vuelta y le gritó al Bomba Cáceres, que era su ayudante técnico, para que tomara las tarántulas. “Y allá nos fuimos para Lomas con las tarántulas. Yo no lo podía creer. Después las tiró. Pero siempre andaba diciendo que iba a mandar a los jugadores al sótano”, recordó el Topo.

De su pasaje por Liverpool quedan cientos de anécdotas. Como cuando hizo pintar las bombitas del vestuario visitante de negro para que se pareciera a un sarcófago.

“En las charlas yo les decía a los jugadores, el que venga a jugar acá tiene que ser un sarcófago, tiene que ser un ataúd, tienen que morir. Entonces dije, voy a pintar todo de negro, las cuatro paredes. Hice pintar las bombitas. No hay luz. No se veía nada”, recordó en el programa Sonríe de Canal 12.

La anécdota en la cárcel

En 1999, cuando desembarcó en Peñarol, muchos pensaron que Ribas cambiaría su modo de actuar, pero nada de ello ocurrió. Julio tenía salidas tan insólitas como atender el teléfono de línea que había en la concentración de Peñarol diciendo: “Trinchera Los Aromos, buenas tardes”.

A propósito de teléfonos, Martín García (uno de sus exdirigidos) contó una anécdota memorable cuando tuvieron que pasar unos días detenidos en Cárcel Central luego de una pelea en un clásico que tuvo a Ribas entre los protagonistas.

“Estábamos todos en el mismo piso de la cárcel y allí había un teléfono que era para el policía de guardia. Nosotros no lo podíamos utilizar. Una tarde el policía bajó a comprar unos cigarros y el teléfono empezó a sonar y sonar y nosotros desde la celda escuchamos al Loco Julio atender: ‘¡Estamos peleados con el mundo, no te das cuenta que no queremos hablar con nadie! ¿Quién llama?’. Nosotros escuchando desde la celda y de repente empieza a cambiar el tono… ‘Bueno sí, sí, bueno está bien, bueno Comisario no se va a volver a repetir, disculpe, disculpe’. Y cortó la llamada y dijo: ‘¡La puta madre, que cagada me mandé!”, reveló Tato García en el programa Hacha y Tiza de VTV.

Los guerreros de GIAM

Ribas tuvo un segundo pasaje por Peñarol en el año 2009. De cara a los trabajos de pretemporada el equipo se instaló en un hotel en el interior. Allí, el técnico colocó dos enormes pizarras blancas en un pasillo que era pasaje obligatorio para las habitaciones, donde dejaba sus mensajes...

“Si no podés emocionarte como cuando eras niño con el fútbol y con Peñarol, si te duele todo, estás cansado y no podés más, y pensás en dejar o no hacer nada, ¡¡¡ANDATE!!!! No hay fuego sagrado. Podés firmar aquí abajo y acostarte en sábanas de seda con un pijamita con elefantitos y ositos y no tener dolor, no sufrir, no exigirte”, rezaba uno de los carteles.

En otro se podía leer: “Peñarol es sentir la agonía de cada entrenamiento, es sentir que morís, para poder sentir la felicidad de ser campeón. Los guerreros GIAM eran invencibles, su sistema el más simple, peleaban con sus enemigos de frente y el mar a su espalda. Ganaban o morían ahogados”.

Los apodos

Otra de las características de Julio es cambiar los apodos de sus dirigidos. De hecho, Diego Alonso (uno de sus discípulos) le cambió el apodo a Federico Valverde, quien en 2022 bajo la dirección técnica de Alonso en la Selección Uruguaya pasó de Pajarito a Halcón.

El sobrenombre de un deportista tiene que ser el de un guerrero. Los guerreros en la mitología griega y todas las demás –los charrúas, los aztecas, los guerreros germanos, los vikingos-, ¿con qué se identificaban? ¡Con un toro, un águila, un búfalo! No se identificaban con un conejito, un ratoncito, un pajarito. Vos no podés tener a un jugador que le digan Pajita, porque el rival lo primero que se va a preguntar es ¿y por qué le dicen Pajita?”, argumentó Ribas en la revista Bla.

¡Ni su hijo se salvó!

La carrera de Ribas tiene una particularidad: le tocó dirigir a su hijo Sebastián. Ocurrió en el año 2006 cuando fue con Juventud de Las Piedras a disputar el torneo internacional juvenil de Viareggio.

El club canario era ignorado. Es que había concurrido por invitación, estaba en la B y era un cuadro del interior. Y a Julio se le ocurrió la idea de sacar provecho de esa situación.

Arrancó el torneo, Juventud empezó a ganar, pero la prensa los seguía ignorando. Y Ribas se mandó otra de las suyas…

“¡No quiero ómnibus!”, ordenó el entrenador y hacía caminar todos los días a sus dirigidos al lugar de entrenamiento. Los jugadores se molestaron acusando a la organización. Y Julio comenzó con su tarea. “Tenemos que ir caminando porque no nos mandan el ómnibus, así son estos”, decía.

Lo cierto es que Juventud fue superando etapas y llegó a la semifinal contra el Siena. En el primer tiempo el equipo fue una lágrima. Ribas volvió al camarín y arrancó la charla.

“Bueno no está tan mal porque si con 10 estamos empatando…”, disparó ante la atónita mirada de todos porque el equipo no estaba con 10. “Estamos con 10”, reiteró mirando a su hijo.

Juventud entró para el complemento y a los pocos minutos gol de Sebastián Ribas. “Me miró de reojo cuando lo gritó. Al rato agarró otra pelota, pum, gol. Nos pusimos 2 a 0 con dos goles de él. Me bailaba y me miraba de reojo como diciendo tomá gil. ¡A mí qué me importaba!”, recordó Julio.

En determinado momento del juego Sebastián quedó cara a cara con el golero del Siena. Se la picó, el guardameta se quedó parado y atajó.

¡Para qué! “Le entré a gritar, ¡te aburriste! El loco (su hijo) ni me miraba y más me calenté. En una se acerca a pedir agua. Viene caminando haciéndose el personaje y me calentó. ¡Pidiendo agua! ¡Qué pedís agua! ¡Hacé cinco goles más!”, le gritó Ribas a su hijo.

Cuando quedó parado al lado de su hijo, Julio le susurró: “Sos un hijo de puta”. Y el delantero lo miró y le dijo: ‘Es tú esposa’. Inmediatamente llamó a uno de los suplentes: “¡Salí! ¡Dale, pa’ afuera! Cuando lo saco me pasó por al lado y le tiré una patada. Él dice que le pegué. Y vendió que me enojé porque la picó. No, ¡me enojé porque fue pillado! ¡Y uno tiene que ser un asesino en el área!”, concluyó Ribas.

Un gladiador en Omán

En el año 2008 Ribas fue designado como entrenador de la selección de Omán. Y allá se fue el Gladiador.

El profesor Julio Gioscia reveló en la Caja Negra de TV Ciudad que previo a un partido Julio brindó una charla donde dijo a los jugadores que tenían que meter, y se apasionó tanto que, en determinado momento de la arenga, se tomó los genitales, cosa que hizo el traductor vistiendo una larga túnica blanca.

Las cosas más curiosas las vivió con los traductores que le ponían para trasladar sus ideas a los futbolistas. El inicio no fue sencillo. Julio había descartado a cuatro o cinco traductores porque, a su entender, no sentían el fútbol. Después de varios cambios, dio con el hombre indicado: Mohamed. El hombre se mimetizaba tanto con Julio que imitaba sus gestos e intentaba trasladar la forma en que Ribas sentía el fútbol.

Gibraltar, el peor equipo del mundo

En abril de 2016 el técnico uruguayo emigró a Gibraltar para hacerse cargo del club Lincoln Red Imps. Dos años después fue designado como entrenador de la selección.

Gibraltar no era cualquier equipo. Era la peor selección del mundo según consignaba el ranking de la FIFA. ¿Qué fue a hacer Ribas a Gibraltar? ¿Por qué asumió el reto de dirigir a la peor selección del mundo?

“Qué mejor desafío puede haber que tomar una situación que, supuestamente, para todo el mundo es imposible. Vos pensás que lo podés hacer. Ese espíritu lo vas a tener siempre, está dentro tuyo. No vas a decir, ah no voy, voy a cuidar mi trayectoria” dijo Ribas en el libro La culpa la tiene el técnico.

Y reveló una frase de cabecera: “Hacer lo esencial, para después hacer lo posible, que lo imposible será tuyo’. Esa frase es importantísima en mi vida”.