MONTEVIDEO --- Nicolás Lodeiro finalizó su carrera como futbolista profesional tras vivir su segunda etapa en Nacional, persiguiendo infructuosamente, desde julio de 2025, la fantasía de volver.
Este domingo 9 de agosto, el nacido en Paysandú se despidió y le pidió disculpas a la hinchada tricolor en la previa al partido con Boston River.
“Siempre me acuerdo de las tardes comiendo naranjas en el cordón de Carlos Anaya o cuando no había partidos que me metía en la cancha a patear tiros libres con los compañeros. Hay tantas cosas... Me acuerdo de Cococho Álvarez que me rezongaba porque hacía ruido. El enano, el jardinero, al que ayudaba a cortar el pasto. Toda esa gente me formó como persona y estoy agradecido y emocionado de volver al lugar donde crecí”, dijo el Nico en su presentación en 2025, cuando ESPN le preguntó sobre lo que significaba regresar al Gran Parque Central, estadio que literalmente había sido su casa cuando desde su Paysandú natal se incorporó a las formativas.
Pero aquel Parque de su adolescencia era bastante diferente al que Lodeiro dejó atrás cuando en enero fichó por el Ajax, y más distinto aún comparado con el Parque en el que Nico volvió a jugar oficialmente 15 años después. No era el mismo. Y el estadio tampoco.
El sanducero había debutado en el primer equipo del Bolso con Daniel Carreño como DT en 2007 (el 21 de julio en un amistoso ante Estudiantes en Jardines del Hipódromo, y el 19 de agosto a nivel oficial ante Fénix en el Estadio Centenario).
Sus arranques, su zurda y su talento entusiasmaban rápidamente a los hinchas tricolores, su festejo con el champion como teléfono para llamar a su padre contagiaba alegría y el año 2009 trajo las semifinales de la CONMEBOL Libertadores, el Campeonato Uruguayo ganado tras jugar cinco finales con Defensor Sporting y la mágica sociedad con el argentino Ángel ‘Matute’ Morales, una de las duplas más recordadas en el fútbol uruguayo.
Fueron 79 partidos (47 victorias, 21 empates y 11 derrotas) y 19 goles en aquella primera etapa.
El de la camiseta número 14, que aún siendo jugador de Nacional debutó en la Selección Uruguaya en el repechaje ante Costa Rica rumbo al inolvidable Mundial de Sudáfrica 2010, siguió su camino y luego de Ámsterdam fue Río de Janeiro (Botafogo), una escala en São Paulo (Corinthians) y un año y medio en Buenos Aires (Boca Juniors), para en 2016 ir al Norte y defender a Seattle Sounders, Orlando City y Houston Dynamo en la MLS.
Y entre tantos partidos a nivel de clubes, Nico escribió su historia en la Celeste, jugando 40 minutos con una fractura en un dedo del pie en el inolvidable partido ante Ghana por el Mundial 2010, ganando la Copa América de Argentina 2011 apenas semanas después de la muerte de su padre Alfonso, disputando la Copa Confederaciones de Brasil 2013, trancando con la cabeza ante Wayne Rooney en la Copa del Mundo 2014 y despidiéndose de la Selección en la Copa América 2019, tras 60 partidos y cinco goles.
Nacieron Leandro, Rafa y Nacha, quienes heredaron de papá Nico y mamá Micaela el amor por Nacional, se aprendieron el himno tricolor e incluso el Lele festejaba en 2021 y desde Estados Unidos con el bailecito del argentino Leandro Fernández.
La pregunta de los hinchas sobre su retorno se hizo cada vez más presente y la postergación de la respuesta fue cada vez más incómoda. ¿Pero cuándo? Hasta que finalmente Lodeiro anunció: “Uno resigna todo y vuelvo por amor al club, por las ganas de estar acá”.
Y todos titulamos con su vuelta; si hasta Nacional eligió la frase ‘No viene, vuelve’ para confirmar la incorporación de Lodeiro de cara al Torneo Clausura 2025 o incluso el propio futbolista declaró: “Vuelve el mismo que se fue, con las mismas ganas, el mismo deseo de vestir la camiseta”.
Pero no. Que en los aeropuertos son arribos o partidas, no regresos.
Y en esto no quiero detenerme en que tal vez Lodeiro pudo haber pospuesto demasiado este segundo ciclo, ese no es el motor de este texto. Si no en por ejemplo recordar que en 2024, cuando se inició la tercera etapa del Diente López, el anuncio de Nacional fue con la expresión ‘El que quiere volver, vuelve’, como si fuera cierto.
En este segundo ciclo, Lodeiro jugó otros 38 partidos (22 triunfos, 10 empates y 11 derrotas), dio la vuelta olímpica en el Parque al ganar el Campeonato Uruguayo 2025 ante Peñarol, jugó nuevamente la CONMEBOL Libertadores, pero no logró consolidarse en el equipo titular más allá de algún buen rendimiento en marzo, recibió más tarjetas rojas que en toda su carrera (tres: vs. Danubio por el Clausura 2025, vs. Danubio por el Apertura 2026, y vs. Albion por el Intermedio 2026) y se quedó con las ganas de revivir el icónico festejo con su zapato al no poder convertir goles.
“Llegué al club con 12 años de Paysandú. Maduré, crecí, aprendí, caí, me levanté, me golpearon, me caí, salí adelante y la peleé, gracias a esa formación que tuve acá dentro del club y, sobre todo, acá mismo dentro del Parque Central. La verdad es que me voy feliz porque Nacional me dio más de lo que me imaginé, más de lo que yo soñé. Se cierra una etapa que es difícil porque estás dejando algo atrás, pero me siento orgulloso con el camino que recorrí”.
Así se expresó el 4 de agosto, confirmando lo que un año atrás había dicho, que Nacional iba a ser el último club de su carrera: “Quiero abrir un nuevo ciclo y también vengo a cerrarlo porque de acá ya no me quiero mover más. Espero jugar hasta que me necesiten”.
Si bien puede haber segundos ciclos diferentes, ejemplos que no fueron tan así u otros que incluso fueron mejores en su segunda etapa, ninguno repite exactamente la emoción de sus primeras apariciones como juvenil, el tope de rendimiento en el exterior que se vio por tele o los festejos de gol con la Selección Uruguaya.
Porque es cierto que uno deja algo de sí mismo cuando se va pensando en volver, una parte nuestra queda en esos sitios que hemos pisado. Pero el problema está en creer que desandando el camino se puede volver a aquel punto de partida.
Ahí, en cada comienzo, espera la verdad que puede llegar a atormentar a todo aquel que debió marchar. El desexilio de Mario Benedetti en uno mismo. Una certeza que no sucumbe, que apenas puede ser distraída con gambetas finalmente estériles. Que el volver es apenas una bella ilusión. Que el regreso es imposible.
