La maldición del Benfica que Darwin Núñez intentará romper

Darwin Núñez se transformó este jueves en nuevo jugador del Benfica, club que ha realizado una fuerte apuesta deportiva que intentará entre otras objetivos romper una ‘embrujo’ que ya lleva casi sesenta años: la maldición de Béla Guttmann.

Todos los equipos tienen objetivos ante cada comienzo de temporada; los hinchas tienen sueños de años imborrables, otros simplemente, como los del Benfica, quieren despertar de su longeva pesadilla. Claro que otras hinchadas dirán que es peor sufrir cada temporada la lucha por la permanencia, pero es que los fanáticos de las Águilas ya temen perder el recuerdo de las copas internacionales en los relatos de sus abuelos sin haber generado nuevas historias que las reemplacen.

En 1960/61 el club portugués sacudió a Europa al convertirse en el primer equipo que no fuese el Real Madrid en ganar la hoy llamada Liga de Campeones venciendo en la final al Barcelona. Y al año siguiente repitió el título derrotando en el partido decisivo al mismísimo equipo merengue.

Gran parte de Lisboa celebraba el momento de su equipo, y varios lusitanos sentían que futbolísticamente vivían un ensueño que hacía de escape al contexto histórico donde el autoritarismo del Estado Novo mermaba las libertades del pueblo portugués. Claro que aquel sueño deportivo tuvo su fin (la dictadura de Oliveira Salazar también), pero ninguno imaginó la causa para que esa gloria en el fútbol no tuviera regreso.

Benfica disfrutaba en cancha con el extraordinario delantero Eusébio y el equipo potenciaba a su atacante siguiendo las órdenes del entrenador Béla Guttmann. El técnico nacido en Budapest ya había sufrido el desgaste de la tercera temporada y para compensarlo pidió, de forma justificada por todo lo logrado, un aumento en el salario.

Los dirigentes negaron su solicitud y fin del ciclo Guttmann en el club portugués. Pero antes de marcharse dijo, aparentemente sin ningún deseo real, una frase que hasta el día de hoy sigue retumbando en cada hincha del Benfica cuando se acerca una llave clave a nivel internacional: “Sin mí, el Benfica no ganará un título europeo en 100 años”.

Por supuesto que al principio nadie le prestó atención a lo que dijo el entrenador y la directiva de aquel entonces subestimó su labor. Con Eusébio todavía en el área los títulos podían continuar perfectamente. Y así sucedió: el club de Lisboa ganó las ligas de 1963, 1964 y 1965 con el delantero nacido en Mozambique. Pero en la Copa de Europa no pudo defender el bicampeonato ante el Milan en la final. ‘Mala suerte’ pensaron casi todos.

Para la Copa de 1963-64 el equipo cayó en Octavos de final ante Borussia Dortmund y al año siguiente sería vicecampeón tras perder con el Inter. Algunos hinchas ya no les agradó tanto perder dos finales en tres años y comenzaron a disgustarse con aquellos dirigentes. En el ámbito local todo iba de maravilla y las ligas obtenidas se repitieron en 1967, 1968, 1969; pero en el medio de ese tricampeonato una nueva final europea perdida, en este caso ante el Manchester United.

Guttmann falleció en 1981 y muchos pensaron que con su muerte también finalizaba la maldición. Pero dos años después el club lusitano perdería la final de la Liga Europa de la UEFA ante el Anderlecht; y en la final de la Champions de 1987/88 las Águilas caían por penales ante el PSV Eindhoven.

Dos temporadas más tarde el club de Lisboa volvía a jugar el último partido de la Copa de Europa y ya la gente no sabía qué hacer para no perder; incluso Eusébio visitó la tumba de su ex entrenador suplicando el perdón, pero fue en vano: el Milan de Arrigo Sacchi se impuso por 1 a 0 en Viena.

El club llegaba otra vez a la final de una Copa continental en la Europa League 2012/13, una nueva chance pero el gol de Branislav Ivanović en el tercer minuto de descuento marcaba el triunfo 2 a 1 del Chelsea.

Eusébio falleció en enero del 2014 sin volver a ver a su equipo campeón en el continente. El 28 de febrero de ese año, el club cumplió su 110° aniversario y tomó la decisión de homenajear a Guttmann con una estatua en el estadio Da Luz. Muchos aseguraron que es la manera que Benfica encontró para tener el perdón de un fallecido; pero uno de los vicepresidentes del club, Rui Gomes da Silva, aseguró que la inauguración de la estatua no tenía como objetivo “exorcizar" a nadie y sí que se trataba de un "homenaje debido hace al menos 30 años".

Apenas dos meses y medio después de inaugurada la estatua, Benfica volvía a jugar una nueva final internacional. Y el resultado sería el mismo con un detalle aún más doloroso: derrota por penales ante el Sevilla y así el Benfica se convertía en el primer equipo en perder dos finales seguidas de la Europa League.

Para la temporada 2020/2021 el club disputará la tercera ronda clasificatoria de la Champions League. Si pierde esa fase o la siguiente clasificará a la UEFA Europa League. Si supera esas dos instancias de Champions estará disputando la fase de grupos, donde si termina primero o segundo seguirá en los Octavos de final, y si culmina tercero seguirá en competencia pero en los dieciseisavos de la UEFA.

Con la llegada del técnico multicampeón Jorge Jesús y de varios jugadores importantes (entre ellos el belga Jan Vertonghen, el alemán Luca Waldschmidt y el brasileño Everton), el Benfica intentará romper esa maldición que ya lleva ocho finales perdidas, y así no tener que esperar que al 2062 cuando se cumplan los cien años.

La última incorporación es la del uruguayo Darwin Núñez de 21 años que tiene un punto, mejor dicho un equipo, de coincidencia con Guttmann. Tras irse de Portugal el técnico austro-húngaro viajó a Sudamérica para dirigir a Peñarol. Lo curioso de su carrera post Benfica es que también parece haber padecido su propia maldición: el entrenador no volvió a ganar un título internacional tras la Copa de Europa de 1961-62.

Incluso Peñarol venía de obtener las primeras dos Copas Libertadores (1960 y 1961) pero siendo dirigido por Guttmann perdió la final de 1962 ante el Santos de Pelé, que en agosto de ese año también vencería al propio Benfica en la final de la Copa Intercontinental.

El joven Núñez, quien se transformó en el pase récord del club portugués (que le pagó al Almería cerca de 25 millones de euros), se formó en las formativas de Peñarol, equipo con el que además debutó y convirtió sus primeros goles en Primera División. Tal vez desde el club uruguayo, el mismo al cual Guttmann arribó tras lanzar su maldición, haya surgido el futbolista que pueda romper el tortuoso maleficio; el fútbol y el tiempo lo dirán.