Andrés Iniesta se quitó la camiseta, la revoleó a los cuatro vientos, y corrió hacia el banderín del corner con los ojos bien abiertos para arrojarse al césped y ser sepultado por decenas de abrazos de sus compañeros.
El genio con pinta de estudiante universitario, de tez blanca como la leche y discurso tímido, acababa de dinamitar Stamford Bridge para situar al FC Barcelona en la final de la UEFA Champions League 2008-09. El muro que el Chelsea había edificado con su mezquindad en las inmediaciones del arquero Cech, se había derrumbado por obra y gracia de la justicia divina, escenificada en el soberbio derechazo al ángulo del duende de Fuentealbilla.
Entre los 42.000 espectadores que presenciaron la semifinal, un grupo de culés al borde del infarto proclamó su felicidad al cielo tras la definición del ya mítico '8' en el minuto 90+3. El remate con el que Iniesta abrió su serie de goles tan inolvidables como decisivos (también cerró la final del Mundial de Sudáfrica para España con un golazo frente a Holanda), pasó a la historia como 'El Iniestazo'. Parada obligada en Can Barça a la hora de recordar efemérides.
Cada relato de ese instante genera una emoción imponente. Acaso sea porque el gol puso las cosas en el lugar en el que debían estar. Aquel Chelsea de Guus Hiddink estuvo a punto de perpetrar una clasificación indeseada por todo el mundo menos por sus simpatizantes. Porque tras el golazo del ghanés Michael Essien a los 9 minutos, los 'blues' no hicieron más que resistir, con el rabillo del ojo puesto en las agujas del reloj y en el silbato del árbitro noruego Tom Henning Ovrebo.
El Barça fue. Volvió. Insistió. Y de nuevo regresó, sin dejar de intentar. Erosionó el área londinense con triangulaciones, paredes y diferentes combinaciones, hasta que al final reventó el fortín azul.
Josep Guardiola, a quien jamás se le ha visto en su vida celebrar un gol como este, alineó aquella noche de Londres a Víctor Valdés; Dani Alves, Gerard Piqué, Seydou Keita, Éric Abidal; Xavi, Sergiuo Busquets, Yaya Touré; Lionel Messi, Samuel Eto'o y Andrés Iniesta. Luego ingresaron Eidur Gudjohnsen, Bojan Krkic y Sylvinho.
El empate clasificó a la final a los azulgrana (que jugaron de amarillo) por el valor doble del gol conseguido en campo visitante (Barça y Chelsea habían empatado 0-0 en el Camp Nou). La Ciudad Condal se convenció de que aquella fue la victoria de la vida sobre la muerte.
