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La evolución de las celebraciones con champaña en el béisbol

LOS ANGELES -- Matt Harvey sabía lo que venía. Esperaba que David Wright lo rociara con champaña y que Michael Cuddyer se la echara en su cabeza mientras intentaba dar una entrevista la semana pasada en el camerino visitante del Dodger Stadium la semana pasada ante los Mets de Nueva York al avanzar a la Serie de Campeonato de la Liga Nacional.

Luego de su fiesta por el banderín del Este de la Liga Nacional el mes pasado en Cincinnati, fue la segunda celebración con champaña de las cuatro que esperan los Mets que puedan hacer esta temporada. La No. 3 llegó el miércoles en la noche en el Wrigley Field, cuando completaron la barrida de los Cachorros de Chicago en la SCLN.

"Hablé con David y Michael en nuestra celebración en Cincinnati y ambos me dijeron que no me pusiera gafas protectoras", dijo Harvey luego que los Mets eliminaran a los Dodgers. "Ellos me recomendaron que disfrutara la quemazón de la champaña en los ojos".

Aunque estos momentos suelen ser espontáneos - por ejemplo, el lanzador de los Mets Jon Niese utilizó la alfombra empapada de alcohol en el camerino del Dodger Stadium como un Slip'N Slide - hay pocas sorpresas que quedan en las interminables celebraciones con champaña en el béisbol en esta época del año. Ahora las mismas son cuidadósamente planificadas y calculadas como si fueran estrategias de juego en el terreno, y hasta tienen regulaciones en la liga y auspicios mandatorios.

Por supuesto, ese no ha sido siempre el caso.

Cuando los Brooklyn Dodgers celebraron el banderín de la Liga Nacional el 8 de septiembre de 1955, más temprano que cualquier otro equipo en la historia, Don Newcombe estaba furioso.

El lanzador abridor se había puesto a gritarle al jardinero central Duke Snider, quien le había echado cerveza al traje de Newcombe y a uno de los sombreros de Newcombe. "Le dije, 'Duke, no me eches esa cerveza encima porque yo cuido mi ropa", dijo Newcombe. "Yo gasto mucho dinero en mi ropa y no quiero que se arruine".

El incidente causó una de las fotos más famosas en la historia un mes después cuando Newcombe y Snider estaban parados uno al lado del otro portando sombreros y siendo bañados en cerveza luego de vencer a los Yankees de Nueva York para ganar el primer cetro de Serie Mundial de la historia.

"Luego que ganaramos el campeonato en el Yankee Stadium, yo dije, 'OK, tengo puesta esta ropa; que nos echen cerveza", dijo Newcombe. "Esa es una de mis fotos favoritas".

En ese entonces, la cerveza era la bebida favorita para las celebraciones postjuego, y los Dodgers celebraron con Schaefer, que era auspiciador del equipo. La champaña fue servida en la cena postjuego del equipo y en la recepción en el Hotel Bossert Hotel en Brooklyn, pero era utilizada principalmente para sorberla y para hacer brindis, contrario a hoy.

"No podíamos darnos el lujo de celebrar como lo hacen hoy. Te lo aseguro", dijo Newcombe. "Es algo completamente diferente a la era en que yo jugaba".

Sacando el corcho

Es difícil determinar cuando la champaña o el vino espumoso se unieron al maní y al Cracker Jack como elementos tradicionales en el béisbol. Ni siquiera la gente en Cooperstown nos da una respuesta concreta.

"Esa es una pregunta que el Salón de la Fama ha recibido en un sinnúmero de ocasiones", dijo Matt Rothenberg, manager del Centro de Investigaciones Giamatti del Museo Nacional y Salón de la Fama del Béisbol. "Yo intenté hacer una pequeña investigación y no pude conseguir mucha información".

Una de las menciones más tempranas del uso de la champaña en celebraciones en un camerino de béisbol se puede ubicar a finales de los años 50, con los Bravos de Milwaukee, quienes ganaron la Serie Mundial en 1957 y volvieron al Clásico de Otoño en 1958 donde cayeron ante los Yankees de Nueva York.

Aunque hubo botellas de champaña en hielo para los equipos ganadores en los años 40 y 50, el utilizar la bebida para rociarse en vez de bebérsela no se convirtió en un ritual anual hasta los años 60. La champaña fue rociada alrededor del camerino cuando los Piratas de Pittsburgh ganaron el banderín de la LN y la Serie Mundial en 1960. Los Yankees, los Dodgers de Los Angeles y los Cardenales de San Luis se aseguraron que la tradición se mantuviera en los años siguientes.

Una de las celebraciones televisadas en vivo más tempranas que se pueda comparar con los celebraciones de hoy en día, que rayan en el exceso, ocurrió cuando los Mellizos de Minnesota ganaron el banderín de la Liga Americana en 1965. Luego que los Mellizos vencieran a los Senadores de Washington 2-1 el 26 de septiembre, los jugadores se apiñaron en el camerino visitante en el D.C. Stadium y procedieron a agarrar botellas de champaña, rociándola por todas partes y echándosela en su cabeza. "Oigan muchachos, el micrófono no va a funcionar si hacen eso", le advirtió el narrador de los Mellizos Ray Scott a Harmon Killebrew mientras era empapado durante su entrevista.

"Alrededor de esa época fue que eso comenzó a ser algo regular", dijo Tommy Lasorda, quien era escucha para los Dodgers cuando vencieron a los Mellizos en la Serie Mundial de 1965. "Uno sabía que si ganabas ibas a ser bañado en champaña".

Las reglas: ¿Hechas para ser rotas?

El mes pasado, de acuerdo con varias fuentes, las Grandes Ligas enviaron un memorando de una página a los equipos que estaban a punto de asegurar puestos en los playoffs, delineando las guías para las celebraciones post juego. Establecía que los equipos debían tener bebidas sin alcohol para los jugadores y limitar la cantidad de champaña con alcohol a dos botellas por jugador; la champaña debía utilizarse principalmente para rociarla; la cerveza es la única otra bebida alcohólica permitida en las celebraciones post juego; los equipos debían recordarles a sus jugadores y empleados que las celebraciones se debían hacer de forma responsable; y los equipos debían asegurarse de que sus jugadores y empleados tenían transportación disponible luego de las celebraciones para volver a su casa o al hotel del equipo.

"Nuestras políticas en torno al uso de alcohol en los camerinos han ido evolucionando con el tiempo", dijo Pat Courtney, principal oficial de comunicaciones de MLB. "Hemos querido dejar en claro que estas celebraciones se deben llevar a cabo en un lugar privado y controlado, con limitaciones y salvaguardas en dicho lugar".

A los equipos también se les dijo que no se podían sacar bebidas alcohólicas al terreno ni rociar a los fanáticos con ellas, ya que algunos de ellos podrían ser menores de edad.

"Nuestra política establece claramente que no está permitido el alcohol fuera del camerino o en algún momento en el terreno de juego, y que todas las celebraciones que involucren el uso de alcohol deben llevarse a cabo dentro del camerino", dijo Courtney. "Tenemos seguridad de MLB en los estadios para forzar el cumplimiento de estas reglas. El comisionado decidirá los pasos apropiados si ocurren violaciones a las reglas".

El problema es que, los equipos han estado violando estas reglas, dejando al comisionado con la encomienda de ponderar esos "pasos apropiados". Las imágenes de jugadores bebiendo en el terreno y rociando champaña a los fanáticos han sido cosa común en esta postemporada, llevando a la liga a contactar a las partes involucradas para advertirles que incidents futuros podrían acarrear actos disciplinarios.

"Las cosas han ido demasiado lejos", dijo una fuente de la liga. "Solo tienes que encender la TV y lo puedes ver".

Aunque se supone que cada jugador tenga acceso a un máximo de dos botellas de champaña, los encargados del camerino usualmente aumentan los totales para los coaches, los ejecutivos, miembros de la familia y otros cuando compran esos líquidos. Por ejemplo, los Dodgers tenían 220 botellas de vino espumoso y 50 cajas de cerveza en San Francisco cuando aseguraron el Oeste de la LN en septiembre. Los Dodgers se prepararon para la celebración al enviar las botellas de Chandon desde Los Angeles a Denver y de ahí a San Francisco durante su gira como visitantes y comprar la cerveza localmente.

La cerveza Budweiser es la única permitida durante las celebraciones postjuego, un honor reservado por el hecho de ser la cerveza oficial de MLB. En adición a esto, los logos de Budweiser han sido colocados en los plásticos que cubren los casilleros en los camerinos en la última década.

Preparar las celebraciones postjuego, que conlleva mover muebles, cubrir el piso y las paredes con el plástico y preparar las bebidas, puede llevar entre 15 a 20 minutos. Eso está bien si el juego tiene el marcador abridor, pero han ocurrido ocasiones en las que el plástico y las bebidas alcohólicas han tenido que ser retiradas de un camerino en cuestión de minutos cuando las cosas se han virado.

En el Juego 6 de la Serie Mundial de 2011, los Vigilante de Texas se quedaron en dos ocasiones a ley de un strike para ganar su primer campeonato en la historia de la franquicia, en la novena y la décima entradas. En cada ocasión, los Cardenales vinieron de atrás. La derrota de los Vigilantes 10-9 en 11 entradas en el Busch Stadium fue tan repentina que los encargados del camerino no tuvieron tiempo de retirar todos los preparativos para la celebración. Algunos jugadores dieron sus entrevistas postjuego frente a sus casilleros tapados con plástico.

"Eso está en el pasado. Seguimos adelante", dijo Richard "Hoggie" Price, quien se convirtió en manager del camerino de los Vigilantes en 2010 luego de 22 años como asistente de los árbitros. "Es como cuando tienes una comida mala, nunca vas a querer volver a ese restaurante".

Los Medias Rojas de Boston también el "maleficio de la champaña" durante el Juego 6 de la Serie Mundial de 1986 ante los Mets. Las botellas estaban listas en el camerino visitante en el Shea Stadium cuando las cosas cambiaron para mal para los Medias Rojas durante un ramillete de los Mets en la 10ª entrada, encabezado por el infame error de Bill Buckner.

'Podría ser una controversia por las gafas protectoras'

La más reciente adición a las celebraciones han sido las gafas de natación y de esquiar, las que ahora son tan comunes en las celebraciones como el alcohol mismo. Los Medias Rojas del 2004 fueron los primeros en utilizar protección para los ojos durante las celebraciones, pero existe una disputa en torno a cuál fue el primer jugador en hacerlo.

Johnny Damon alega que Orlando Cabrera fue el primero en utilizar gafas para nadar luego del partido, pero David Ortiz también ha recibido crédito por la innovación.

"Podría ser una controversia por las gafas protectoras", dijo Kevin Millar, quien estuvo en ese equipo del 2004. "Yo habría pensado que fue Orlando Cabrera... pudo haber sido Ortiz. Yo no estaba muy a favor de las gafas en ese punto. ... Recuerdo en el 2003 cuando ganamos algo, estaba sentado en una esquina parpadeando. Así que cuando vi que sacó las gafas, pensé, '¡Qué gran idea! Vamos a buscar las gafas de esquiar. Cualquier cosa que te proteja los ojos de la champaña'. Si nosotros fuimos los que impusimos esa moda para los demás, me siento orgulloso de eso".

Aunque la escena de 25 o más jugadores en un camerino utilizando gafas de esquiar Oakley o Nike podría causarles problemas a los tradicionalistas, es más que una declaración de moda. La cantidad de alcohol que tiene la champaña puede causar abrasions en la córnea por 48 horas, y eso sin tomar en cuenta los corchos voladores.

"Cuando nosotros celebrábamos, la pasábamos bien pero no teníamos gafas", dijo Lasorda. "No hacíamos nada muy loco, pero me encanta lo que hacen los jugadores ahora también"/

¿Sobresaturación de celebración?

Ahora hay más oportunidades que nunca de celebrar con champaña. Los equipos han pasado de tener dos oportunidades de celebrar en el año, luego de ganar el banderín y la Serie Mundial, a una posibilidad de cinco veces: asegurar un puesto en los playoffs, asegurar un banderín divisional o ganar el juego de comodines, ganar la serie divisional, ganar la serie de campeonato y ganar la Serie Mundial.

¿Pero es eso demasiado?

"El baloncesto y el hockey tienen un calendario de 82 juegos, la NFL uno de 16 partidos, pero en el béisbol son 162 juegos, sin contar los cerca de 30 que se celebran en los entrenamientos primaverales", dijo el analista de los Angelinos de Los Angeles Mark Gubicza, quien ganó una Serie Mundial con los Reales de Kansas City en 1985. "Estás más con esos tipos que con tu familia. Yo no tengo problemas con eso.

"Me imagino que es difícil cuando celebras un puesto en playoffs y un par de días más tarde celebras el ganar la división. Puedo ver el argumento aquí, pero en cualquier momento que se juntan los chicos para celebrar el final de una larga temporada, yo no veo ningún problema en eso".

Pero más importante es quizás el hecho de que ahora existen más formas de celebrar que nunca antes.

Cuando los Vigilantes aseguraron el Oeste de la LA este año, ellos celebraron en el terreno con refresco de gengible y agua para que sus fanáticos pudiesen celebrar y compartir con ellos la experiencia, y por respeto al jardinero Josh Hamilton y sus bien documentados problemas con las drogas y el alcohol.

Es una tradición que los Vigilantes comenzaron en el 2010 debido a Hamilton y al lanzador C.J. Wilson, quien no bebe. Los Angelinos hicieron lo mismo el año pasado cuando Wilson y Hamilton jugaron para ellos y ganaron el Oeste de la Americana.

Luego de la celebración en el terreno, Hamilton se cambió de ropa en el cuarto de los preparadores físicos y se fue a su casa mientras sus compañeros descorchaban la champaña en el camerino.

"Me fui de aquí tan rápido que casi puede ver las entrevistas por TV", dijo. "El ser parte de esto es algo muy especial. Siempre es emocionante y me permite sentir que soy parte del equipo en un 100 por ciento y todo lo que está pasando cuando me incluyen en cosas como esas".

Mientras los métodos de celebración seguirán evolucionando, las emociones que se evocan al ganar como un equipo no tienen comparación y duran para siempre.

"Tuvimos un gran momento abrazándonos unos a los otros y sintiéndonos orgulloso de los demás y de lo que logramos", dijo Lasorda. "Fue algo grandioso. Esos son los momentos que uno nunca olvidará. Eso no ha cambiado. Quizás las cosas sean un poco más grandes ahora, pero los sentimientos que uno tiene con todo el mundo en el camerino luego de ganar son los mismos".

Jean-Jacques Taylor y Johnette Howard de ESPN.com colaboraron con esta historia.