Brasil es uno de los equipos más particulares del Clásico Mundial. Detrás de su presencia en el torneo hay una influencia evidente, su vínculo histórico con Japón.
En los predios del Daikin Park se puede escuchar una especie de comentario recurrente con respecto al equipo de Brasil, relacionado con la presencia japonesa con la que cuenta el conjunto. Varias veces a lo largo del día es normal escuchar que Brasil es una especie de “equipo B” de Japón, cortesía de la evidente influencia nipona que se observa en el equipo, comenzando con el propio dirigente, Daniel Yuichi Matsumoto.
El dirigente de la selección “verdeamarela” es un exjugador de los Tokyo Yakult Swallows y, a pesar de ser de ascendencia japonesa, nació en Brasil. Ese vínculo es importante y se explica en el hecho de que, de acuerdo con informaciones provistas por las autoridades brasileñas, alrededor de 2 millones de brasileños con algún nivel de ascendencia japonesa habitan el país suramericano, lo que representa cerca de un 1 por ciento de la población total, según el censo de 2023. De igual manera, visto desde la óptica del país nipón, para ese mismo año se estimó que 211,840 ciudadanos brasileños viven en Japón, por lo que el lazo entre ambas naciones es evidente.
Dicho todo esto, Yuichi Matsumoto hizo historia en el evento al convertirse en el primer nacido en Brasil en dirigir el equipo. Fue parte del combinado en la edición de 2013, como una de las figuras brasileñas más destacadas en ese torneo, y con su elección lo que se buscó fue iniciar el proceso de construcción de una selección contendiente que pueda mantenerse junta la mayor cantidad de años posible para permanecer en el evento.
Pero Matsumoto no es el único japonés del equipo. De hecho, diez de los jugadores de la plantilla de Brasil tienen lazos sanguíneos directos con el gigante del este. Los lanzadores Hugo Kanabushi, Oscar Nakaoshi, Enzo Sawayama, Bo Takahashi y Vitor Takahashi, así como el receptor Enzo Hayashida y los jugadores del cuadro interior Vitor Ito, Felipe Koragi, Felipe Mizukosi y Tiago Nishiyama, forman parte del grupo de nipo-brasileños que integran el equipo.
El gran sentido nacionalista y de pertenencia de los jugadores brasileños es notorio al conversar con ellos. Bo Takahashi señaló en una entrevista previa al primer juego contra Estados Unidos el gran honor que simboliza vestir los colores de Brasil en el Clásico Mundial de Béisbol.
“Creo que es el sueño de todo atleta representar a su país natal. El simple hecho de estar en el estadio de los Houston Astros es una experiencia maravillosa”, dijo el jugador.
Incluso el estilo de juego de los brasileños toma elementos de dos mundos: la disciplina y el rigor japoneses, que buscan hacer contacto y trabajar los turnos, así como la agresividad que caracteriza al béisbol latinoamericano. Su propio dirigente lo ha establecido durante el torneo.
“No soy un dirigente que vaya a guardarse un lanzador para mañana. Voy a salir a ganar todos los días”, le dijo Yuichi Matsumoto a la prensa en Houston.
Brasil es un equipo joven que combina muchos aspectos interesantes como proyecto y que, eventualmente, podría fusionar el estilo japonés, altamente exitoso en el Clásico Mundial de Béisbol, con elementos del béisbol latinoamericano, como la agresividad y la velocidad de juego. Si logra consolidar esa mezcla, podría convertirse en un dolor de cabeza para varios países de la región.
No quedan dudas de que dos naciones tan cercanas como Brasil y Japón tendrán influencia una sobre la otra y, al menos por el momento, en un país que tradicionalmente es visto como una potencia del fútbol, parece que se está gestando algo bastante interesante en el béisbol.
