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Los mejores juegos que hemos visto: Desde la proeza de MadBum al rescate de Big Papi

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Madison Bumgarner y un relevo para la historia (2:15)

El abridor de San Francisco Giants, lanzó nueve entradas en blanco en el juego cinco de la Serie Mundial ante Kansas City, para luego cerrar el séptimo encuentro con cinco entradas más sin permitir anotaciones. (2:15)

Se suponía que esta era la Semana de Apertura, el momento en que los fanáticos de las Grandes Ligas de todas partes esperan crear recuerdos de una temporada. Como no tendremos juegos con los que emocionarnos por un tiempo, pensamos que sería divertido dar un paseo por el camino de la memoria reviviendo algunos de nuestros momentos de béisbol favoritos en MLB, Clásicos Mundiales o Series del Caribe.

En el segundo día de una serie semanal centrada en un tema de béisbol diferente cada día, les pedimos a nuestros reporteros y editores de la MLB que nos contaran sobre el mejor juego que vieron, con una sola regla: tenían que estar en el parque para presenciarlo.

Ve a ...
La brillantez de Bumgarner | Big Papi al rescate |
Giro cruel para Kendrys Morales | Aybar le gana el pulso a Kimbrel |
La espera valió la pena | Cuando los fans opacaron a 6 posibles Hall of Famers |
Ichiro y ¡¡Rauuuuuullll!!


Buster Olney: La brillantez de Bumgarner

Incluso antes de que Madison Bumgarner completara una blanqueada en el Juego 5 de la Serie Mundial 2014, se especuló acerca de cuándo podría servir como relevista en el Juego 6 o el Juego 7. No si lanzaría, sino cuándo el mánager de los Giants, Bruce Bochy, lo llamaría. Una decisión totalmente sencilla cuando los Royals apalearon a San Francisco 10-0 en el Juego 6, forzando un enfrentamiento decisivo para la noche siguiente.

Cuando el clubhouse de los Giants se abrió después de la derrota, Bumgarner estaba en proceso de vestirse, y se sorprendió, y un poco gruñón, cuando los periodistas lo rodearon. Después de todo, no estaría comenzando el Juego 7 y no esperaba que le preguntaran. Pero la curiosidad fue un reflejo de la preeminencia de Bumgarner ese otoño.

Los Giants fueron el quinto sembrado en la Liga Nacional cuando comenzó la postemporada, pero Bumgarner blanqueó a los Pirates en el juego de comodines y continuó cargando al equipo; permitiría solo seis carreras en siete juegos aquel otoño. Bochy siguió dándole la pelota y Bumgarner siguió aportando ceros, por lo que cuando comenzó a calentar en medio del Juego 7, con los Giants al frente, aquello se sintió como Superman saltando a una cabina telefónica.

Como dijo un explorador después, Bumgarner simplemente se negó a ser vencido. Lanzó cinco entradas sin anotaciones esa noche, y cuando Bochy lo abrazó después, el zurdo finalmente reconoció que sí, que estaba cansado. Mi estadística favorita de esa postemporada: Bumgarner lanzó 52⅔ entradas en los playoffs y la Serie Mundial, más del doble que cualquier otro lanzador.


Joon Lee: Big Papi al rescate

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0:41

El Grand Slam de 'Big Papi' que hizo volar a Torii Hunter por la barda de Fenway

En el juego dos de la Serie de Campeonato de la Liga Americana en 2013 ante Detroit, David Ortiz conectó el jonrón con bases llenas que también hizo famoso al policía del bullpen de los Red Sox.

El momento de béisbol favorito que he visto tiene como dos partes. Estuve en el Juego 2 de la Serie de Campeonato de la Liga Americana 2013 cuando David Ortiz conectó un grand slam en la octava entrada contra Joaquin Benoit de Detroit para empatar el juego y eventualmente llevar a Boston a la Serie Mundial. Estaba sentado a tres filas del terreno (un amigo de la familia había comprado boletos) justo al lado del círculo de espera (Miguel Cabrera y un fanático se decían cosas en cada momento en que Miggy estaba calentando para batear). También estuve en el juego precedido por el discurso de "Esta es nuestra j... ciudad" (sobre el que escribí una historia oral), por lo que ver a Ortiz dar el paso al frente por Boston hizo que los dos momentos se sintieran tan conectados.

La reacción al cuadrangular de Ortiz fue la más fuerte que había escuchado en Fenway Park, y en una nota personal, yo era un estudiante de primer año en la universidad que estaba expuesto al mundo real por primera vez y estaba pasando por una transición difícil, y pude ver el momento con mi papá, quien fue el primero en mostrarme el béisbol.

Ver a Torii Hunter voltearse sobre la pared, uno de los momentos más grandes de los Red Sox cargando a la ciudad de Boston a sus espaldas después de los atentados del maratón de Boston, fue una de las cosas más especiales que he presenciado, así que mi mente siempre regresa a ese grand slam. Llegar a entrevistar a Ortiz, mi héroe de la infancia, sobre aquellos años, solo hizo que la experiencia fuera aún más especial.


Sam Miller: Giro cruel para Kendrys Morales

Quiero dejar claro que "lo mejor" no significa lo más agradable, lo más alegre. En última instancia, no hubo alegría el día en que Kendrys Morales conectó un grand slam para dejar al campo lo que había sido un maravilloso duelo de lanzadores el sábado por la tarde entre Felix Hernandez y Jered Weaver.

Cuando Morales al plato con la carrera final en la parte inferior de la décima entrada, y nosotros en la caja de prensa luchamos para terminar nuestra reescritura de la historia del juego, Morales saltó rodeado de sus compañeros de equipo y aterrizó torpemente en el plato. Mientras sus amigos seguían celebrando brevemente a su alrededor, se desplomó en el suelo en agonía con lo que resultaría ser una pierna rota.

Fue simplemente horrible, y el vacío repentino en ese estadio anteriormente bullicioso estaba afectando inolvidablemente. El poder del silencio me hizo llorar. Ese es el juego en el que pienso con más frecuencia. Es la aplicación reductio ad absurdu de la tesis de béisbol de Yogi Berra: no se acaba hasta que se acaba.


Enrique Rojas: Aybar le gana el pulso a Kimbrel y al Team USA

Pude escoger varios, pero me incliné por el partido de segunda ronda entre Estados Unidos y República Dominicana en el Marlins Park de Miami durante el Clásico Mundial (WBC) del 2013. El encuentro entre las dos grandes potencias, que buscaban destronar al dos veces campeón Japón, llegó a la novena entrada empatado 1-1, cuando el dirigente norteamericano Joe Torre mandó al box al estelar cerrador Craig Kimbrel, quien en ese momento era uno de los lanzadores más imbateables del planeta.

Nelson Cruz bateó doble por el jardín izquierdo al primer lanzamiento y Carlos Santana lo movió a tercera con un rodado por la segunda base. Entonces, el mánager dominicano Tony Peña trajo a batear de emergente al torpedero Erick Aybar por el jardinero Ricardo Nanita.

Kimbrel colocó a Aybar en conteo desfavorable de 1-2, gracias a un strike cantado por el árbitro Ángel Hernández y que asombró a Aybar, a todos los jugadores dominicanos y a la mayoría de los 34,366 que llenaron esa noche el parque de La Pequeña Habana.

En el próximo pitcheo de Kimbrel, una recta a 97 millas por hora, Aybar conectó una tremenda línea de hit al jardín derecho para impulsar a Cruz con la carrera del triunfo. Dominicana venció en ese partido y luego ganaría a Puerto Rico en la final en el AT&T Park, pero fue el hit de Aybar en la segunda ronda lo que mantuvo alineados los planetas en el impresionante recorrido del "Plátano Power" durante el Clásico Mundial del 2013.


Bradford Doolittle: La espera valió la pena

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Se acabó la maldición, Chicago Cubs conquistó la Serie Mundial por primera vez en 108 años

En un emocionante juego siete, la novena de la Ciudad de los Vientos derrotó a Cleveland Indians en 10 entradas en 2016.

No es frecuente en los deportes que la realidad de un evento esté a la altura de la anticipación. Pero lo hace de vez en cuando, y son estos momentos del álbum de recortes los que dominan nuestros recuerdos personales. El Juego 7 de la Serie Mundial 2016 estuvo a la altura de la anticipación que lo precedió y más. He estado en grandes juegos en los que era fanático de uno de los equipos, y es difícil igualar un evento en el que tienes una apuesta personal. No tenía ningún interés personal en particular en el final de los Cubs-Indians, pero no creo que alguna vez cubra un encuentro más intenso.

Lo que eleva ese juego por encima del resto fueron lo que estaba en juego. Una sequía de títulos de 108 años hará eso, pero también fue porque eran los Cubs, uno de los equipos más populares del deporte. Pero luego los emparejas con los Indians, que merecían ser el centro de atención en la categoría de sequía del campeonato. De una forma u otra, íbamos a presenciar una venerable experiencia de fanáticos, algo que se había estado construyendo durante generaciones.

Y luego el juego en sí resultó ser una locura de pared a pared. El jonrón inicial de Dexter Fowler. Los lanzamientos salvajes consecutivos de Jon Lester que anotan carreras. El bambinazo de David Ross. El asombroso batazo de Rajai Davis ante Aroldis Chapman, y la energía de inclinación en el estadio cuando sucedió. Y luego, finalmente, un sonriente Kris Bryant tirando a Michael Martínez para terminarlo. Solo un momento culminante en la historia del béisbol.


Leonte Landino: Cuando los fans opacaron a 6 posibles Hall of Famers

La emoción y expectativas por el primer Clásico Mundial de Béisbol en 2006 era realmente indescriptible entre los arduos fanáticos latinos desde el mismo día del anuncio del torneo un año antes. Era algo que por décadas los seguidores pedían a gritos, esa oportunidad de ver a los mejores talentos en el terreno de cada país enfrentándose entre sí en una época donde el porcentaje de latinos en las Grandes Ligas había superado el 20%, y muchos de ellos conformaban la élite de las estrellas del mejor béisbol del mundo.

El juego entre República Dominicana y Venezuela, pautado para jugarse en el estadio de béisbol de Disney World el 7 de marzo del 2006, generó un aura de intensidad entre jugadores, medios y fanáticos jamás antes visto en suelo americano. Un juego con la presencia de 6 potenciales miembros del Salón de la Fama en David Ortiz, Albert Pujols, Adrián Beltré, Omar Vizquel, Miguel Cabrera y Bobby Abreu, además de dos abridores Cy Young: Bartolo Colón vs. Johan Santana.

Al abrirse las puertas comenzó la fiesta interna. Desde el momento del primer envío de Johan Santana a Alfonso Soriano, el ambiente explotó en júbilo. Cuando Guaco y Juan Luis Guerra sonaban en los parlantes del estadio, el delirio se hacía sentir. Pitcheo tras pitcheo poco importaba que pasaba en el terreno. La emoción de los jugadores incrédulos viendo hacia las tribunas el comportamiento de los fanáticos de ambos bandos confundidos en uno sólo, colocaron este juego como el escenario que todo jugador latino quisiera experimentar. Muchos de los asistentes anglosajones no entendían nada de lo que pasaba. Un colega de la prensa anglosajona me preguntó: ¿A qué se debe el escándalo si nada extraordinario pasaba en el terreno? Realmente no pude explicárselo y sólo le dije: "No se como decirte que esto es de verdad un juego de béisbol, no es lo que ustedes han visto por tantos años", con una alegría soberbia como si nosotros hubiésemos inventado el juego.

Fue un partido donde el resultado poco importó. Los dos jonrones de David Ortiz y el de Adrían Beltré para Dominicana fueron igualmente celebrados que los conectados por Miguel Cabrera y Edgardo Alfonzo. Cada carrera fue un bálsamo de éxtasis en las tribunas confundidas entre banderas de dos países hermanos.


Hiram Martínez: Ichiro y ¡¡Rauuuuuullll!!

He tenido la fortuna de presenciar varios partidos memorables. Estaba en el palco de medios del Shea Stadium en ese séptimo juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional de 2006 entre Mets y Cardenales y desde alli vi 'cuadro por cuadro' la increíble atrapada de Endy Chávez para robarle un jonrón a Scott Rolen y cuando Yadier Molina tronchó el sueño de los Mets -y el mío- de ir a la Serie Mundial con su cuadrangular decisivo ante Aaron Heilman. También, cuando Bernie Williams y el equipo de Puerto Rico le propinaron la primera derrota por la regla de la misericordia a Cuba en el Clásico Mundial de 2006. Me vi tentado a incluir el último partido de la Serie del Caribe de 2007 entre República Dominicana y Puerto Rico, por la enorme intensidad que mostraron ambos equipos en un partido que no decidía nada.

Pero el mejor partido que he presenciado tiene que ser el del 13 de octubre de 2012, Tigers vs Yankees, Juego 1 de la Serie de Campeonato de la Liga Americana, no solo por todo el drama que se vivió esa mágica y fría noche en Yankee Stadium, sino porque mi hija Mara Sofía, quien me acompañaba ese día en las gradas del jardín central, lo disfrutó más que yo. Ella quería ver a dos de sus ídolos, Derek Jeter e Ichiro Suzuki, además de la sensación de aquel otoño, Raúl Ibáñez, quien a los 40 años se había convertido en un fenómeno del Bronx tan pronto se puso el uniforme a rayas.

Los Tigers dominaban 4-0 en la parte baja del noveno con el cerrador José Valverde en la loma. De camino a la salida para tomar el tren de vuelta a Connecticut, Ichiro conectó una línea por el jardín derecho -el único jonrón de su carrera en playoffs- con uno en base para darle vida a los Yankees y devolver a los fans a sus asientos. Valverde caminó a Mark Texeira en un luchado turno y ¿quién viene a batear? ¡Nadie se mueva! Con la cuenta en 0-1, Ibáñez la desapareció por el derecho para empatar el juego, llevarlo a entradas extras y provocar una alegría histérica en Mara Sofía, que hasta se abrazó con gente que no conocía en el pasillo de primera base en el Yankee Stadium. No todo fue perfecto: en la undécima, Jeter se rompió el tobillo en una jugada defensiva, perdiendo el resto de los playoffs y la siguiente temporada. Y los Tigers terminaron ganando 6-4 en 12 entradas. Ese partido, no obstante, me dio esa oportunidad de vivir una emoción en las gradas que hacía tiempo no sentía, con una fan especial que terminó escribiendo su ensayo de entrada a la universidad sobre el momento en que los neoyorquinos dejaron de ser extraños gracias a Ichiro y a Raúl.