BARCELONA -- El Barcelona abandonó el 20 de marzo el Santiago Bernabéu envuelto en una euforia sin límites: acababa de aplastar al Real Madrid en un Clásico que se aventuraba histórico, Joan Laporta llegó a proclamar su ilusión por celebrar el título de Liga en ‘Luz de Gas’ (famosa discoteca de la ciudad catalana) y nada parecía fuera del alcance de un equipo catapultado otra vez hacia la excelencia.
Dos meses después el mismo Barça se marchó silencioso del Coliseum, 20 kilómetros al sur de Chamartín, tras un empate soporífero en el que sentenció la segunda plaza liguera. De la euforia... ni rastro.
Al cabo de once partidos desde aquella exhibición contra un líder que algunos interpretaron de juguete, la realidad descubrió que era, en realidad, el Barça el equipo de juguete.
"Tuvimos dos meses muy buenos, pero al final no nos dio para competir porque, además, ellos no fallaron", se excusó Xavi Hernández sin querer hablar de más y admitir que en el momento de la verdad su equipo no dio la talla. La ajustada, pero solvente, victoria sobre el Sevilla el 3 de abril fue el canto del cisne de un Barcelona agotado e incapaz a partes iguales que dio los primeros síntomas de desazón en Frankfurt, ganó sobre la bocina al Levante y a partir de ahí se derrumbó sin explicación, enlazando tres derrotas en los siguientes cuatro partidos que le echaron de la Europa League y convirtieron su ilusión por pelear la Liga al Real Madrid en preocupación por confirmar un puesto entre los cuatro primeros, con la amenaza latente del Betis...
Se pasó del todo a la nada, salvando los muebles otra vez sobre la bocina en Sevilla gracias a un golazo en tiempo añadido de Jordi Alba contra el campeón de Copa y se cerró el triste tránsito en Madrid con un empate menor y casi podría decirse que indigno, en un partido libre de sospechas, o no, porque tanto a unos como a otros les valía el empate. Y si dos no se pelean si uno no quiere... Si no quieren pelearse los dos pasa lo que pasó.
"Para nada puede hablarse de biscotto (arreglo). El empate nos valía a nosotros y a ellos y es complicado porque los jugadores no saben qué hacer", se intentó disculpar Xavi en la sala de prensa del campo del Getafe, envuelto su discurso, ya el de las últimas semanas, en una justificación continuada, mostrando la de un equipo que ha crecido contra todo en los últimos meses y que, de hecho, ya cumplió el objetivo siendo segundo.
El resumen liguero del Barcelona podría tomar sus desplazamientos a Madrid como hilo argumental. Comenzó con la evidente preocupación por la derrota en el Metropolitano frente al Atlético, continuó con el dramático hundimiento en Vallecas que provocó el despido fulminante de Ronald Koeman durante el viaje de regreso, siguió con la eufórica goleada en el Clásico y terminó con ese triste empate a nada en Getafe.
Dentro de una semana la temporada ya será historia. Una historia de la que aprender... y recordar lo mínimo en el Camp Nou.
