MIAMI -- Hace prácticamente dos décadas que apenas vivían de los recuerdos. Una de las franquicias más icónicas del baloncesto de la NBA, los New York Knicks, pasó de ser una eminencia a un hazmerreir en los últimos años.
El origen del problema parece ser sencillo de identificar. El dueño James Dolan pasó por ocho gerentes generales, 14 entrenadores desde el año 2000 y la inestabilidad se transformó en la única consistencia.
Desde el inicio del nuevo siglo, New York apenas había clasificado a playoffs cuatro veces —no lo hacía hace ocho años—, sólo ha ganado una serie de postemporada y ha perdido más partidos que ninguna otra franquicia en toda la liga.
Hasta que contrataton al entrenador Tom Thibodeau, y los Knicks estarán en los playoffs por primera vez desde el 2013.
El mismo Thibodeau que muchos alegaban ya no tenía lugar en la liga porque “demandada demasiado de los jugadores en las prácticas y los exprimía de su energía”.
Si bien es verdad que su estilo no funcionó en Minnesota, donde no compraron lo que estaba vendiendo, la realidad es que funcionó a la perfección con un joven equipo de Chicago cuando en aquel entonces eran liderados por Derrick Rose. Y ese estilo cuasi militar, resultó ser el antídoto ideal para una franquicia que estaba de capa caída.
Con denominadores comunes que lo han seguido a todos lados, Rose y Taj Gibson, y que hoy aportan liderazgo y veteranía a un equipo joven de los Knicks, que muchas veces require de Rose y su sangre fría en los momentos cruciales.
Precisamente producto de que esta version de los Knicks no tiene una super estrella, sumado a la futilidad colectiva reciente, es que entendieron que el juego en equipo y la férrea defensiva no eran negociables.
Otros podrán tener más talento, pero ninguno tendrá más actitud, parece ser el lema de estos Knicks.
Liderados por un fenomenal Julius Randle, los Knicks, que según Las Vegas estaban proyectados a ganar 23 partidos esta temporada, finalizaron como el cuarto sembrado en la Conferencia del Este.
La transformación de Randle ha sido increíble. Él mismo ha admitido que está en “la mejor forma física de su carrera”, y sus números hablan por sí solos.
Randle se convirtió en el primer jugador de los Knicks de la historia en promediar más de 20 puntos, más de 10 rebotes y más de 5 asistencias en una temporada (24.1 puntos, 10.2 rebotes y 6 asistencias por juego).
Lo más increíble, tal vez, es que su eficacia ha sido extraordinaria, incluso a distancia. Randle acertó el 41 por ciento de sus triples este año, además de tener un repertorio de poste bajo muy rico y de ser increíblemente efectivo en la media distancia.
Sin embargo, más allá de todas sus estadísticas, lo que más ha impresionado a Thibodeau de Randle, es su liderazgo.
Randle ha mostrado una ética de trabajo incansable y el resto de su equipo lo ha seguido.
El hoy alero de los Knicks no jugó mucho tiempo con Kobe Bryant en Los Angeles Lakers, pero sí lo suficiente como para aprender sus lecciones acerca de la ética de trabajo.
En el 2015 cuando los Lakers estaban visitando Dallas, la ciudad natal de Randle, Bryant le preguntó al hoy jugador de los Knicks sobre qué iba a hacer tras llegar al hotel, y justo cuando le estaba por responder que iría a visitar a su familia, Kobe le dijo “nada de eso, nos vamos al gimnasio”.
Al día de hoy, esa es la rutina de Randle. El año pasado en una visita a Detroit, se fue directamente del hotel a un gimnasio, y el dueño del mismo le dijo: “Nadie desde Kobe me pedía que le abra las puertas tan tarde”.
Hoy no es sólo Randle el que va a gimnasios para continuar con su preparación mientras están de gira, sino que el resto de sus compañeros lo sigue en su rutina. Randle ha tenido probablemente la mejor temporada para un Knick desde Carmelo Anthony, y seguramente ganará el premio al Jugador de Mayor Progreso.
Parece increíble pensar que algunos pensaban que 62 millones de dólares por tres años era “demasiado dinero” para Randle, mientras que dejar ir a Kristaps Porzingis “era una mala idea”.
Igualmente, el impacto de Randle es tanto más grande que eso. La realidad es que, gracias al liderazgo de Thibodeau y el propio Randle, los Knicks finalmente parecen estar de regreso.
El joven R.J. Barrett sigue evolucionando frente a nuestros ojos, y ha mejorado drásticamente su tiro a distancia en los últimos meses. Immanuel Quickley ha mostrado atributos que ilusionan, y Alec Burks y Nerlens Noel han resultado ser jugadores de rol importantes.
En conjunto, tienen una de las mejores defensivas de la NBA, y son el claro ejemplo de que el colectivo es más importante que la suma de las partes.
Los Knicks no son un candidato al título ni un equipo que te va a maravillar con su estilo. Pero su actitud y juego en conjunto representan a la perfección a una franquicia que hace tiempo estaba en segundo plano.
Los Knicks han vuelto a la relevancia, y la NBA es mejor cuando New York es protagonista.
