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Chelsea aprovechó los guiños del destino y llevó al fútbol inglés a la final del Mundial de Clubes

"En un Mundial no hace falta ganarles a todos, solo es necesario ganarles a los siete que te tocan". La autoría de la frase se perdió en el tiempo, pero no su vigencia y veracidad. Es una respuesta a aquella creencia que dice que no importa quiénes son tus rivales, porque para ser campeón hay que ganarle a cualquiera. Eso es cierto, pero siempre es mejor enfrentar a adversarios con menos recursos que los propios.

Chelsea solo jugó contra un club europeo en su camino a la final del Mundial de Clubes: Benfica, al que eliminó en octavos de final tras ganarle en el tiempo suplementario. Se enfrentó a tres brasileños (cayó con Botafogo y venció a Palmeiras en cuartos de final y a Fluminense en semis), un estadounidense (le ganó a Los Angeles FC en la fase de grupos) y un tunecino (goleó 3-0 a Espérance Sportive en la ronda inicial).

A pesar de que los representantes de Brasil han demostrado grandes capacidades para competir contra cualquiera, está claro que tienen menos jerarquía individual que varios conjuntos de Europa. Así quedó demostrado sobre todo en el partido contra Flu en semifinales, en el que el enorme esfuerzo del cuadro carioca no alcanzó para igualarse con un Chelsea que al final ganó sin problemas.

El equipo dirigido por Enzo Maresca aprovechó el guiño del destino y se metió en la gran final del Mundial de Clubes, en la que se enfrentará a PSG, duelo que se podrá ver en vivo por Disney+. Sí, no fue el que mejor fútbol desplegó en el torneo y tampoco tiene momentos memorables para recordar. Pero impuso su calidad cuando debía hacerlo y es un justo finalista. Ahora, su desafío el domingo 13 de julio será mucho mayor.

Tras un debut tranquilo contra LAFC, sufrió un duro golpe frente a Flamengo. Comenzó arriba en el marcador, pero fue sorprendido por la frescura y los goles del Mengao, que dio vuelta el resultado y ganó 3-1. De todos modos, esa derrota le permitió eludir la zona más complicada del cuadro de la fase final. Flamengo se enfrentó a Bayern Munich en octavos, mientras que Chelsea se midió contra Benfica.

El resultado del encuentro ante el club lisboeta no sirve para describir la dificultad del mismo. Fue un duelo muy parejo, que Benfica empató en el cierre de los 90 minutos con un penal de Ángel Di María. En el suplementario apareció por primera vez el Chelsea con ambiciones grandes: marcó tres goles y terminó 4-1.

Luego, el segundo brasileño: Palmeiras le planteó un partido muy físico e intenso, que solo se decidió por un error del arquero Weverton. Aquí apareció otra dimensión de la suerte necesaria en este tipo de torneos. La victoria llegó más por deficiencias ajenas que por virtudes propias. Como sea, Chelsea aprovechó todas las ayudas que se le presentaron y jugará el último partido.

La Premier League es la liga más competitiva del planeta. Durante la última década hubo un consenso más o menos mayoritario al respecto, más allá de los éxitos de Real Madrid o Bayern Munich, por ejemplo. Por eso merecía plantarse en la final de Nueva Jersey. Después de la inesperada derrota de Manchester City, Chelsea quedó con la responsabilidad de representar al fútbol inglés y no falló. Un poco gracias a sus cualidades y otro poco gracias al azar. Que el primer Mundial de Clubes de 32 equipos sea definido por un equipo de Inglaterra es un guiño a la historia y también una consecuencia del presente.