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Cien historias rumbo a Qatar 2022: Luka Modric, la guerra y el llanto

Getty Images

No lloró. Al menos no lo hizo ante la mirada del mundo. El agua que recorría su rostro provenía del diluvio que se había largado en Moscú. A pesar de la tristeza, sus ojos no habían soltado ni una lágrima. Luka Modrić, capitán y figura indiscutible de la Selección de Croacia recibió casi sin inmutarse el premio al mejor jugador del Mundial 2018 luego de perder la final 4-2 ante Francia. Después, encabezó la fila de su equipo para que le colgaran la medalla plateada en el cuello. El sueño de ser campeón del mundo se le había escapado por muy poco.

El golpe de perder el partido más importante de su carrera había sido fuerte. Pero ni cerca de ser comparable con los golpes que le había dado la vida. En Mi partido, su autobiografía, Modrić detalla todo lo que lo afectó la guerra de los Balcanes. En diciembre de 1991 asesinaron a su abuelo con el que compartía nombre. A los 66 años, en la puerta de su casa, moría acribillado por los disparos de una metralleta. Luka tenía apenas 6 años y su padre lo invitó a que se despidiera del cuerpo frente al ataúd. El pequeño, abrazado por su papá y sin comprender bien lo que pasaba, tampoco lloró. Sí había llorado cada día que había ido al jardín de infantes hasta que sus progenitores decidieron que mientras ellos trabajaban, el niño pasaría sus días en casa de los abuelos. Allí, Luka y Luka se unieron en un vínculo de amor eterno.

La guerra no solo le asestó a Modrić lo que representaba sufrir la muerte de un familiar. También le hizo saber lo que era el exilio. Luka, junto con su hermana, su madre y su padre dejaron Zaton Obrovacki, su pueblo natal, para ir primero a Makarska por pocos meses a la casa de su tío paterno y luego a Zadar en abril de 1992.

A punto de cumplir 10 años, Luka pudo expresar sus sentimientos en un trabajo escolar en el que la maestra les pidió a los alumnos que escribieran sobre algo que los hubiera marcado. "Aunque aún soy pequeño, he pasado mucho miedo en mi vida. El miedo a la guerra y a los bombardeos es algo que estoy superando poco a poco. El suceso y la sensación de pavor que nunca olvidaré ocurrió hace cuatro años, cuando los chetniks mataron a mi abuelo. Yo lo quería mucho. Todos lloraban, y yo no podía entender que mi querido abuelo ya no iba a volver. Me preguntaba si a los que hicieron esto, y a quienes nos hicieron huir de nuestra casa, se les puede siquiera llamar personas", escribió Luka en aquel momento y recuperó luego el texto en su autobiografía.

En Zadar, Modrić empezó a destacarse por su manera de dominar la pelota de fútbol, al mismo tiempo que forjó aún más su carácter. Luka jugaba con otros chicos de su edad mientras las bombas caían a menos de 100 metros de la cancha del hotel en el que vivía. Se había acostumbrado, tristemente, a que los partidos se interrumpieran por las sireneas que indicaban que debían ir al refugio para resguardarse de un nuevo bombardeo. En ese contexto, Modrić desparramaba talento y construía su personalidad. Lo fichó NK Zadar y lo tuvo hasta los 16 años. De allí a Dínamo Zagreb (fue cedido dos veces hasta debutar en el equipo más grande de Croacia), luego a Tottenham y finalmente a Real Madrid, donde llegó en 2012.

En todos los clubes donde jugó, Modrić se hizo dueño del mediocampo y de la pelota. Su capacidad para controlar el ritmo de los partidos, la precisión en los pases y los remates desde afuera del área son sus mejores virtudes. ¿Colabora para conseguir títulos? Con Real Madrid ganó 5 veces la UEFA Champions League, 4 el Mundial de Clubes, 3 la Supercopa de Europa, 3 la Liga de España, 4 la Supercopa de ese país y 1 la Copa del Rey. Nada mal.

Modrić debutó en la Selección de Croacia el 1° de marzo de 2006 en el partido que Lionel Messi convirtió su primer gol con la Selección Argentina. Luka se ganó rápidamente un lugar en el equipo y fue convocado para jugar el Mundial de Alemania, en el que disputó 2 partidos. Cuatro Eurocopas y 2 Copas del Mundo después, el capitán se convirtió en el jugador con más presencias en la historia de su seleccionado.

"Allí estaba yo, en el podio, con el trofeo al mejor jugador del Mundial 2018 entre las manos. Cuando era pequeño y no tenía ni idea de lo difícil que era llegar a lo más alto, soñaba con ser algún día el mejor del mundo. Cuando llegó ese momento, ya con el Balón de Oro en mi poder, lo único que sentía era pena. Podría haber sido el momento más feliz de mi carrera, pero no lo fue. Acabábamos de perder la final del Mundial y, todavía con la adrenalina en el cuerpo, solo podía pensar en una cosa: se acabó". La descripción que hace Modrić en el inicio de su autobiografía es perfecta. Había quedado a un paso de la gloria. Tan cerca y tan lejos al mismo tiempo.

Qatar 2022 será la última participación mundialista de Modrić. La vara quedó muy alta en 2018. El sueño de Luka es volver a jugar una final y, esta vez, levantar la copa y llorar de alegría.