El 16 de octubre de 2004 los teléfonos móviles tenían un rol en la vida mucho menos protagónico que el actual. Facebook había sido creado apenas unos meses antes y no existían Twitter, Instagram ni Tiktok, por o que los futbolistas no llegaban al vestuario después de los partidos con la ansiedad de chequear las reacciones que habían generado con sus actuaciones. Tampoco los clubes se habían visto obligados a prepararlos para ese tema en particular. En ese mundo tan diferente del actual fue que Lionel Messi debutó oficialmente en Barcelona, con 17 años, 3 meses y 22 días de edad, en el derby por la Liga ante Espanyol.
Aunque parezca joven para muchos de los que miran sus partidos, Leo Messi lleva en él ese mundo que se fue y ya no volverá. Dentro del campo de juego es la voz de la sabiduría, no sólo por lo que hace con la pelota en sus pies, sino por una manera de entender el fútbol que viene de un tiempo con menos ansiedades.
Son muchas las cualidades que lo hacen único y la mayoría nació con él. Pero resultaría una torpeza negar todo lo que aprendió y que hizo que aquel chico que impresionó a todos desde su debut haya sido superado por este hombre que a los 39 años no para de encender asombros. Esa suma de saberes es uno de los factores que lo transforman en un futbolista único.
Messi y sus caminatas
Uno de los rasgos particulares de la forma de jugar de Messi es verlo muchas veces caminando sin apuro aparente por el campo de juego. Una situación que llamaba la atención a algunos observadores superficiales del fútbol y que hasta llegó a generar ofuscación de los que confundían esa actitud con la indolencia. Comprensible: ¿a quién se le ocurre no estar corriendo frenéticamente durante un partido hoy, aunque más no fuera para simular actividad?
“Fijate en Messi, parece que está paseando. Percibe que está solo, o cuando ve que lo vigilan, pica al espacio y se aleja, Se pasa el partido caminando, radiografiando la situación en cada instante. Es el jugador que menos corre en el partido, pero cuando le llega la pelota, tiene la radiografía completa del espacio-tiempo. Sabe dónde está todo el mundo”. El análisis lo realizó en 2016 Pep Guardiola, uno de los técnicos que más conoció como futbolista a Leo. Y qué más provecho le sacó, desde el comienzo de su ciclo en 2008 en Barcelona hasta 2013, cuando el entrenador marchó a Bayern Munich luego de haber conquistado juntos 14 títulos, entre ellos dos Champions, dos Mundiales de Clubes y tres Ligas.
El propio Leo se refirió al tema en 2024 en una entrevista con Juan Pablo Varsky: “Yo no les doy bola a las estadísticas, a las asistencias, a los goles y -perdón a los profes- a los GPS. Nunca me importó cuánto corro por partido ni a qué velocidad”, afirmó, al mismo tiempo que confesaba que, en las divisiones infantiles de Newell’s, se escondía detrás de un árbol cuando tocaba el turno de correr en los entrenamientos. “Intento -remarcó- alejarme de la marca, 'salirme' del partido para si recuperamos estar bien perfilado, solo. O tener un tiempo para poder iniciar una contra o iniciar una jugada. Generalmente estudio cómo queda parado el rival cuando está teniendo un ataque”.
Más allá de sus razones, la postura de Messi nunca dejó de llamar la atención a algunos hinchas que, sobre todo con una manera tan pasional de vivir el fútbol como en Argentina, necesitan ver a todos sus jugadores en permanente actividad. Claro que, al cabo, todos terminaban rendidos a sus pies. Una posibilidad sólo reservada para él, único entre todos los mortales que patean una pelota.
Estar en el lugar perfecto
Muchos futbolistas necesitan contar no sólo con un plan de juego preciso, sino con la información detallada de cuál será su rol dentro de un partido. Pasa sobre todo en los compromisos importantes, cuando la amplia mayoría, debido a la presión, trata de no apartarse ni un poco del libreto que pensó el entrenador. Con la Pulga, la realidad siempre fue otra. No sólo está al margen del guion, sino que necesita reescribirlo a su manera para que su juego sea efectivo.
Se vio claramente en la semifinal del Mundial contra Inglaterra, cuando entendió que el secreto para abrir la línea de cinco defensores que había dispuesto Thomas Tuchel estaba en ubicarse en la derecha del ataque. Desde ahí, martirizó la resistencia de los británicos, que pese a todo su despliegue atlético no pudieron impedir que Messi a los 39 años fuera fundamental para que Argentina diera vuelta el partido y se metiera en la final.
Antes de aquel encuentro inolvidable, el exfutbolista y hoy comentarista Jamie Carragher advirtió: "Messi lleva 20 años haciendo esto y nadie encontró la respuesta para detenerlo". Incluso a sabiendas de eso, después Leo redondeó una de sus mejores actuaciones en Mundiales. Porque, además de ser el más grande, aunque todos sepan cómo juega todavía no apareció el método para contenerlo.
Messi y el gen argentino
Es probable que Leo haya sido la persona en la historia con más condiciones innatas para jugar al fútbol. Pero creer que su talento sólo tiene que ver con eso es ignorar el enorme trabajo que lleva la construcción de un futbolista casi perfecto. Empezando por el tratamiento que ya cuando era un chico tuvo que realizar para compensar su déficit de hormona de crecimiento. A su habilidad en velocidad y su pegada mágica, Messi le sumó una comprensión del juego reservada sólo para un elegido como él. Pero hubo, claro, algo más.
Messi tiene, como tuvo Diego Maradona, un gen competitivo que es marca diferencial de los jugadores argentinos en el mundo. Es, en buena medida, lo que van a buscar los equipos de todo el mundo cuando los quieren incorporar. Entre todas esas voluntades inquebrantables, Messi es quien más lejos va en su deseo de ganar, con el efecto contagio que genera además en sus compañeros verlo a él en la búsqueda desesperada de un resultado.
Así, aún en el ocaso de su carrera, el 10 sigue teniendo ese sello que lo hace distinto de todos. Cuando, después del anuncio de su retiro de la Selección, el mundo se prepara para decirle adiós a su tiempo de futbolista, queda todavía la ilusión de verlo hacer cosas diferentes dentro de la cancha.
Después de todo, Messi nos acostumbró a eso.
