Cuando la selección de México se enfrentó a Estados Unidos el 17 de junio de 2002, en el marco del Mundial 2002 en Jeonju, Corea del Sur, pocos podían predecir el efecto duradero que un partido tendría sobre ambas partes.
Veinte años después, el aura y el mito que rodean este cotejo parecen haber cobrado vida propia.
Los nombres asociados con el encuentro personifican una era dorada, que ya forma parte del pasado, para ambos planteles: Cuauhtémoc Blanco, Landon Donovan, Rafa Márquez, Claudio Reyna, Jorge Campos y Brad Friedel todos leyendas en sus respectivos clubes y selecciones, y testigos de la historia. Hoy en día, es probable que un enfrentamiento entre ambas escuadras cuente con la presencia de Gio Reyna, hijo de Claudio, en el equipo estadounidense; y a Efraín Álvarez, oriundo de Los Ángeles y figura de El Tri, nacido apenas dos días después del partido.
Frases significativas como "El Quinto Partido", que representaba la ansiedad de México de llegar a ese quinto partido mundialista que le es tan esquivo, y "Dos a Cero" están profundamente vinculadas con lo sucedido en Jeonju.
La victoria estadounidense sobre el combinado de México por marcador 2-0 (el resultado "Dos a Cero" más significativo hasta ahora a favor de los estadounidenses) surtió un efecto dominó que cambió el equilibrio de la rivalidad. E igual de importante, esta victoria reforzó la confianza de Estados Unidos con miras a los próximos encuentros contra la selección de México y le hizo ganarse el respeto de sus rivales, luego de ser considerados por largo tiempo los menos favorecidos de la serie.
Brian McBride abrió temprano el marcador para dar ventaja 1-0 a Estados Unidos en el primer tiempo, y Donovan cabeceó en el minuto 65 para sellar el resultado a favor de los estadounidenses.
"Nos hizo creer", afirmó Donovan.
Si bien el Estadio Azteca de Ciudad de México siguió siendo una plaza intimidante para los estadounidenses en años venideros, el triunfo en el Mundial 2002 hizo que estos se sintieran, según lo expresa Donovan, "capaces de ganarles en cualquier parte".
En sus 25 partidos jugados desde 2002, Estados Unidos suma 11 triunfos contra ocho de México, cambiando el equilibrio de lo que era una rivalidad a favor de un solo lado. Adicionalmente, Estados Unidos tiene seis victorias contra México por marcador 2-0 desde su hazaña en el Mundial de Corea-Japón, y ambas selecciones han ganado tres encuentros definitorios de títulos entre ambas a nivel regional: México suma tres victorias en la Copa Oro, mientras que Estados Unidos tiene dos en dicho torneo y una en la CONCACAF Nations League.
De cierto modo, México ha devuelto el golpe, haciendo valer su dominio en las categorías juveniles en las últimas dos décadas, alzando dos Copas del Mundo FIFA sub-17, aparte de hacerse con medallas olímpicas de oro y bronce, en lo que es considerado como el campeonato mundial sub-23 de facto.
En años posteriores, las consecuencias del Mundial 2002 y su resultado histórico entre los dos titanes de Norteamérica también dejó al descubierto un campo de batalla nunca visto para ambas selecciones: la pelea por fichar jugadores de doble nacionalidad, elegibles para jugar con Estados Unidos y México. Previo al partido de octavos de final en Corea del Sur, poco menos de un puñado de jugadores habían vestido ambas camisetas. En los años subsiguientes, la mayoría de estos jóvenes talentos han sido perseguidos por ambos planteles en cortejos que se asemejan más a lo visto en el fútbol americano universitario que en el ámbito del fútbol internacional.
Un momento decisivo
El inicio del Siglo XXI marcó la llegada de una nueva era en la gran rivalidad de la CONCACAF. Antes de que ambas selecciones se vieran las caras en 2002, Estados Unidos había cobrado impulso de forma discreta, sumando cuatro victorias en cinco choques con El Tri en todas las competiciones.
Un año antes, Donovan tuvo asiento de primera fila en uno de esos triunfos. Fue suplente durante un partido de eliminatorias que terminó con marcador 2-0 en Columbus, Ohio: un "Dos a Cero" en toda regla. Donovan, que comparte el récord goleador histórico de la selección masculina de Estados Unidos con Clint Dempsey (57 goles), reconoció que la marea estaba cambiando a favor de los estadounidenses antes del Mundial.
"No solo les ganamos en Columbus. Fue la forma como les ganamos, fue tan dominante", recuerda Donovan, que actualmente labora como vicepresidente ejecutivo del San Diego Loyal del USL Championship. "Fue muy dominante y ciertamente, eso nunca había sucedido en la historia de la rivalidad".
Después de concluida la fase de grupos del Mundial de Corea-Japón, Donovan y sus compañeros se sentían "extasiados" con respecto al partido contra México en octavos de final; sin duda, intrigados por la oportunidad de enfrentar a su eterno rival en una plaza neutral, desprovisto de las ventajas de jugar frente al público local en casa.
"Se veían como un equipo contra otro equipo", dijo Donovan. "Porque ellos no podían quejarse de Columbus, el frío y la nieve. No podíamos quejarnos de la altitud y el smog. Era como, muy bien, ¿cuál es el mejor equipo?"
Donovan, que fue galardonado como Mejor Jugador Joven del torneo, se sentía altamente motivado. Consciente de lo que estaba en juego, el prometedor talento estaba dispuesto a dar un fuerte golpe de autoridad.
"Ciertamente tenía la idea, a pesar de que tenía 20 años, que era posible no volver a jugar contra ellos en un Mundial", recuerda Donovan. "Aquí hay un contexto histórico en el que, si esta era la única vez que jugábamos contra ellos… queríamos asegurarnos de que siempre tuviéramos esa victoria".
Luego del gol de McBride, el DT de la selección estadounidense Bruce Arena y su plantilla lograron resistir la presión de los mexicanos hasta que Donovan asegurar el triunfo.
La selección de Estados Unidos, subestimada por el mundo del fútbol y que no fue tomada en serio por México durante varias décadas, consiguió una forma de alterar la narrativa de la rivalidad para siempre.
"Consolidó en la mente del hincha mexicano la idea de que esta rivalidad ahora era algo real", afirma Donovan. "No importa lo que ocurra en eliminatorias, amistosas, ellos nunca, nunca, nunca podrán quitarnos eso. Inmediatamente, eso nos dio mayor credibilidad y creo que hizo que la rivalidad fuera muy real por primera vez".
El ex defensa Greg Garza, que jugó en la Liga MX y MLS y tiene doble ciudadanía estadounidense y mexicana, militó con la selección de Estados Unidos entre 2014 y 2017, sumando 10 apariciones con el plantel absoluto. Garza tenía 10 años cuando los rivales de la CONCACAF se vieron las caras en 2002. Al crecer en Estados Unidos como seguidor de los Pumas de la Liga MX, confiesa haber sido fuertemente influido por el circuito del otro lado de la frontera.
El triunfo de los estadounidenses, según afirma, le ayudó a entender el significado de representar al país cuyos colores llegó eventualmente a defender.
"Uno piensa en lo grande que era el fútbol mexicano en aquel entonces, y lo sigue siendo; y la cantidad de presión que se ejerce sobre esa selección es enorme", afirma Garza. "Ese país vive y respira fútbol. Fue el momento decisivo de esa rivalidad, sin duda. Cada vez que pisas la cancha para jugar un partido entre Estados Unidos y México, sabes que será una batalla total, una guerra absoluta. Y esa es la belleza de la rivalidad. La pasión y el patriotismo".
Se ganaron el respeto
El ex zaguero de El Tri y actual comentarista de ESPN Paco de Anda, que jugó contra Estados Unidos en Corea-Japón, recuerda un partido complicado para su selección ese día, sin pensar jamás en las implicaciones que tendría la derrota de México.
Fue más difícil de lo que esperamos y no lo dimensionamos", confesó. "Me parece que nos rebasó el exceso de confianza y bueno, la realidad es que fue mucho más difícil de lo que esperamos, es lo primero que me viene a la mente".
Después de su sorpresivo triunfo, Estados Unidos suma cuatro victorias, dos empates y una derrota contra México antes del Juego de Estrellas de la MLS en 2008, donde el ex volante de la selección de Estados Unidos Pablo Mastroeni terminó vistiendo la misma camiseta que el símbolo del fútbol mexicano Cuauhtémoc Blanco. Los rivales mundialistas de hace seis años fueron brevemente compañeros de equipo en la victoria 3-2 de las Estrellas de la MLS sobre el West Ham.
Mastroeni, que actualmente labora como técnico del Real Salt Lake, se dio cuenta del "respeto mutuo entendido" cuando compartió con Blanco.
¿Había cierta conexión con el triunfo de los estadounidenses en el Mundial?
"Absolutamente", afirma Mastroeni. "El respeto emanado de aquel partido y los juegos anteriores se impuso, definitivamente".
Tal como lo califica Mastroeni, hubo un "impacto sicológico" que se remonta a aquella hazaña de 2002.
"En ese momento, El Tri perdió su dominio y dejaron de ser los Reyes de la CONCACAF, [mientras que nosotros] empezamos a mostrar legítima fortaleza y capacidad, no sólo para competir con ellos, sino también para superarlos", indicó.
