La renovación de la Selección Argentina. necesita jugadores capaces de asumir responsabilidades, pero también perfiles que amplíen las soluciones de un equipo que construyó su éxito alrededor de una identidad reconocible y colectiva, con un genio recientemente retirado como Lionel Messi.
Gianluca Prestianni puede aportar una de esas herramientas para el nuevo ciclo: el desequilibrio individual, la posibilidad de resolver una jugada cuando el funcionamiento colectivo encuentra dificultades para abrir espacios contra bloques bajos casi impenetrables.
El extremo izquierdo de Benfica dejó una señal en el amistoso ante Burkina Faso. En la goleada 7-0 en el Monumental, Prestianni marcó el tercer gol argentino y asistió a Julián Álvarez para el quinto.
Fue una actuación que le permitió sumar argumentos en una etapa en la que el cuerpo técnico empieza a observar qué futbolistas pueden ganar protagonismo en la nueva era de la Scaloneta post-Mundial 2026.
Por supuesto, una buena noche no define una carrera. Mucho menos, un lugar en la Selección. Pero sí permite detenerse en las características de un jugador que, por edad y estilo, puede convertirse en una alternativa interesante para el futuro de la celeste y blanca.
Prestianni, un pibe capaz de romper el molde
Prestianni tiene un perfil reconocible: es un atacante de baja estatura, diestro, ágil y con facilidad para encarar en velocidad, con la pelota “pegada al pie”.
Su capacidad para resolver situaciones de uno contra uno le permite atacar al marcador, cambiar de dirección y generar ventajas a partir de movimientos cortos. Es un recurso especialmente útil frente a rivales que se defienden con muchos hombres cerca de su área y reducen los espacios para combinar o sumar pases.
Además, en su arsenal posee un disparo muy potente o extremadamente preciso y angulado –con el pie abierto, cerca del poste izquierdo del arquero–, según lo requiera la situación.
Cuando los adversarios se repliegan atrás con casi los 11 jugadores, la Selección suele necesitar que alguien altere el equilibrio de la defensa. Una gambeta puede obligar a un segundo adversario a abandonar su posición, abrir una línea de pase o generar una superioridad numérica.
El valor del desequilibrio, por lo tanto, no termina en el jugador que supera a su marcador: también está en los espacios que libera para sus compañeros.
Prestianni puede ofrecer esa clase de amenaza.
Su desafío, a medida que madure futbolística y personalmente, consiste en aprender a elegir cuándo conviene encarar, cuándo acelerar una combinación y cuándo conservar la pelota para que el equipo vuelva a organizarse.
La gambeta y la imprevisibilidad son los puntos de partida. La lectura de cada situación determinará cuánto puede aportar al funcionamiento colectivo.
Un atacante para distintas soluciones
Su versatilidad también amplía las posibilidades. La posición, sin embargo, no es un detalle menor. Para aprovechar su capacidad de desequilibrio, Argentina deberá encontrar la manera de darle situaciones favorables de recepción y evitar que quede aislado contra dos defensores.
La ubicación del extremo izquierdo, la ocupación del área y los movimientos de los interiores pueden determinar si Prestianni recibe con espacio para acelerar –con el arco de frente– o si debe resolver de espaldas y bajo presión.
En Benfica tiene un contexto competitivo para continuar desarrollando esas herramientas tanto en la liga de Portugal como en la UEFA Europa League.
De hecho, en el inicio de la nueva temporada ya demostró su enorme potencial. Lleva 5 goles y 3 asistencias en 7 partidos del torneo portugués, sumados a los 3 tantos en la etapa de clasificación hacia la UEFA Europa League.
El sueño de ser factor clave en la nueva versión de Argentina
Prestianni tiene características propias y todavía debe construir su carrera en la Selección Mayor, aunque ya tuvo una interesante etapa de “fogueo” con la Sub 17, dirigida por Pablo Aimar, y la Sub 20, conducida por Diego Placente.
En el horizonte, para afrontar el nuevo ciclo post Mundial 2026, la celeste y blanca dispone de atacantes y mediapuntas jóvenes con características diferentes. Nicolás Paz puede ofrecer asociación, pase entre líneas, el toque de elegancia y distinción y, también, definiciones “fuera de serie”. Franco Mastantuono, por su parte, posee creatividad y talento. Julián Álvarez, más maduro, con 26 años, aporta movilidad, presión y capacidad para atacar los espacios.
Prestianni podría sumar una amenaza más directa en el uno contra uno en velocidad, especialmente cuando el rival obliga a resolver cerca de las bandas.
Esa variedad de recursos puede resultar importante para Scaloni, más aun cuando el fútbol moderno también pone sus focos en los jugadores que pueden ingresar en la segunda mitad y, en pocos minutos, cambiar el curso de un juego.
Un equipo que mantiene su estructura colectiva y, al mismo tiempo, dispone de futbolistas capaces de resolver situaciones muy disímiles, siempre tiene más instrumentos para adaptarse a los partidos. La nueva Selección puede encontrar algo de su ADN allí: en esa caja de herramientas.
Del potencial a la regularidad: Prestianni está en busca de la madurez
Prestianni, de apenas 20 años, tiene tiempo para crecer, aunque la proyección por sí sola no garantiza un lugar en el equipo de Scaloni a corto plazo. Por lo tanto, necesita sostener su rendimiento en Benfica y demostrar qué puede sacar de la galera cuando no encuentra espacios para encarar.
La continuidad, la disciplina táctica y la capacidad para participar en distintas fases del juego serán tan importantes como sus acciones más vistosas.
Después de la reciente fecha FIFA, en la que se ganó sus primeros aplausos con la camiseta de Argentina, el siguiente paso será sostener ese nivel ante rivales y contextos de mayor exigencia.
Por supuesto, la Selección no necesita que Prestianni cargue con una responsabilidad que todavía no le corresponde. Necesita que desarrolle sus virtudes y encuentre la forma de ponerlas al servicio del equipo.
Su capacidad para ganar duelos individuales mientras se abre camino hacia el arco puede ser una herramienta valiosa para una celeste y blanca que empieza a construir su próxima etapa. Mientras tanto, Prestianni sueña con afinar su juego para transformarse en un intérprete preciso de la armonía musical que Scaloni decida para su orquesta.
